El VAR explicado de forma clara. Protocolo IFAB, situaciones revisables, error claro y obvio, papel del árbitro principal y novedades para 2025/26.

El VAR llegó al fútbol en 2018 y no ha dejado de cambiar. Repasamos qué dice el protocolo IFAB, cuándo interviene el árbitro de vídeo y qué se modifica a partir del Mundial 2026.
El VAR nació para corregir el error claro y obvio, no para reescribir el juicio del árbitro. Esa frase, citada por la propia IFAB, resume el espíritu original del protocolo: la tecnología asiste, no sustituye.
El órgano que escribe las reglas del fútbol es la International Football Association Board, conocida como IFAB. Tiene cuatro votos de las federaciones británicas y cuatro de la FIFA. Cualquier cambio en el reglamento pasa por su asamblea anual, y el VAR no fue una excepción.
La asistencia por vídeo entró en las Laws of the Game en marzo de 2018, tras dos años de pruebas controladas en Bundesliga, Serie A y MLS. Rusia 2018 fue el primer Mundial con VAR y desde entonces la tecnología se ha extendido a casi todas las grandes competiciones.
El equipo VAR trabaja desde una sala llamada Video Operations Room, conectada al estadio en tiempo real. Lo forman un árbitro VAR principal, un asistente AVAR y un operador de repeticiones. Revisan cada jugada en segundo plano, sin que el árbitro de campo lo note.
Cuando el VAR detecta una posible situación revisable, avisa por pinganillo. El árbitro principal puede entonces optar por dos caminos: confiar en lo que el VAR le dice y cambiar la decisión, o ir a ver la jugada al monitor en banda. Esa segunda opción se llama on-field review.
Una revisión completa con visita al monitor consume entre 60 y 120 segundos. Un check resuelto solo desde cabina suele quedar en 30 o 45 segundos. El tiempo añadido moderno se explica por esa brecha, multiplicada partido a partido.
El árbitro principal mantiene siempre la última palabra. El VAR recomienda; el de campo decide. Esa jerarquía está escrita con todas las letras en el protocolo y conviene recordarla cuando alguien dice que «el VAR anuló el gol». Quien anula es el árbitro, asistido por la información del vídeo.
El protocolo IFAB es taxativo en este punto. Solo cuatro tipos de jugada admiten revisión y todas comparten un rasgo: cambian el marcador o expulsan a un jugador.
La segunda amarilla quedó deliberadamente fuera del listado original. El protocolo entendió que una segunda amonestación es un juicio acumulado, no un error puntual y, por tanto, no debía someterse al estándar binario del claro y obvio.
Esa exclusión generó debate durante años. El Mundial 2026 la ha eliminado parcialmente, con algunos matices que tocaremos al final.
La frase parece simple. En la práctica es el corazón del problema. Solo se modifica la decisión original si hay un error claro y obvio, lo que en castellano de la prensa deportiva se traduce como un error que cualquier espectador reconocería en una sola repetición.
El estándar no es «la decisión más justa». Es «la decisión menos errónea». Si el árbitro pitó penalti y la imagen es ambigua, el protocolo obliga a mantener la decisión de campo. Solo si las imágenes demuestran sin margen lo contrario, se cambia.
Ese listón tan alto explica buena parte de las polémicas. Lo que para el aficionado parece «evidente» desde el sofá rara vez lo es bajo los criterios del clear and obvious. El VAR no está para señalar la mejor decisión, está para borrar el error escandaloso.
El matiz se ve mejor en los fueras de juego milimétricos. Antes del semiautomático, una línea trazada a mano podía mover el límite por píxeles. El gol valía o no valía por una uña, lo que muchos sintieron como una traición al espíritu del denominado clear and obvious.
El fuera de juego semiautomático, conocido como SAOT, debutó en el Mundial de Catar 2022. Combinaba 12 cámaras dedicadas y un sensor en el balón Al Rihla. El gol anulado a Lautaro Martínez frente a Arabia Saudí fue el primer caso emblemático: un brazo adelantado por centímetros, marcado en segundos y con polémica a la hora de trazar las líneas.
La Premier League tardó casi tres años en sumarse. El sistema debutó en el campeonato inglés el 12 de abril de 2025 tras varios testeos y un periodo de prueba en la FA Cup. Hasta 30 cámaras instaladas por estadio, varias grabando a cien fotogramas por segundo, garantizan la reconstrucción tridimensional del momento del pase.
