OPINIÓN

Cristiano Ronaldo se apagará quemando cosas y me parece justo que acabe así

El jugador portugués sigue cayendo en picado después de abandonar el Real Madrid en 2018.

Cristiano Ronaldo durante su último encuentro /Getty
Cristiano Ronaldo durante su último encuentro Getty

El jugador portugués sigue cayendo en picado después de abandonar el Real Madrid en 2018.

Albert Blaya

Albert Blaya

En su cabeza era espectacular. Un plan sin fisuras. Implacable. Después de robar el protagonismo a la mismísima Champions League, arrebatando la felicidad de forma momentánea para lucir una frase críptica que sabía que le pondría en el foco, Cristiano Ronaldo ya tenía en mente lo que iba a ocurrir. Se iría, forzaría una salida que le dejaría como el bueno y seguiría ganando mientras el Real Madrid se desangraba con su ausencia. Cristiano Ronaldo siempre ha creído que gana más que el resto. Pero el Real Madrid es, incluso, más grande que él.

Pedirle a alguien que siempre se ha sentido invencible que note su vulnerabilidad, la fragilidad del entorno, es no haber entendido de qué va la peli. Ir al cine ver a The Rock y esperar que se acurruque en algún sitio, llorando. Cristiano se apagará como se apagan las estrellas; explotando, quemando cosas, brillando hasta dejarnos ciegos. Y me parece justo que acabe así. Se dirá que el fútbol le debe una, que es injusto, que duele. Y es que el fútbol siempre duele una, siempre es injusto, siempre duele. Cristiano, en su obsesión por amarse a sí mismo, terminará honorando al deporte al que, desde hace unos años, mira por encima del hombro.

En esa caída constante, irreparable, Cristiano está perdiendo lo que siempre quiso hacer crecer: su marca. Ya no eran títulos ni festejos. El fútbol ya no iba de eso. Era otra cosa. Alguien que siempre ha estado solicitado y adulado ahora se encuentra apartado en un equipo que ni siquiera disputa la Champions League, que está lejos de competir la Premier. El Manchester United es en esencia un reflejo cruel de Cristiano, una mirada compasiva acerca del presente del portugués. Tómame la mano. Ven. En el Patíbulo de los Dioses son muchos los que lloran en silencio esperando ser readmitidos.

¿Y ahora qué? La pregunta que todos hacen a sus héroes en algún momento de la peli y para la que siempre hay una respuesta cargada de verdad, de valor. Una mirada firme y una frase tan vacía que tiene toda la fuerza del mundo. No nos rendiremos. En la vida real no hay bandas sonoras que acompañen las decisiones, tampoco justicia. Cristiano ha decidido hacer saltar por los aires el guion en un último intento para relanzar su carrera, una que se niega a agotar y abandonar. El problema es que ya nadie se cree al héroe.

El fútbol es tan divertido que puede que se llegue a diciembre con Cristiano con su primer Mundial bajo el brazo. No por descabellado que parezca es imposible. Portugal cuenta con grandes futbolistas y la determinación de un tiburón herido que sabe que para remediar lo acontecido no hay nada mejor que una buena dosis de grandeza. Así lo ha solucionado todo siempre. Con goles. Es tan simple la receta que resulta infalible. Goles. ¿Y ahora qué?