Tras once jornadas, el Cádiz inicia el segundo cuarto de competición con su tercer entrenador en apenas dos meses. Borja Jiménez debutó con una victoria balsámica que saca al equipo de los puestos de descenso.

Entrenador nuevo, victoria segura

El tópico futbolero asegura que «a entrenador nuevo, victoria segura». Llevado al absurdo, todos los clubes se verían obligados a cambiar de técnico cada semana para ganar siempre. Sin embargo, la frase tiene su lógica. Cuando llega un entrenador para frenar una mala dinámica, suele ser porque se busca un efecto psicológico inmediato que invierta esa inercia negativa.

Con la pizarra limpia, el contador vuelve a cero. Quienes se sentían exiliados en el fondo del banquillo encuentran una motivación que puede revitalizarlos. Otros, acostumbrados a sentirse intocables con el anterior cuerpo técnico, entienden que ese estatus ya no está garantizado. Cuidar el aspecto psicológico resulta imprescindible para facilitar la transición y abrir una nueva etapa.

Todo ese reinicio mental durante la semana persigue un objetivo crucial: ganar el primer partido. Para un técnico recién llegado, cerrar sus primeros días con tres puntos ayuda a ganarse la confianza del vestuario. Y después de vencer al Ceuta, Borja Jiménez ya la tiene.

Las primeras decisiones de Borja Jiménez

Extraer conclusiones definitivas sobre los primeros días de un cuerpo técnico sería poco menos que imprudente. Más aún cuando el nuevo equipo de trabajo llegó de Catar el jueves, después de disputar su último partido con Al-Ahli. Apenas dispuso de dos entrenamientos para preparar el primer encuentro contra el Ceuta. De hecho, el propio Borja reconoció haberse beneficiado del trabajo del anterior cuerpo técnico tras el partido. Porque ningún entrenador puede imponer desde el primer día cambios drásticos que saturen a los futbolistas.

La primera lectura pasa por observar qué jugadores entran en el once, con qué sistema y bajo qué idea de juego. Borja introdujo un cambio de dibujo y cuatro modificaciones respecto a la última alineación de Albert Celades.

Contra el Ceuta, el 4-2-3-1 de las jornadas anteriores dejó paso a un 4-4-2 con dos puntas. Su intención era disponer de dos referencias para el juego directo si el equipo se encontraba incómodo con el balón. Lo que ha quedado claro es que el técnico abulense no parece atado a un único esquema y puede modificarlo, incluso durante el encuentro, como hizo ante el Ceuta.

En el centro del campo, el gallego Damián Rodríguez fue titular por primera vez desde el 12 de septiembre. En defensa, la baja de Javi Castro abrió la puerta al regreso del serbio Bojan Kovacevic. Sin embargo, las dos decisiones más significativas llegaron en las áreas.

La pareja de delanteros dejó una de las primeras grandes apuestas de Borja: recuperar la mejor versión de Urko Izeta, esa que brilló en el Mirandés y que aún no había aparecido en la bahía. El vasco había sido suplente en las cinco jornadas anteriores sumando únicamente 68 minutos. Su segunda parte fue realmente buena. Con otro delantero a su lado, capaz de potenciar sus virtudes, el Cádiz ganó una mayor presencia en el área.

La otra decisión importante llegó bajo palos, con la entrada de Jokin Ezkieta. El exguardameta del Racing había comenzado la temporada recuperando las buenas sensaciones que dejó años atrás en El Sardinero, pero Celades optó seis partidos después por el capitán David Gil. No fue necesariamente una respuesta a la inseguridad del navarro, sino una apuesta por revertir la dinámica tan negativa del equipo.

Un Cádiz con dos caras

La primera victoria puede teñirlo todo de optimismo, pero el encuentro de los gaditanos estuvo lejos de ser perfecto. La primera parte del Cádiz fue nefasta. El Ceuta llegó al descanso por delante en el marcador y con el 72% de la posesión. Borja Jiménez reaccionó con cambios, tanto de nombres como de estructura para intentar modificar el rumbo.

En lo individual, retiró a Vladys para dar entrada al exsevillista Álvaro García Pascual. También modificó el dibujo y situó una línea de cinco defensas, con toda la banda izquierda para Antoñito Cordero, el máximo goleador del equipo.

Impreciso y nervioso durante el primer tiempo, el Cádiz regresó del descanso mucho más enchufado. Defendió hacia delante y alejó al Ceuta de la portería de Ezkieta, transmitiendo sensaciones muy distintas a su afición. Después de los pitos de la primera mitad, la grada volvió a conectar con el equipo. Más aún tras el gol de Ibon Sánchez (seis minutos después del descanso), que hizo respirar a la parroquia del JP Financial.

La remontada se completó después con los tantos de Antoñito y Borja Vázquez. El resultado permite afrontar con más tranquilidad una semana con dos compromisos: el partido de Copa contra su eterno rival, el Xerez; y el encuentro liguero del lunes en Mallorca, que cerrará la 12ª jornada.

La primera piedra para reconstruir al Cádiz

Más allá de la victoria, ganar a un rival directo por la permanencia y salir de los puestos de descenso despeja el panorama de una forma terapéutica. Y salvo una improbable catástrofe en Chapín, el técnico abulense tendrá crédito y tiempo para trabajar y dar forma a un equipo reconocible, tal y como prometió durante su presentación como nuevo entrenador del Cádiz.

En 2024, ya consiguió el ascenso dentro de su trayectoria en el CD Leganés. De momento, ya ha puesto la primera piedra para reconstruir y levantar a este histórico y caótico Cádiz de entreguerras.