WIMBLEDON

¡Rey de Wimbledon! Carlos Alcaraz se corona ante Djokovic en una final para la historia

El murciano gana su primer título en Londres ante Djokovic por 1-6, 7-6(6), 6-1, 3-6 y 6-4.

Carlos Alcaraz, campeón de Wimbledon 2023./REUTERS
Carlos Alcaraz, campeón de Wimbledon 2023. REUTERS
José M. Amorós

José M. Amorós desde París

Londres.- Una tarde antológica, un partido para la historia, un cambio de ciclo en el tenis. Carlos Alcaraz es el nuevo campeón de Wimbledonvenciendo en unos interminables cinco sets al siete veces campeón del torneo y el, para muchos, mejor de la historia Novak Djokovic. El murciano ha logrado lo que parecía imposible, vencer a un invencible que llevaba más de diez años sin conocer al derrota en la pista donde entraba a las 15:00h. y donde terminaba levantando los brazos casi a las 20h. Mientras anochece en Londres, el marcador reluce con un 1-6, 7-6, 6-1, 3-6 y 6-4 que aúpan a un tenista español a lo más alto.

Alcaraz, campeón de Wimbledon. REUTERS

La tarde empezaba con una carrera desbocada de Alcaraz hacia su fondo de pista, al más puro estilo Nadal, que hizo enloquecer a unos británicos ávidos de nuevos reyes en su 'Catedral'. Una grada que celebró el primer punto del murciano como si hubiese nacido en Notting Hill. "¡Come on, Carlos!" [¡Vamos, Carlos!], voceaban enfervorecidos. El público ya había elegido quién quería coronar como campeón.

Pero ya nos lo anunciaba Juan Carlos Ferrero en la previa en una conversación con la prensa española acreditada. "El nivel de Djokovic ya sabemos cuál va a ser: altísimo". Y acertó de lleno. 'Nole' no regalaba un solo fallo fuera de lugar y esperaba, con paciencia y el tronío de sus 36 años, el regalo de un Alcaraz que quería llevar el ritmo del partido con el peligro que supone. Perdido en errores, sin encontrar cómo hacer daño, se topaba con los fallos.

Es cierto que en el primer juego del partido el murciano le había puesto contra las cuerdas con una bola de break y parecía que los nervios habían cambiado de bando desde Roland Garros. Quizás, ser favorito le podría pesar. Pero las leyendas temen poco a la tensión y, tras salvar su saque el serbio dio un golpe sobre la mesa provocando un 0-40 que terminó significando la primera rotura del partido. Una situación idéntica a lo ocurrido con Sinner, coetáneo en la juventud de 'Carlitos'.

Seguro a su saque, el 3-0 del primer parcial llegó después de un monumental golpe entre las piernas de Alcaraz que terminó convirtiéndose en un globo mágico que puso en pie a la Central Court. La juez de línea no lo vio, Djokovic sí e intentaba explicarlo negando la mayor. El Ojo de Halcón le dio la razón.

Sin jugar mal ni un Carlos que se mostrase inferior en demasía, los puntos caían del lado contrario una y otra vez. Así hasta ver un 5-0 en el marcador que era demasiado castigo. Como ocurrió con Rafa Nadal en aquel primer set 6-0 de la final de Wimbledon 2006 contra Federer, enfrente se encontraba una leyenda del tenis y el gran dominador de la superficie. Esta vez fue 6-1 a favor de un Djokovic excelente a la altura de lo esperado.

El reto para levantar cabeza se presentaba mayúsculo. El balcánico tenía un balance de 78 victorias en 79 partidos terminados en Wimbledon tras ganar el primer set. El único capaz de darle la vuelta había sido el propio Nadal allá por el 2007. La reacción tenía que ser rápida y la forma de carburar más veloz de Alcaraz es con dos buenos puntos que soltaran su brazo. El primer paso fue ganar su saque inicial y el segundo certificar que había llegado a la final rompiendo el saque de Nole. 2-0 para vanagloria de los presentes.

Y el partido cambió...

El éxito había llegado con el acierto y llevando a Djokovic a su ritmo. El problema de ese tempo frenético es que no te permite errores ante un rival que apenas tiene debilidades. En el siguiente saque, este riesgo le llevó al break en contra para nivelar la balanza.

Los intercambios empezaban a ser largos, empezaba a haber rival para Novak y los golpes se sucedían por primera vez desde ambos lados de la red. La clave era ahora empezar a ser capaz de llevarse los decisivos. Por cierto, cuanto más ritmo cogía Alcaraz, más frenaba Djokovic su saque para tranquilizar la euforia del motor del español.

