COPA DEL REY | REAL MADRID - ATLÉTICO

Di Stéfano, condenado; el primer fuera de juego posicional... y los dos goles anulados de Guruceta

Los Real Madrid-Atlético de Copa están plagados de 'batallitas': los blancos ganan en las eliminatorias a doble partido y los rojiblancos en los partidos únicos (finales).

Di Stéfano remata a portería en un derbi contra el Atlético. /
Di Stéfano remata a portería en un derbi contra el Atlético.

Los Real Madrid-Atlético de Copa están plagados de 'batallitas': los blancos ganan en las eliminatorias a doble partido y los rojiblancos en los partidos únicos (finales).

Enrique Ortego

Enrique Ortego

Luis Aragonés, que entonces tenía 36 años y había colgado de un día para otro los hábitos de jugador para convertirse en entrenador, lo recordaba continuamente a todos aquellos que le quisieran escuchar en las distancias cortas. "Aquella final del 75 nos la quitó el árbitro. En aquel gol de Benegas desde fuera del área, pitó el primer fuera de juego posicional de la historia del fútbol español. Irureta, que es verdad que estaba adelantado, no influía para nada en la jugada. Se ve perfectamente en las imágenes de la televisión. Y luego no dio por válido un gol de Becerra en el que también por televisión se ve bien claro que el balón traspasa la raya. Si quiere verlo todo pídale el vídeo a Pepe Navarro (exportero rojiblanco y su representante) que lo tiene todo grabado".

Estas palabras del entonces ya técnico del Atlético son una simple prueba de la perenne rivalidad entre los dos grandes clubes madrileños y que, por supuesto, también se traslada a la competición copera. Un total de 42 partidos, distribuidos en 17 eliminatorias a doble partido, una resuelta en el desempate, y cinco finales, han dado para mucho y los recuerdos personales y la hemeroteca son testigos de ello. Los blancos se hicieron fuertes en el ida y vuelta, once ganados por seis de los rojiblancos. Los colchoneros dominan el partido único, cuatro títulos (1960, 1961, 1992 y 2013), por uno madridista (1975). El derbi madrileño no es, sin embargo, la eliminatoria copera por excelencia en el fútbol español. Es superado por los Real Madrid-Athletic con 56 enfrentamientos. El considerado Clásico, Real Madrid-Barcelona, se queda en los 35.

Luis Aragonés, en el banquillo del Atlético.
Luis Aragonés, en el banquillo del Atlético.

Los dos finales de los 60

Antes de la primera final entre ellos, Real Madrid y Atlético habían consumido ya cuatro eliminatorias coperas. La primera de ellas en 1928, justo un año antes de ponerse en marcha el campeonato nacional de Liga. Aquel 26 de junio de 1960, el Real Madrid volvía de ganar su quinta Copa de Europa en la final de las finales, aquella de Hampden Park ante el Eintracht de Francfort (7-3). Los pentacampeones eran claros favoritos. En las semifinales, siete días antes, habían remontado al Athletic un 3-0 con un rotundo 8-1 y, además, jugaban en el Bernabéu. Como coartada les puede servir que Gento se lesionó al cuarto de hora de la final y, aunque siguió en el campo porque no había cambios, apenas pudo moverse durante el resto del encuentro.

Aquel partido se bautizó como la venganza de Villalonga, entonces entrenador del Atlético y que lo había sido del Real Madrid con el que había ganado dos Copas de Europa (1956 y 57). El conocimiento del técnico sobre la plantilla blanca influyó en su perfecto planteamiento. Y a pesar de que Puskas adelantó a los suyos con un gol de córner directo, la reacción rojiblanca se plasmó en los tantos de Collar, Jones y Peiró. Fue la primera Copa del Atlético. Al año siguiente, final repetida, también en el Bernabéu y nuevo triunfo rojiblanco. Las crónicas hablan de un gran partido (2-3) ante 120.000 aficionados, Puskas repitió la apertura del marcador y luego llegaron los dos tantos de Peiró y uno de Mendonça, antes de que Di Stéfano acortara distancias.

El adiós de Di Stéfano en plena eliminatoria

No tuvo que pasar mucho tiempo para que la rivalidad se volviera a trasladar a la Copa. Temporada 63-64, cuartos de final. El Real Madrid, en esta ocasión, regresaba de una derrota histórica y con consecuencias letales para el club. Venía de perder la final de la Copa de Europa (3-1) ante el Inter de Helenio Herrera y Luis Suárez en el Prater de Viena (27 de mayo) y al regreso se rompieron las relaciones entre Di Stéfano y Santiago Bernabéu. La temporada no había acabado. Quedaba por disputarse parte de la Copa. Cuatro días antes de la final continental, el Real Madrid y Atlético habían jugado la ida de los cuartos de final (2-2).

Para el día 31 estaba prevista la vuelta en el Metropolitano. En plena discusión entre Di Stéfano y el club sobre su futuro, el entrenador, Miguel Muñoz, decidió que el futbolista no jugase contra los rojiblancos. El '9' fue para Grosso que, curiosamente, ese curso había estado cedido por los blancos al Atlético, con en el que jugó 12 partidos de Liga. No jugar el derbi copero sentó muy mal a Di Stéfano. Siempre pensó, y no lo escondió, que Miguel Muñoz había recibido órdenes del club para no alinearle. Las relaciones se rompieron totalmente.

