BALONCESTO FEMENINO

Laura Peña, a contracorriente

Recorremos el camino de la base catalana hasta hacerse un hueco en la Selección Española.

Laura Peña, en el entrenamiento de la Selección Española./FEB
Laura Peña, en el entrenamiento de la Selección Española. FEB

Recorremos el camino de la base catalana hasta hacerse un hueco en la Selección Española.

Luis Vallejo

Luis Vallejo

Pocos días atrás, escribía Piti Hurtado en Relevo sobre la productiva cantera española, fábrica de mentes privilegiadas y máquinas de competir. Desde una edad bien temprana, los clubes y colegios trabajan con los jugadores y jugadoras para que aprendan a desenvolverse en la cancha, mejoren sus habilidades y entiendan el propio juego. Una filosofía que siempre se mantiene, vaya acompañada de más o menos talento, y permite elevar el suelo competitivo de nuestro baloncesto.

En la Selección Española de Miguel Méndez, heredera de la mejor generación de la historia, la calidad no abunda tanto como en años anteriores pero la juventud mantiene la llama encendida. Suficiente para estar todavía muy por encima de la media europea... y más si hablamos de la posición en la que el cerebro todo lo controla. Porque nadie, absolutamente nadie, desarrolla tantas bases de alto nivel como nuestro país. Por eso la competencia es feroz: Cristina Ouviña, Maite Cazorla, Silvia Domínguez, Sandra Ygueravide, Leticia Romero, Mariona Ortiz, Laia Flores, Aina Ayuso, Laura Peña, etc.

De todo ese grupo inmenso, tan solo unas pocas pueden ser llamadas. Y en esta ocasión fueron Ouviña, que se retiró lesionada, Cazorla, Romero y Peña, la única presente junto a Paula Ginzo que no procede del TOP-3 español (Avenida, Girona y Valencia) o un gran proyecto europeo (ASVEL, USK Praha y Reyer Venezia). El camino de Peña no ha sido ni el más habitual, ni el más rápido. Pero nadie puede decir que no se haya ganado su presencia entre las mejores.

En unos tiempos en los que las prisas mandan en muchas ocasiones al elegir los trayectos y en multitud de casos, desde el otro lado, se sentencia demasiado pronto tanto para bien como para mal, la frialdad y la paciencia siempre primaron en el camino de la catalana. No acudió al Europeo U16, tampoco al U18. A pesar de estar en listas previas, no pasó el corte decisivo hasta el Mundial U19. Sí, ¡a los 19 años! Esa edad que sigue formando parte del inicio de toda trayectoria, pero que en ocasiones aparenta ser ya un punto avanzada. A nivel de clubes, de Mataró pasó a Sant Adriá y este se convirtió en su casa, llegando a disputar Liga Femenina 2 primero y la Liga Femenina posteriormente.

Allí, a sus 18 años, decidió que había llegado el momento de cambiar de aires. Y eligió La Seu. Quizá un destino menos atractivo que las grandes plazas de la competición, apartado de los grandes focos, pero hogar ideal para el desarrollo a fuego lento de jugadoras nacionales. "Yo creo que la gente joven tiene que asentarse en un sitio, aunque a veces las circunstancias te obligan a moverte. Se nota qué gente ha estado progresando en un lugar estable", declaró a Gigantes del Basket la pasada temporada.

Un año después, interés de equipos con mayor presupuesto no ha faltado. ¿Quién no va a querer a la directora de juego de la revelación de la liga? Más si cabe, con apenas 23 años. Pero su frialdad sigue presente. A pesar de la marcha de Etxarri y Canut, se quedó en Cadí La Seu. Antes de dar un paso, quiere estar preparada. Y no solo está liderando al equipo en este arranque de temporada, en el que el conjunto catalán ha ido de menos a más, sino que se ha hecho con un hueco en el grupo de Miguel Méndez. Todo, desde el Pirineo.

Si bien es cierto que con una Silvia Domínguez sana, el panorama podría haber sido diferente en la ventana FIBA, poco cambia esto en el caso de Peña. Porque lo verdaderamente importante no es la llamada en sí, que también, sino el hecho de haber entrado en ese satélite de bases que rondan el combinado nacional. Y todo, repito, a partir de un equipo del segundo o tercer escalón de la competición. El lugar desde el que Peña ha demostrado que no hay que tener prisa, que la formación es eso, formación, y que en la élite hay más de un camino posible. Qué aburrido sería el baloncesto en caso contrario.