La regla del penalti para porteros endurecida: dónde pueden pisar, qué se considera adelantarse y los casos icónicos que forzaron el cambio.

El penalti no se ejecuta igual que hace cuarenta años. La regla que obliga al portero a no adelantarse pasó de ser papel mojado a sancionarse al milímetro. El VAR cambió el reglamento sin tocarlo.
Durante décadas, el portero se adelantaba un metro y nadie protestaba. La regla existía, pero su aplicación era visual y aproximada. El árbitro de campo no tenía ángulo para juzgar un adelantamiento de medio paso a 20 metros de la pelota.
La situación voló por los aires en el Mundial Femenino de Francia 2019. En el Nigeria – Francia del 17 de junio en Rennes, Wendie Renard falló un penalti en el minuto 79. El VAR detectó que la portera Chiamaka Nnadozie se había adelantado. La acción se repitió y Renard, esta vez, marcó.
Lo que parecía una decisión aislada se repitió en el mismo torneo con Escocia y Argentina. Lee Alexander detuvo un penalti decisivo, el VAR revisó y ordenó repetición. Argentina marcó y eliminó a Escocia del Mundial. El reglamento llevaba un siglo escrito; faltaba quien lo aplicara.
La norma original aprobada por la IFAB en 1891, cuando William McCrum convenció al organismo de instaurar el penalti, era extraordinariamente permisiva. El portero podía adelantarse hasta seis yardas, unos 5,5 metros, sin sanción alguna.
El primer recorte llegó en 1929. El reglamento exigió que el portero permaneciera con ambos pies en la línea hasta el contacto con el balón. La intención era clara, pero el cumplimiento dependía del ojo del colegiado.
En 1997, la IFAB suavizó la norma parcialmente: el portero podía moverse lateralmente sobre la línea antes del lanzamiento. Lo que seguía prohibido era el adelantamiento frontal, ese paso hacia el lanzador que recorta el ángulo en una décima.
En la práctica, sin embargo, casi todos los porteros se adelantaban. Bruce Grobbelaar lo hizo en la final de la Copa de Europa de 1984 con sus famosas piernas de espagueti contra la Roma. El reglamento se respetaba de espíritu, no al pie de la letra.
Jerzy Dudek copió el guion en Estambul 2005 contra el Milan, y también está la variante de Ricardo en la tanda de la Eurocopa 2004 entre Portugal e Inglaterra. Adelantamiento y baile eran parte del oficio, no una infracción documentada.
El alud de repeticiones en el Mundial femenino obligó a una reacción inmediata. La IFAB aplicó primero una dispensa temporal: en tandas de penaltis, el portero no recibiría amarilla por causar repetición. Era una concesión coyuntural para no encadenar expulsiones.
La modificación de fondo llegó en la temporada siguiente. La regla original exigía que ambos pies del portero estuvieran sobre la línea. La nueva redacción pidió únicamente al menos parte de un pie tocando, en línea con o detrás de la línea de gol.
El cambio parece menor pero no lo es. Permite al portero apoyar un pie ligeramente delante de la línea siempre que el otro esté detrás o tocando. Es una válvula de escape contra las repeticiones al milímetro, aunque mantiene la regla viva para infracciones claras.
El mensaje práctico era doble. Por un lado, el portero ya no necesita estar congelado en la línea con los dos pies clavados. Por otro, el adelantamiento frontal sigue siendo sancionable y revisable por VAR en cualquier partido, ahora de forma mucho más real que antes.
El VAR llegó a LaLiga en el curso 2018/19 y a la Premier League al inicio del siguiente. En menos de doce meses, la revisión de la posición del portero pasó de excepción a rutina. Cualquier penalti con repetición o rechace al palo se revisa minuciosamente.
La tecnología cambió el ratio coste-beneficio del adelantamiento. Antes, el portero ganaba ángulo y cabía algún error arbitral favorable. Ahora cualquier salto antes del contacto deja huella en el monitor y abre la puerta a la repetición.
El caso más analizado de esta era es el del ‘Dibu’ Martínez en la final de Catar 2022. El portero argentino detuvo el penalti decisivo de Coman en la tanda. La revisión confirmó que el pie izquierdo estaba sobre la línea en el frame del contacto del atacante galo, justo en el umbral permitido.
