Ecuador apuesta por la pizarra de Gallardo
El entrenador argentino es la elección de Ecuador para mirar a los retos futuros de una selección que se quedó a medio camino de lo esperado en el Mundial 2026 y quiere seguir creciendo.
La llegada de Marcelo Gallardo a la selección de Ecuador ha significado una sorpresa para la ‘Tricolor’ en lo que podría ser una nueva oportunidad para que ‘El Muñeco’ pueda mostrar su categoría como técnico tras varias etapas erráticas en el fútbol de clubes.
Gallardo y su currículum
La trayectoria reciente de Gallardo pone de manifiesto que el entrenador argentino necesita tanto el éxito con la ‘Tricolor’ como la propia selección ecuatoriana necesita ese impulso que podría darle el argentino desde el banquillo.
Esta oportunidad en la selección ecuatoriana supone la primera vez al frente de una selección nacional para Gallardo, tras haber tenido un periplo como técnico en Nacional de Montevideo, River Plate (en dos ocasiones) y Al-Ittihad.
Si bien es cierto que logró ser uno de los entrenadores con más cartel de Sudamérica en los tiempos en los que los éxitos con River Plate llegaron a dar la vuelta al mundo, no lo es menos que el desarrollo de los acontecimientos no ha logrado ser tan positivo desde su primera salida de River.
La etapa en Arabia Saudí, en la que duró solo 33 partidos, y su segunda etapa en River Plate, desde agosto de 2024 a febrero de 2026, fueron especialmente complejas, con muy pocos éxitos notorios y una realidad tensa en el banquillo.
La fe que demuestra Ecuador para seguir creciendo en el ámbito internacional y el conocimiento del techo de Gallardo como entrenador parecen situaciones que deberían mezclar bien, más con la propia necesidad que tienen unos y otros de encauzar una nueva dinámica dentro del conjunto ecuatoriano de cara a los retos más inmediatos, con la Copa América en el horizonte.
Una fe inquebrantable
No se puede decir que la selección de Ecuador no intente continuamente ir a mejor. El crecimiento de un equipo como el ecuatoriano se entiende a través de las figuras que, poco a poco, han incrementado el valor del conjunto, pero las piezas en el banquillo pueden dar un impulso para hacer avanzar al combinado nacional.
Tenemos talento, estructura y ambición. Estamos listos.
Que la gente crea, porque tiene con qué creer.
Bienvenido Marcelo#LaNuevaEra #LaEraGallardo pic.twitter.com/MOSlYqAwQ4
— FEF 🇪🇨 (@FEFecuador) September 14, 2026
En el Mundial 2026, la selección ecuatoriana ya dejó muestras claras de que su ambición va más lejos de lo que permiten sus capacidades futbolísticas actuales. Amparados aún en una delantera como la que formaron en Estados Unidos, Canadá y México, con Enner Valencia como principal exponente, las carencias fueron evidentes.
Sin embargo, había más dentro de esa insolvencia. Aunque su paso por el Mundial fue algo decepcionante, su caída no lo fue en absoluto, siendo eliminados en dieciseisavos de final ante una México apabullante que incluso rozó la gesta en la siguiente ronda ante Inglaterra.
Ecuador lo dio todo e incluso logró que su tétrica fase de grupos, junto a Alemania, Costa de Marfil y Curazao, quedara en anécdota gracias a su victoria ante Alemania, con protagonismo goleador para Nilson Angulo y Gonzalo Plata, dos de los grandes exponentes dentro de la actuación ecuatoriana en el pasado Mundial.
El fútbol de Sebastián Beccacece, a pesar de todo, no caló dentro del imaginario ecuatoriano y su trabajo, con clara intención constructiva, de control y reacción en transición cuando el partido lo permitiera, se convirtió en un plan poco efectivo para soñar con algo más en las próximas citas.
El bagaje de Beccacece
La pizarra de Beccacece no fue todo lo interesante que se esperaba. Incluso llegó a ser mucho más compleja y opaca para los aficionados de lo esperable para un técnico que prometía un juego dinámico, entretenido y con capacidad para potenciar a los mejores perfiles ofensivos del equipo.
Tras el trabajo de entrenadores como Gustavo Alfaro, actual técnico de Paraguay, o el español Félix Sánchez, la llegada de Beccacece trató de potenciar los pilares de su juego y de hacerlos casar con la realidad de una convocatoria que en algunas líneas dejaba dudas.
La flexibilidad estructural de Beccacece se presentaba con esquemas que pudieran cambiar durante el partido con apenas uno o dos movimientos, del 1-4-3-3 al 1-4-2-3-1 o el 1-5-3-2, facilitando esa adaptación contextual a los rivales o a las necesidades que mostrara el partido.
De la misma forma, mostraba algunas características clave en su estilo de juego, con una fórmula defensiva muy sólida, potenciada con perfiles de élite, así como exigiendo presión alta para incitar al protagonismo en campo contrario.
Dos cuestiones unidas por la necesidad de dar cierta libertad también a nivel ofensivo, donde el equipo mostraba cierta asimetría en bandas (lateral profundo y lateral defensivo), además de encontrar necesaria esa vía de ataque con mucha movilidad que respondía a algunos de los perfiles más destacados entre líneas, siempre por delante de un Moisés Caicedo con plena potestad de dirigir al equipo desde la base.
Un plan coherente, ambicioso, pero que dejaba ciertas dudas sobre cómo podía plasmarse a la hora de la verdad con los mimbres con los que contaba Beccacece. Mismos mimbres, salvo revolución en la convocatoria, que también tendrá en sus manos el nuevo seleccionador: un Marcelo Gallardo que deberá ser valiente para cambiar las prestaciones de Ecuador y suyas propias de cara a los retos futuros que ahora comparten.