TENIS

La tendinitis rebelde que ha llevado al límite a Pablo Carreño: "Hubo momentos en los que se replanteó todo"

Pablo Carreño ha reaparecido tras ocho meses parado por una lesión en el codo. Su médico y su entrenador explican en Relevo su recuperación.

Pablo Carreño golpea un revés durante el último Open de Australia. /MANAN VATSYAYANA / AFP
Pablo Carreño golpea un revés durante el último Open de Australia. MANAN VATSYAYANA / AFP
Nacho Encabo

Nacho Encabo desde París

Cada vez hay más voces en el mundo del tenis quejándose de los continuos cambios de pelota a lo largo de la temporada. Algunos hablan incluso de una "epidemia" de lesiones de muñeca, codo y hombro provocada por las bolas.

El brazo es el principal arma de los tenistas, la parte del cuerpo que más importa, pero también la que más sufre. Son cientos de impactos al día, miles en una semana, millones a lo largo de una temporada. La mayoría, a más de 100 kilómetros por hora. Normal que a veces el brazo diga basta. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Pablo Carreño hace unos meses: el tendón del codo, que venía dándole más de un quebradero de cabeza, se rompió. Y empezó un calvario que hoy, 231 días después de su último partido, ha llegado a su fin en Villena.

El medallista de bronce de los Juegos de Tokio, uno de los mejores tenistas españoles de la última década, ha reaparecido este lunes en el Alicante Ferrero Challenger con una derrota por 6-4 y 7-5 frente a su compatriota Pedro Martínez. El resultado esta vez importaba poco: era su primer partido en ocho meses. Aunque en realidad, el calvario empezó un tiempo antes.

"Pablo ya notó algo en el codo durante la Copa Davis (en noviembre de 2022) y después en Australia sufrió una lesión en el húmero", explica a Relevo Ángel Ruiz-Cotorro, el doctor por excelencia de los tenistas españoles. "Todo se complicó después, cuando la lesión del húmero remitió y apareció de nuevo la del tendón. La tendinitis se puso rebelde".

Las molestias no desaparecen

Carreño, de 32 años, puso fin al curso pasado ocupando el puesto 13 del ranking mundial y, tras unos días de descanso y vacaciones, empezó a preparar la temporada 2023. Viajó a Australia, pero las cosas no salieron como esperaba: perdió en su debut en Adelaida y cayó en la segunda ronda de Australia en un partido maratoniano. A su regreso a Europa, sucumbió en la primera ronda de Rotterdam el 13 de febrero. Desde entonces, no ha vuelto a competir.

"Está siendo un inicio de año complicado, las molestias en el codo no me dejan tener la continuidad que necesito. Ojalá pronto pueda volver a estar al 100% y seguir disfrutando en la pista", escribió Carreño en Instagram el 17 de febrero.

Tras perder en Rotterdam, aprovechando que estaba por Europa, viajó a Suiza para visitar a una eminencia en problemas de codo, Frank Denzler, y aparcó la raqueta dos semanas, según informó en aquel momento El Comercio. Después, viajó a Indian Wells con el objetivo de competir, pero el día antes de saltar a la pista, llegó un mazazo: se rompió el tendón del codo derecho. Regresó a España hundido.

Un tratamiento de células madre

El diagnóstico era complicado. La rotura era de cinco centímetros. Carreño intentó por todos medios jugar Barcelona y el Mutua Madrid Open, pero su codo decía otra cosa. Cada vez que forzaba, el tendón se le inflamaba. Hasta que llegó un momento en el que decidió parar por completo. "Fue el momento más complicado, recuerdo bien esa conversación en Madrid, cuando tomamos la decisión de dar un paso adelante y empezar el tratamiento con células madre", cuenta Cotorro.

Samuel López, su entrenador de siempre, lo confirma. "Lo más duro fue cuando lo intentaba y lo intentaba y no podía del dolor. Por un momento pensamos que era posible volver en Madrid o Roland Garros, pero la realidad era otra", recuerda el técnico en una conversación con Relevo. "Hubo momentos en los que se replanteaba todo. Que si tenía ya una edad, que si el dolor no iba a desaparecer, que si no iba a ser capaz de volver..."

Carreño estuvo 11 semanas sin sostener una raqueta. Desde finales de abril hasta principios de julio, el gijonés no pisó una pista de tenis y se sometió a un tratamiento regenerativo de células madre. "Pablo estaba tocado, pero aceptó las soluciones. Ha sido todo un proceso lento y progresivo, porque el tendón no soporta cambios bruscos", indica Cotorro.

«Pablo sabe lo que es esto, es un tío duro»

"El problema no es que no pueda soportar el dolor, el problema es que no puedo apretar la raqueta y acelerar la bola", decía el propio Carreño en una entrevista con Marca en agosto, cuando se confirmó que tampoco iba a poder jugar el US Open. "Con un poquito de filosofía, intento llevarlo de la mejor manera. Me apoyo en mi equipo, en la familia, hago otras cosas, aunque yo lo que quiero es jugar al tenis y no poder hacerlo es lo más complicado".

Aunque ha superado ya los momentos más difíciles, Carreño tiene ahora un reto por delante que no es tarea sencilla: volver a coger ritmo de competición y olvidar la lesión, que no reaparezca. Su inactividad le han hecho caer al puesto 193 del ranking mundial y deberá escoger bien cómo utilizar el ranking protegido. Pero esa será otra pelea. El calvario, por fin, ha terminado.

"Esto supone un paso más en su regreso. Ahora la competición nos dirá dónde estamos y lo que nos queda para volver. Pero Pablo ya sabe lo que es esto", dice Samu López, que ha ejercido más de psicólogo que de entrenador en los últimos meses. "Él ya se operó de una hernia discal con 19 años cuando estaba llamando a las puertas de top 100 y se recuperó. Es un tío duro".