FÚTBOL FEMENINO

Las Nadeshiko y el milagro del Mundial de 2011

La selección japonesa se coronó campeona del mundo por primera vez tras vencer a Estados Unidos. Ese año, el país sufrió uno de los peores terremotos de la historia.

Las futbolistas japonesas levantan el trofeo de campeonas del mundo después de ganar a Estados Unidos en la final. /Getty
Las futbolistas japonesas levantan el trofeo de campeonas del mundo después de ganar a Estados Unidos en la final. Getty

La selección japonesa se coronó campeona del mundo por primera vez tras vencer a Estados Unidos. Ese año, el país sufrió uno de los peores terremotos de la historia.

Sandra Riquelme

Sandra Riquelme

España y Japón (20:00h, La Cartuja) se verán hoy las caras en el último amistoso del año. La selección nipona, que ocupa la undécima posición del ránking FIFA, es la protagonista de una de las historias más increíbles de la historia del deporte.

El 11 de marzo de 2011, Japón se paralizó. Un terremoto de nueve grados de magnitud en la escala Richter y de seis minutos de duración sacudió la región de Tohoku, situada al noroeste del país. El terremoto, que originó un tsunami con olas de más de 40 metros de altura, le costó la vida a más de 15.000 personas. El mayor desastre natural de la historia del país nipón.

Ese mismo junio, se celebraba el Mundial femenino de fútbol. La selección japonesa se había clasificado para la disputa de su sexta Copa del Mundo. Sin embargo, en los meses previos a la cita mundial, la incertidumbre y el miedo se adueñaron de sus futbolistas. Japón atravesaba una gran crisis económica y social y la liga nacional se canceló. Muchos clubes entrenaban por las noches, pero no tenían luz: no había suficiente energía para encender los focos.

Las futbolistas tampoco estaban seguras moralmente de viajar a Alemania, el país anfitrión del Mundial. "¿Deberíamos de seguir jugando al fútbol mientras nuestro país esta sufriendo?", confesó Aya Miyama, una de las integrantes de esa selección, a FIFA en un reportaje posterior a la cita mundialista.

Finalmente, las jugadoras niponas vencieron sus miedos, se armaron de valor y disputaron el Mundial. El fútbol pasó a un tercer plano y las jugadoras japonesas solo tenían un objetivo en mente: llevar el nombre de su país, que estaba atravesando uno de las peores crisis de su historia, a lo más alto.

La selección de japón y el tiki-taka

Japón, encuadrada en el grupo B junto a Inglaterra, México y Nueva Zelanda, superó la fase de grupos. Por primera vez en su historia, el combinado nipón se clasificó para los cuartos de final del Mundial. Norio Sasaki era el seleccionador nacional y uno de los grandes impulsores del fútbol femenino nipón.

Antes de la disputa del Mundial, el fútbol femenino apenas tenía seguimiento ni popularidad en Japón. La selección tampoco había conquistado grandes hitos. En su búsqueda de la perfección, una de las señas de identidad de la cultura japonesa, Norio Sasaki dio con la tecla. Físicamente, sus jugadoras eran muy inferiores al resto: más altas, más fuertes, etc. Entonces, y gracias a la influencia del fútbol español (la Selección española masculina acababa de ganar el Mundial y dominaba el fútbol), se lanzaron al tiki-taka. Sasaki envió a varias jugadoras a equipos españoles, para que se empaparan de su filosofía de juego.

Un objetivo: luchar por su país

Alemania, el país anfitrión, fue el rival de Japón en los cuartos de final. Las niponas estaban convencidas de que ese iba a ser su último partido en el Mundial, como confesaron años después en varias entrevistas. Antes del partido, Sasaki le enseñó a sus jugadoras una serie de imágenes del país devastado: personas que habían perdido su hogar, a sus seres queridos y otras que se habían quedado completamente solas en el mundo. Japón venció a Alemania por 1-0 y se clasificó para las semifinales.

Su próximo rival fue Suecia. Las de Homare Sawa, que fue elegida como la mejor jugadora del campeonato, y compañía protagonizaron un gran partido y ganaron por 3-1 a las suecas. La todopoderosa Estados Unidos esperaba en la gran final. Antes de ese partido, las japonesas y las americanas se habían enfrentado en 25 ocasiones y nunca las habían ganado.

Sasaki volvió a apelar a la nostalgia y al sentimiento de pertenencia de sus futbolistas. El 17 de julio por la tarde, el día que se disputaba la final, el seleccionador les mostró un vídeo que resumía la historia del fútbol femenino en Japón. Las futbolistas niponas son apodadas como Las Nadeshiko, un clavel rosa de encaje que nace en las montañas de Japón. Esta flor simboliza la belleza femenina nipona y su coraje.

Tras ganar la final, las jugadoras niponas mostraron un cartel como muestra de agradecimiento al mundo por su apoyo.  Getty
Tras ganar la final, las jugadoras niponas mostraron un cartel como muestra de agradecimiento al mundo por su apoyo. Getty

Recibidas como heroínas

Apelando al tiki-taka, Japón le plantó cara a la selección de Estados Unidos, que creyó que su superioridad física le bastaría para vencer al combinado nipón. Las americanas se pusieron por delante en el marcador en dos ocasiones, pero las japonesas empataron el encuentro. El segundo tanto nipón, el 2-2, llegó a tres minutos para el final de la prórroga. La final se decidió en la tanda de penaltis.

Estados Unidos falló los tres primeros lanzamientos y Kumagai, que convirtió en gol el cuarto, le dio a Japón el triunfo. Antes de su disparo, Kumagai miró al cielo porque no quería que Hope Solo, la portera norteamericana, supiese lo que pasaba por su mente. El país entero estalló de júbilo y las jugadoras niponas rompieron a llorar. Fueron recibidas como heroínas y, tras ese Mundial, la popularidad y el seguimiento del fútbol femenino en Japón alcanzaron cifras inimaginables. Este deporte experimentó un crecimiento exponencial en el país asiático y Japón se coronó campeona del mundo en categoría Sub-17 y Sub-20, la única selección del mundo en conseguirlo. A día de hoy, la selección femenina de fútbol de 2011 sigue siendo el único equipo asiático que ha logrado coronarse campeón del mundo en categoría absoluta.