WIMBLEDON

El color de la hierba de Wimbledon explica por qué una parte del tenis está en peligro de extinción

La edición 2023 del Grand Slam británico llega a su fin con el césped otra vez impoluto en la zona del saque. ¿Qué nos dice eso?

Imagen de la pista central durante la final femenina de Wimbledon 2002 entre Serena y Venus Williams. /GETTY
Imagen de la pista central durante la final femenina de Wimbledon 2002 entre Serena y Venus Williams. GETTY
Nacho Encabo
Michèle Novovitch
Guillermo Villar

Nacho Encabo, Michèle Novovitch y Guillermo Villar

La fotografía que está sobre estas palabras fue sacada el 6 de julio de 2002 por el fotógrafo de Getty Clive Brunskill. Era la final femenina de Wimbledon entre las hermanas Venus y Serena Williams y dice mucho de lo que era el tenis entonces y de lo que ha evolucionado en las dos últimas décadas. Tanto ha cambiado, que hay una parte del juego que se encuentra en peligro de extinción.

Vale esa fotografía de 2002, pero también cualquier otra de los años 90 o décadas anteriores. La clave para entender la evolución está en el color de la hierba. Si hay algo que distingue a Wimbledon sobre el resto de torneos de Grand Slam, lo que le hace único, es el césped. Y los trabajadores del All England Club se afanan en que esté siempre en las mejores condiciones posibles.

Neil Stubley es el jardinero jefe del club y tiene a su cargo a 14 personas durante todo el año, una plantilla que se dobla para las dos semanas de torneo. Trabajan sin descanso en las 38 pistas que hay (18 destinadas a la competición y otras 20 para entrenamientos), las riegan cada día y cortan la hierba a 8 milímetros antes del primer partido de la jornada. En total, se gastan al año nueve toneladas de semillas del tipo Perennial Ryegrass. Pero ni todos esos mimos y cuidados pueden evitar lo inevitable: que la hierba sufra, se desgaste y llegue a las jornadas de las finales con muchas calvas. Y es ahí, en esas zonas donde hay más tierra que verde, donde encontramos la clave de la evolución del tenis.

Por qué el césped de Wimbledon te va a ayudar a entender el tenis. Michèle Novovitch

En cualquier imagen de las finales de los 2000 para atrás se observa cómo el césped está muy desgastado tanto en la zona de fondo como en la de la volea. Eso se debía a que la principal estrategia de los tenistas era el saque y volea. En 1997 se empezaron a contabilizar las estadísticas del saque y volea y la evolución es tremenda: en la edición de Wimbledon 1997 los jugadores realizaron el saque y volea en el 66% de sus primeros servicios, mientras que en 2017 la cifra se redujo al 10%. ¿Por qué?

PUNTOS DE SAQUE Y VOLEA JUGADOS

Las raquetas de madera

"Para los que ven el tenis ahora igual les resulta raro ver a alguien sacar y subir", admite Feliciano López, uno de los jugadores que ha mantenido esa tradición. "Es una estrategia que nace porque antiguamente se jugaba con raquetas de madera, que eran pesadísimas y era imposible acabar el punto desde el fondo de la pista. Subir a la red era la única manera de hacer un winner".

Efectivamente, cuesta encontrar vídeos de la época de Rod Laver y Manolo Santana en los que los jugadores no suban a la red a acabar los puntos. Por aquel entonces, el césped de Wimbledon de la zona de la volea llegaba a duras penas a la final. En los últimos años los cuadros de saque están impolutos el último día de torneo y es la zona del fondo la que es más arena que hierba. Miren si no esta imagen del Alcaraz-Medvedev del viernes.

Imagen del césped durante el Alcaraz-Medvedev del viernes.  John Walton/PA Images via Getty Images
Imagen del césped durante el Alcaraz-Medvedev del viernes. John Walton/PA Images via Getty Images

Las raquetas de madera dejaron de usarse a finales de la década de los 80, durante la primera época dorada del tenis con jugadores como John McEnroe, Ivan Lendl o Jimmy Connors y en la que empezaron a despuntar Boris Becker y Stefan Edberg. Ya en los 90, con la revolución de las raquetas de fibra de carbono, de grafito y demás materiales, llegaron los Pete Sampras, Andre Agassi y compañía. Y a principios de los 2000 se escribieron los últimos versos del saque-volea como estrategia común.

Desde entonces, en el circuito se ha impuesto el juego desde el fondo de la pista. Con la evolución de los materiales y la preparación física, los tenistas de hoy en día siguen un patrón común: son altos, golpean fuerte desde ambos lados, sacan durísimo y restan muy atrás. A todo eso hay que añadir que hasta mediados de los 70 todos los Grand Slam salvo Roland Garros se disputaban sobre césped, la superficie más rápida y sobre la que es más fácil desplegar el saque y volea. Actualmente las pistas son las más lentas de siempre, lo que facilita el juego desde el fondo.

PUNTOS DE SAQUE Y VOLEA GANADOS

A pesar de todo ello, el saque y volea sigue siendo una estrategia tremendamente eficaz las pocas veces que se utiliza. Tal y como se ve en este gráfico, su nivel de eficacia se ha mantenido en torno al 70%. "Al final, como se ha dejado de hacer durante muchos años, los jugadores ya no están acostumbrados a enfrentarse a rivales que hagan eso", comenta Feliciano López, que recuerda con una mirada especial su enfrentamiento con Roger Federer en los octavos de final de Wimbledon 2003.

"Federer me hacía el saque y volea prácticamente en el 100% de los puntos con primer saque y con el segundo saque te diría que un 50%. A partir del 2004 o 2005, Federer apenas ha subido a la red, salvo cuando va por delante en el marcador claramente. Es la prueba de que todo ha ido hacia un camino y de que se ha creado un estereotipo de jugador que a mí personalmente no me enamora".