Precisamente a raíz del baile del ‘Dibu’, el 1 de julio de 2023 entró en vigor un añadido a la Ley 14. El portero no puede comportarse de manera que distraiga injustamente al lanzador. La cláusula incluye retrasar el saque, tocar los postes, el larguero o la red.
El detonante fue doble. Por un lado, el Australia – Perú de la repesca para el Mundial 2022: Andrew Redmayne, suplente entrado en el minuto 119 solo para los penaltis, bailaba sobre la línea balanceando caderas y brazos. Australia ganó la tanda y el billete al Mundial.
Por otro, el del propio Martínez. Su gestualidad en la tanda de Catar 2022 frente a Francia mezcló provocación, demora del saque y desplazamientos sobre la línea. El reglamento llegó tarde para sancionarlo, pero su comportamiento marcó el listón de lo que el nuevo párrafo quería evitar.
La aplicación práctica desde 2023 sigue siendo desigual. Los colegiados intervienen sobre todo cuando el portero toca el balón, gesticula al lanzador o demora el saque deliberadamente. El baile sutil sin contacto físico aún se tolera en la mayoría de las ligas.
La modificación más reciente entró con el reglamento 2025/26 y nació de un caso concreto. En la tanda de Champions 2024/25 entre Atlético y Real Madrid, Julián Álvarez golpeó el balón y, por el apoyo del pie, lo tocó dos veces antes de mandarlo a la red. El gol se anuló y el penalti dado como fallado.
La consecuencia técnica para el Atlético fue la eliminación. La IFAB tomó nota y modificó la regla para la temporada 2025/26: si el doble toque es accidental y el lanzador no buscaba ventaja, el penalti se repite en lugar de anularse.
El ajuste no afecta directamente al portero, pero forma parte del mismo paquete normativo de la Ley 14 que ha movido la IFAB en los últimos seis años. La regla del penalti es ya un código vivo, revisado casi cada temporada.
La primera discusión gira en torno al milímetro. El VAR detecta lo que el ojo nunca distinguió, y eso ha generado repeticiones técnicamente correctas pero percibidas como injustas por la afición. La concesión del «al menos un pie» suavizó el problema sin eliminarlo.
El segundo debate es la asimetría entre lanzador y portero. El lanzador tiene una ventaja matemática enorme: ocho de cada diez penaltis acaban en gol en élite. Cualquier endurecimiento adicional sobre el portero rompe ese equilibrio y aleja al penalti del duelo deportivo que la gente reconoce.
El tercer frente lo abre la cláusula anti-distracción. Marcar la línea entre celebrar competitivamente y distraer ilegalmente es subjetivo. Dos colegiados pueden ver el mismo gesto de manera opuesta y aplicar criterios distintos en la misma tanda.
Algunos analistas plantean directamente eliminar la regla del adelantamiento. La propuesta no tiene mayoría en la IFAB, pero el debate vuelve cada vez que un penalti decisivo se repite por apenas una décima de segundo en el movimiento del guardameta.
La consecuencia inmediata es técnica. Los entrenadores de porteros entrenan ahora el salto con un solo pie como técnica reglamentaria, no como recurso. El portero adelanta el pie de apoyo, no el de impulso, y mantiene el otro detrás de la línea hasta el contacto.
El segundo cambio afecta al scouting. Los equipos ya no estudian solo los hábitos del lanzador, sino también cómo se comporta el portero rival sobre la línea. Si acostumbra a adelantarse al límite del reglamento, los analistas lo detectan y los árbitros de vídeo también. En una parada ajustada, cualquier movimiento prematuro puede acabar en repetición tras la revisión del VAR.
El tercer efecto es psicológico. El portero ya no llega al penalti pensando solo en adivinar el lado. Llega pensando en la posición de los pies, en no tocar el palo, en no demorar el saque, etc. El gesto de detener un penalti se ha vuelto más calculado y menos instintivo.
En el fondo, la regla evolucionó porque la tecnología lo permitió. Lo que era un duelo más natural se convirtió en una jugada cronometrada al fotograma. El penalti moderno es la regla más vigilada del fútbol, y el portero, su protagonista más expuesto.
La regla del portero en el penalti pasó de ser una norma tácita a ser revisada al milímetro en menos de una década. Lo que antes dependía del ojo del árbitro hoy depende del frame y del VAR. El próximo retoque al respecto ya está en la mesa de la IFAB, y el portero seguirá siendo el personaje más vigilado.