La promesa cuantitativa del SAOT es concreta: reducir en torno a 30 segundos la decisión media en fueras de juego ajustados. El recorte es real pero no resolvió las polémicas. El sistema sigue dependiendo del operador humano que valida la imagen final.
El caso Lewandowski lo dejó claro. En LaLiga 2024/25, un gol del polaco frente a la Real Sociedad fue anulado por un fallo del sistema en el minuto 13. El sistema confundió la bota del defensor con la del delantero, lo que invirtió el trazado del fuera de juego.
Los clubes ingleses pidieron un testeo exhaustivo tras el incidente. El retraso de la adopción en Premier duró varias semanas y obligó a revisar la cadena entera del sistema antes del debut de abril.
La asamblea IFAB de marzo de 2025 introdujo dos cambios que afectan al ritmo del partido, ambos vigentes desde el 1 de julio de 2025. El primer torneo en aplicarlos fue el Mundial de Clubes 2025 en Estados Unidos.
La regla del portero con balón en manos cambia. Si lo retiene más de ocho segundos, con una cuenta atrás visual de cinco que muestra el árbitro con la mano, la sanción ya no es saque indirecto. Es saque de esquina para el rival, lo que sube mucho el coste de perder tiempo.
El segundo cambio toca directamente al VAR. Las competiciones pueden ahora habilitar anuncios públicos del árbitro tras una revisión larga. La voz del árbitro suena por megafonía y explica al estadio qué se ha decidido y por qué, una práctica que la NFL lleva décadas usando y que el fútbol había evitado.
Esa medida intenta atacar la queja más repetida: el silencio incómodo durante la revisión. El público en el estadio no veía lo que veía la televisión y, cuando llegaba el veredicto, llegaba sin contexto. El anuncio público restituye algo de transparencia al proceso.
Los datos recientes siguen alimentando la discusión. En la Premier 2024/25 se contabilizaron 28 errores de campo no corregidos, frente a los 33 de la temporada anterior. La mejora existe pero es modesta, y los clubes lo perciben así.
En LaLiga el debate fue mayor. El caso de Real Madrid – Almería de enero de 2024 y otras intervenciones forzaron al Comité Técnico de Árbitros español a anunciar una revolución del sistema. El reproche común era la falta de transparencia: revisiones largas sin explicación pública, líneas trazadas sin imagen final clara y sensación de opacidad.
Hay además un debate de fondo, más conceptual. El VAR había nacido para borrar el error grosero, pero ha terminado revisando jugadas en las que el ojo del árbitro y el del aficionado discrepan por centímetros.
Los críticos lo sintetizan así: el umbral del error claro y obvio se ha ido bajando en la práctica. El VAR se ha convertido en un segundo arbitraje, no en un corrector del fallo grosero, evidente o escandaloso.
La pregunta sigue sin respuesta unánime. ¿Más justicia con más interrupciones, o menos justicia con más fluidez? La balanza la ajusta cada temporada el propio IFAB y cada temporada será un nuevo banco de pruebas.
La FIFA confirmó en marzo de 2026 una serie de ajustes específicos para el torneo. El VAR puede revisar segundas amarillas que terminaron en roja, pero solo si la segunda amonestación se mostró indebidamente. No puede recomendar añadir una amarilla que no se vio en el campo.
Los córneres mal concedidos también entraron en la lista, aunque como revisión opcional. La revisión no puede retrasar el saque ni usarse en jugadas ambiguas; queda reservada al error grosero detectable rápido.
Otra novedad llega del propio árbitro principal. Los colegiados podrán llevar bodycams para la transmisión, sujeto a aprobación de cada competición. La cámara en el pecho da una nueva capa narrativa al espectador y, de paso, documenta cada protesta en primera persona.
El cronómetro de ocho segundos en saques de meta y de banda se mantiene del cambio de la temporada 2025/26. Si el balón no vuelve a juego dentro de ese plazo, la posesión pasa automáticamente al rival. La medida ataca la pérdida activa de tiempo sin tocar el añadido posterior.
El protocolo IFAB seguirá ajustándose temporada a temporada, porque el VAR sigue siendo un sistema vivo más que un reglamento cerrado. Lo que el organismo decida y lo que las grandes competiciones como el Mundial pongan de manifiesto o revelen como fallos sistemáticos marcará la dirección del fútbol arbitrado de los próximos años.