El Girona, entre las maletas y el barro de LaLiga HyperMotion

El Girona debe dar salidas a los jugadores que llevaron al club a jugar la Champions y reclutar nuevos nombres que se adapten rápido a la Segunda División.

Arnau Martínez, Azzedine Ounahi y Hugo Rincón se abrazan tras el tanto conseguido por el marroquí ante el Real Madrid en La Liga el 30 de noviembre de 2025.
AP Photo/Joan Monfort

La profesión de periodista deportivo es la más bonita del mundo. Seguramente, cualquiera puede decir lo mismo sobre su trabajo y tener razón. En este maravilloso oficio nunca hay dos días iguales. Adaptarse a cualquier situación es clave. Lo mismo ocurre en el futbol.

Una bonita colección de cromos no hace un buen album

Alguien cuyo trabajo consiste en cubrir una categoría y se sienta a analizar proyectos y plantillas, debe tener en cuenta diversos factores. Sin embargo, hay variables invisibles que son absolutamente impredecibles y que hacen tan maravilloso el deporte. Uno de ellos, precisamente, es la adaptabilidad al cambio.

En LaLiga Hypermotion, como si se tratase de la teoría de la evolución, saber adaptarse es crucial. Si en este preciso instante, aquellos que estén leyendo este artículo hacen una pausa para repasar el último once titular del Girona en Córdoba, van a llevarse las manos a la cabeza: Gazzaniga, Arnau Martinez, Alejandro Francés, Juan Arango Jr., Álex Moreno, Bryan Gil, Kim Min Su, Fran Beltrán, Iván Morante, Izan González y Abel Ruiz.

Sin contar a los futbolistas que vuelven de cesión, el único nuevo fichaje es el mediocentro leonés Iván Morante. En el segundo tiempo entraron futbolistas como Donny Van de Beck, Christian Stuani o Yasser Asprilla y no participaron, de nuevo, ni Vanat ni Ounahi ni Tsygankov.

Si el mundo real fuera un modo carrera de algún conocido videojuego de fútbol, cualquiera podría pensar que el Girona va a volver a Primera sin bajarse del autobús. Pero los que ya conocen la dura Segunda División española saben que en esta liga, sumar dos más dos, rara vez sale cuatro. Es crucial adaptarse cuanto antes a un nuevo escenario.

En Segunda hay que quitarse el traje y la corbata, remangarse la camisa y aprender a convivir con el barro, sin importar quién sea el presidente del club ni el hecho de estar bajo la estructura de un coloso como el Manchester City. Especialmente cuando se aterriza en una categoría con tantas incógnitas en la planificación deportiva.

La casa de los lios

Montilivi vive estos días bajo el estrés de una casa en plena mudanza, donde toca cambiar la mansión en primera línea de playa por un piso más humilde en las afueras de la Segunda División. Jugadores que hacen las maletas, nuevos inquilinos que llegan para cubrir las salidas y un director deportivo intentando decidir qué muebles puede vender sin regalarlos.

El Girona ha vivido el mercado más turbulento de los últimos años. Principalmente por todo el ruido que se ha generado alrededor de su estrella. El ucraniano Viktor Tsygankov ha sido expedientado por negarse a jugar contra el Leganés (aunque el entorno del extremo defiende que presentó un informe médico de baja).

También por publicar mensajes internos del club en sus redes sociales. El ex del Dinamo de Kiev no quiere seguir en Montilivi, pero el Girona no quiere salir perdiendo. Gusta mucho en el Celta, pero el conjunto catalán no quiere regalarlo y tasa al futbolista en ocho millones.

En ese pulso, Quique Cárcel quiere hacerse fuerte, aunque tenga una grieta visible y difícilmente reparable. Mientras, debe resolver el futuro de jugadores con cartel en Primera como Ounahi, Bryan Gil, Arnau Martínez o Álex Moreno (y encontrarles sustitutos). Un final de mercado frenético en la comarca del Gironés.

Un calendario poco amable

Ni los resultados ni las sensaciones están siendo positivas para el Girona FC en este inicio de competición. Sacar conclusiones con apenas dos partidos sería una temeridad, pero nadie en Montilivi hubiera firmado un inicio tan dubitativo. Sirva como atenuante que el tramo inicial para los rojiblancos es un laberinto, contra candidatos a la promoción y en feudos difíciles.

A los primeros compromisos contra Leganés y Córdoba, se suma recibir a la UD Las Palmas, viajar al Molinón, jugar en casa contra el CD Castellón y afrontar un largo viaje hacia la bahía de Cádiz. En el primer mes y medio de temporada hay más espinas que rosas. El partido fácil hace mucho tiempo que quedó desterrado.

Dos bofetadas para despertar

La mejor muestra de lo que significa calzarse las botas en Segunda División se pudo ver el pasado viernes en el Nuevo Arcángel de Córdoba. Los de Quique Álvarez naufragaron ante el altísimo ritmo que propuso, como siempre, Iván Ania. El Girona, incómodo con la pelota desde el primer momento, sufrió con la presión adelantada y las transiciones blanquiverdes.

Carracedo le dio la noche a Álex Moreno y Víctor Sánchez, que hace un año militaba en el CD Móstoles de 3RFEF, tuvo en jaque a los centrales hasta que tuvo que pedir el cambio. Su gol de cabeza, asistido por Diego Bri (MVP del partido), supuso una carta de presentación inmejorable para el ariete sevillano y un aviso importante para el conjunto gironí.

Contra el Leganés en su debut la imagen fue diferente, pero el empate con el gol postrero de Abel Ruiz supo a poco. Dos partidos, dos bofetadas de realidad. Los rivales que se adelantan defienden el botín con la vida. Y aquellos que hacen del ritmo alto su seña de identidad, te pueden pasar por encima.

Adaptarse o morir

El Girona tiene argumentos para subir, pero necesita convertirse en un equipo porque en Segunda nadie entiende si hace dos años estabas jugando la Champions. Aquí triunfa el grupo unido que mejor entiende dónde está. Adaptarse o morir. Una premisa que también es válida para el director deportivo.