El vóley playa español después de Herrera: quién sostiene la arena

Herrera se retiró en París 2024 y su histórica pareja con Gavira desapareció. Gavira resiste con Huerta y el cuadro femenino se ha reordenado en 2026.

Adrián Gavira, con gorra roja y camiseta de España, aprieta el puño para celebrar un punto en la arena.
Adrián Gavira celebra un punto. Foto: Ailura, obra derivada de Leonprimer / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0 at), recortada a 16:9.

Pablo Herrera se retiró en París 2024 y con él se apagó la pareja más laureada del vóley playa español. Dos años después, el deporte busca quién sostiene la arena: Gavira resiste con un compañero nuevo y el cuadro femenino se ha reordenado a mitad de temporada.

El final de una era de 15 años

Durante 15 temporadas, Herrera y Gavira fueron sinónimo de vóley playa en España. El castellonense, plata en Atenas 2004 junto a Javier Bosma, alargó su carrera hasta convertirse en el primer jugador que disputa seis Juegos, un récord absoluto en la disciplina que ningún rival había rozado.

Su despedida olímpica llegó bajo la Torre Eiffel. Herrera y Gavira cayeron en cuartos ante los noruegos Anders Mol y Christian Sørum por 0-2, el cruce que puso fin a una sociedad nacida en 2009. Un mes más tarde, el castellonense se despidió de la competición en su Castellón natal.

El vacío fue doble. Se marchaba un icono capaz de llenar pistas y de dar al deporte un altavoz que pocos deportes minoritarios consiguen en España. Y quedaba abierta la pregunta incómoda: quién asumiría ahora el papel de referencia que Herrera había ocupado durante dos décadas.

Gavira sigue en pie, ahora con Huerta

Adrián Gavira no siguió el mismo camino. A sus 38 años, el gaditano decidió estirar su carrera un ciclo más y encontró compañero en el tinerfeño Alejandro Huerta, con quien ya había coincidido de forma puntual en 2021. La nueva sociedad arrancó en 2025 con la continuidad como bandera.

La dupla no tardó en dejar título. Gavira y Huerta se proclamaron campeones de España en 2025 en el Higuerón Resort de Fuengirola, el undécimo entorchado nacional para Gavira, que había ganado los diez anteriores siempre de la mano de Herrera. El acento del vóley playa español seguía siendo canario.

El salto de nivel llegó fuera de casa. En octubre de 2025, Gavira y Huerta ganaron el Challenge de Nuvali, en Filipinas, su primer oro internacional como pareja, tras remontar en el desempate a los hermanos ingleses Bello.

La ruptura que reordenó el cuadro femenino

En paralelo, la mejor historia reciente del vóley playa español no era masculina. Daniela Álvarez y Tania Moreno lograron en París 2024 el primer diploma olímpico femenino español de la disciplina, tras alcanzar unos cuartos de final inéditos ante más de 13.000 espectadores en la pista de la Torre Eiffel.

Esa sociedad, sin embargo, ya no existe. En mayo de 2026, Álvarez y Moreno anunciaron su separación después de nueve temporadas juntas desde el centro de tecnificación de Lorca. La pareja que había ilusionado a todo un país en París se deshizo antes de lo que nadie esperaba.

Los motivos no se detallaron del todo. Según adelantó El Comercio, la gijonesa había decidido frenar y pedir tiempo a la Federación, que tenía muchas esperanzas puestas en el dúo tras el éxito olímpico. Fue un adiós deportivo entre dos jugadoras que siguen siendo amigas, no una ruptura personal.

Moreno e Izuzquiza, el dúo que ya gana

Tania Moreno no se quedó parada. La madrileña formó pareja con Sofía Izuzquiza, subcampeona del Mundial sub-19 en 2024, y el nuevo tándem empezó a ganar enseguida. Primero conquistaron el Futures de Madrid en mayo de 2026, en una final resuelta entre dos parejas íntegramente españolas.

El golpe fuerte llegó en junio. Moreno e Izuzquiza se llevaron el Challenge de Alanya, en Turquía, con un recorrido casi impecable y una final dominada ante las estadounidenses Savannah Cory y Devon Newberry por 2-0. Era el primer oro de la pareja a ese nivel del circuito mundial.

El relevo femenino, por tanto, no se detuvo: cambió de nombres. Donde estaba Álvarez ahora está Izuzquiza, y Moreno conserva el rol de referencia que ya ejerció como capitana del equipo en París. La base española sigue produciendo parejas competitivas pese al terremoto de la primavera.

Una cantera con acento canario y madrileño

El mapa del vóley playa español tiene dos polos claros. Canarias, y en concreto Tenerife, ha sido el centro de tecnificación donde se formó Huerta y donde entrena Gavira desde 2004, mientras Madrid aporta el grueso del bloque femenino a través de jugadoras formadas entre Majadahonda y los centros de tecnificación nacionales.

Esa doble procedencia explica buena parte del recambio. Nombres como Ana Vergara, Sofía González o Belén Carro han rondado los cuadros internacionales durante 2026, señal de que hay fondo más allá de las cabezas visibles. El problema histórico del deporte no es el talento, sino su continuidad y su financiación.

Ahí es donde la sombra de Herrera pesa más. Su retirada dejó al vóley playa sin el rostro que abría telediarios y llenaba gradas, y ninguna de las parejas actuales ha alcanzado todavía ese tirón mediático. Ganar en la arena es una cosa; sostener el foco, otra distinta.

Montreal, la última parada del curso

El Beach Pro Tour 2026 encara ahora su tramo decisivo. El circuito mundial, que arrancó en marzo, cierra el curso con el Elite16 de Montreal, previsto del 19 al 23 de agosto en el parque Jean-Drapeau. Es la cita que termina de ordenar el ranking antes del parón.

La presencia española dependerá de los puntos acumulados durante todo el año. Gavira y Huerta pelean por entrar en un cuadro Elite16, mientras Moreno e Izuzquiza llegan lanzadas tras su título en Alanya. Habrá que ver, ya sin Herrera en la ecuación, hasta dónde alcanza este grupo de parejas.

La retirada de una leyenda no vació la arena española: la redistribuyó. Gavira alarga su carrera con un compañero nuevo y el vóley playa femenino confía su futuro a un dúo que apenas lleva unos meses junto, pero que ya ha demostrado en Turquía que sabe ganar.