El presidente, por medio de su mano derecha, Raimundo Saporta, ofreció al jugador seguir en el club "de lo que quisiese", pero no como futbolista. Y este consideró que su brillante carrera profesional se merecía otro final, y siempre sobre el terreno de juego, no en un despacho. Incluso ofreció renovar a prueba y si a los tres meses no estaba al nivel esperado por la entidad se rompía el compromiso. No hubo acuerdo y Di Stéfano acabó firmando por el Espanyol. La eliminatoria, por lo tanto, se jugó sin él. En el Metropolitano hubo un nuevo empate (1-1) y se tuvo que jugar un desempate, también en feudo rojiblanco y que acabó con victoria local (2-1). El Atlético se clasificó para semifinales.

El árbitro dio la cara

Antes de llegar la polémica final del 75 se sucedieron dos nuevos derbis coperos y en ambos salieron ganadores los rojiblancos, que parecían tener tomada la medida al eterno rival que, sin embargo, se mostraba intratable en la Liga con 14 títulos en las décadas de los 60 y de los 70. Hacía calor en Madrid la tarde-noche del sábado 5 de julio de 1975. Atlético y Real, que había ganado la Liga, jugaron un gran partido a pesar del empate sin goles del marcador. Múltiples ocasiones por ambos bandos... y dos jugadas polémicas ya en la prórroga.

El Atlético posa con la Copa de 1975.
El Atlético posa con la Copa de 1975.

Las mismas a las que hacía referencia Luis en sus palabras recogidas en el primer párrafo. Los rojiblancos reclamaron como gol un remate de Becerra. Con el comodín de las imágenes de televisión -están en Youtube- se ve cómo entre Miguel Ángel, el portero blanco, y el defensa Uría sacan el balón de dentro de la portería, más concretamente el primero con un felino manotazo. Pocos minutos después llegó el tanto de Benegas anulado por fuera de juego posicional de Irureta que aún encrespó a los rojiblancos. 

Luis, nada más terminar el partido, señaló que había vista la repetición de la jugada en su vestuario y que Irureta no intervenía para nada en la jugada. El propio árbitro, el vasco Urrestarazu, respondió a las preguntas de los informadores y aseguró que su juez de línea, el valenciano Segrelles, le había dicho que el balón no había entrado. La final se fue a los penaltis (4-3) y ahí Miguel Ángel se vistió de héroe blanco al detener el lanzamiento de Irureta. Salcedo lanzó contra el larguero. Del Bosque no acertó con su turno y e Ico Aguilar marcó el lanzamiento definitivo.

Esa final quedó grabada, especialmente, en el sentimiento rojiblanco y sus protagonistas siempre la han mantenido en su memoria. Irureta, casi 50 años después, comparte la teoría del entonces su entrenador, Luis Aragonés, y también asegura que fue el primer gol que se anuló en España por fuera de juego posicional. "Las imágenes, en blanco y negro, están ahí. Yo no estoy en la trayectoria del balón, estoy a la derecha. No molesto para nada la visión del portero". Con caballerosidad, con los años, y preguntado al respecto, también algún jugador del Real Madrid, como Santillana, reconoció haberse visto sorprendido entonces por la decisión del árbitro. "La verdad es que Irureta no intervenía demasiado en la jugada, pero el árbitro no dudó en señalarlo...".

Guruceta y la puntería blanca

La rivalidad aceleró su pulso en los siguientes enfrentamientos. Los duelos directos se multiplicaron: nueve en 15 años. Cronológicamente, dos eliminatorias consecutivas (78-79 y 79-80) tuvieron que resolverse en los penaltis con doble triunfo blanco. En la primera, las quejas rojiblancas se multiplicaron y eso que los partidos fueron en la tercera ronda y pasaron medio inadvertidos en el furor de la Liga. Poca chicha en la ida en el Vicente Calderón (1-1) pero noche de sables en la vuelta del Bernabéu. 

Guruceta, durante un partido.
Guruceta, durante un partido.

El discutido Guruceta era el árbitro. Se adelantaron los blancos (2-0). La reacción rojiblanca provocó el empate. Las crónicas del partido fueron bastante unánimes sobre las jugadas que reclaman los visitantes: un penalti a Rubén Cano sin señalar y dos goles anulados a Arteche y Leivinha. El de éste, dado primero por válido y anulado tras consultar después con el juez de línea. Precisamente por esta acción y su modus operandi, el Comité de Árbitros llamó la atención al colegiado vasco.

El enfado atlético fue morrocotudo. La comparecencia ante la Prensa después del encuentro resultó un aquelarre contra el árbitro. Rubén Cano era uno de los más belicosos. "Los dos penaltis de Benito han sido clarísimos. En este campo para que te piten uno a favor te tienen que operar". Leivinha, Pereira... todos hablaban de Guruceta. Tras una prórroga inocua, en la tanda de penaltis, mejor puntería blanca (4-1). A la temporada siguiente, el Real Madrid volvió a ser más certero en la tanda y se clasificó para la final que después ganaría a su propio filial, el Castilla (6-1).

Ya en color, los derbis coperos han mantenido su secuencia sin perder el fervor. El Madrid se ha hecho fuerte, muy fuerte, en las eliminatorias con Butragueño, Hugo Sánchez y Cristiano como verdugos principales. Los atléticos parecen haberse reservado para las finales, llegando a ganar otras dos en el Bernabéu (1992 y 2013). Schuster y Futre se vistieron de héroes en la primera; Miranda en la segunda.