OPINIÓN

Un Chikilicuatre para coser a la España de Luis Enrique

Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Luis Enrique, seleccionador español./GETTY
Luis Enrique, seleccionador español. GETTY

Siempre que llegan estos días especiales me brota de nuevo el mismo pensamiento. Y creo que ya ha llegado la hora de hacer hueco a otras cosas más productivas en mi cabeza. La democracia, afortunadamente, inunda nuestras vidas casi al completo. Y si no hablo de una totalidad es porque esta bendita forma de vida deja fuera de su área de influencia el tema más importante de todos, que no es ni más ni menos que dar forma a nuestra Selección. No es algo baladí. Visto el estado de efervescencia y crispación en el que entra España con Luis Enrique, no descarto que pronto haya una movilización. En la Puerta del Sol, cada fin de semana, hay alguna reivindicación. Si el fútbol es muy importante en nuestras rutinas, encarar un Mundial supone entrar en la máxima ebullición.

Y, en realidad, no nos falta razón. Desde hace 45 años tenemos potestad para elegir a los guardianes y tesoreros de nuestro porvenir en cada circunscripción. Fuimos clave en Gran Hermano y hasta en ¿Quién quiere ser millonario?. Y en estos momentos, en los que nada se entiende sin la participación, por postureo o cordura, nos dan peso hasta en el sistema electoral en Eurovisión. Pero con la Roja nadie se atreve a romper con el antiguo régimen y cambiar el paso. Pese a que hayan ampliado la lista de inscripciones a 26 convocados y aunque el descaro y frescura de la RFEF haya entrado ya notablemente, por ejemplo, en sus redes sociales tras la Era Villar. Entonces todo olía a Brummel.

Seguramente mi teoría parecerá una frivolidad. Pero el día que alguien dé el paso me gustaría que reconociera la patente. No hablo de hacer entera la lista de la compra al seleccionador. Poder votar por la inclusión de un simple internacional, aunque fuera uno de los que vayan a ver los partidos desde la grada o el tercer portero, supondría una revolución y, más que nada, un necesario y urgente cambio de tendencia. Sería una buena fórmula para subir a los cuarenta y pico millones de paisanos en el mismo barco y ponernos a remar, de una vez, en la misma dirección.

Así coseríamos las heridas de Iago Aspas, Borja Iglesias o Gerard, podríamos habernos dado el capricho de ponerle algo de picante alistando a Sergio Ramos o a Piqué, y hasta nos hubiéramos atrevido a apostar por algún futbolista de esos random. Como cuando elegimos la imperial voz del Chikilicuatre. Puesto a elegir, llamar por sorpresa a filas a un mago con casco de obrero como Isi. Creo que ante un plan sin fisuras como éste, aunque fuera presentado en sociedad como la Superliga en el prime time de El Chiringuito,no pondría pegas ni un innovador de verdad como Luis Enrique. Total, él tampoco eligió de primeras a Rubiales (más tarde sí) y, cuando el míster llegó, el presidente ya estaba en su despacho con el voto, entre otros muchos, de Lopetegui. Pese a eso y a un camino de curvas en estos dos mandatos -antes, ahora y siempre-, el asturiano se ha dejado la piel de igual manera para contribuir (para mal de algunos...) a hacerle campeón.