La sucesión de servicios buenos dio seguridad a Carlos, al que solo le quedaba una cuenta pendiente: ser capaz de hacer daño al saque del 'Joker'. Llegaban los momentos clave que tan bien se le había dando al de El Palmar durante todo el torneo, pero hoy su contrincante era otro nivel. "Romper en los momentos decisivos diferencia a los buenos de los muy buenos", nos respondía Alcaraz hace unos días. Djokovic es de los muy buenos y quizás con aguantar bastaba. Entendió el mensaje el español que no corrió riesgos innecesarios.

El set llegaba al tie break decisivo que podría igualar el partido o desnivelarlo casi sin remedio. Ahí se vio el discípulo de Ferrero no iba a tener miedo. Especial fue la dejada que le dio el 5-4 para asegurar su saque y poder atacar los decisivos del serbio con ventaja. Tras ese punto, llegó el primer warning por tardar en realizar su saque. La tensión se palpaba en el ambiente: ¿Perdería Djokovic su primer tie break después de 15 ganados de manera consecutiva?

La grada disfrutaba del espectáculo. Se llegó a un segundo cambio de lado en una batalla de gritos entre fans de uno y otro. Con el 7-6 y bola de set para el murciano, la central se unió en un gran 'Carlos, Carlos' como el preludio de algo grande. Él respondió con un resto de revés que podría ir directamente al Museo Británico para ganar el segundo set, romper la racha de Nole en los desempates y cambiar la historia del partido.

La final volvía a empezar. Con empate a 1 en sets, como hace poco más de un mes en París cuando todo se engarrotó. Era el momento de olvidar y demostrar el aprendizaje que Carlos y su equipo habían insistido en los últimos días. Y no solo no tuvo calambres, sino que acalambró el partido a su favor destrozando a Djokovic en el inicio del tercer set rompiéndole el saque de salida. Como quien tiene una fecha marcada en el calendario, Alcaraz tenía marcado este momento del partido para dejar lo de París en un mal sueño.

Resoplaba 'Nole' que todavía no entendía qué había pasado para tener su octavo título aquí al alcance de la mano y todo se había dado la vuelta. Más cuando, pudiendo solventar la papeleta con un 15-40 a su favor para igualar el parcial a 2, el murciano lo deja en nada con cuatro buenos saques.

La presión empezaba a agobiar al serbio, que reclamaba al juez de silla que empezaba a contar su tiempo de saque demasiado pronto. "Tengo que ir a por la toalla, porque no me la trae el recogepelotas", le decía. Ese mismo juego, con 3-1, Alcaraz volvía a asfixiar el saque de Djokovic con hasta siete bolas de rotura en el juego más largo del torneo y el segundo más extenso de la historia con 32 puntos [se jugaron 34 en un Starece-Robredo de 1ª ronda en 2004]. "El que se canse, pierde", me escribía mi madre por Whatsapp en una sabia reflexión de madre.

Y el que se cansó primero fue, de nuevo, el número 2 del mundo porque a la séptima bola de rotura se hizo realidad. La grada se ponía en pie para recompensar el show. 4-1 y saque para Carlos con dos saques rotos en el bolsillo. Djokovic empezaba a bajar las armas rendido ante la superioridad que tenía enfrente, sucumbió rápido el 5-1 y terminó cediendo su saque para que el murciano le devolviera el 6-1 inicial.

Tenía que cambiar mucho la situación para que Alcaraz no se llevara el título. Djokovic lo intentó yéndose 10 minutos al vestuario. Mientras, la grada se entregaba más en las manos del discípulo de Ferrero que ya esperaba en su fondo. La vuelta de 'Nole' en la hierba estuvo marcada por los abucheos de la grada que veían sus intenciones.

La espera enfrió un poco el saque de Alcaraz, que comenzó con un 0-30. Reaccionó rápido con cuatro puntos seguidos para avisar al balcánico que nada le iba a frenar. Se lo demostró en la cara en el siguiente saque, con una nueva rotura y abriendo su recta final al título.

Nadie llega a la altura que ha llegado Djokovic con sus 23 títulos 'grandes' dándose por vencido ante el rival, el cansancio o la desidia. Podía estar perdido, pero Djokovic se agarra a los partidos como un soldado a la vida en la peor situación. Por eso forzó un break en el segundo saque de Carlos que podía ser clave en su camino de recuperación y de empatar de nuevo el partido. Pocos puntos perdió desde entonces ni al resto ni al saque para terminar llevándose el cuarto set por 6-3 rompiendo de nuevo en el juego decisivo.

Todo se decidiría en el quinto set. "Él tiene hambre, yo tengo hambre... ¡hagamos un convite!", bromeaba Djokovic tras conocer que se enfrentaría a Alcaraz. Y lo organizaron para montar una de las mejores finales de la historia. La veteranía de uno poniendo a prueba los nervios del 'niño' prodigio que quiere quitarle la corona.

Unos nervios que estuvieron al límite en los 17 golpes que duró la bola de break del serbio para colocar el 2-0 en el parcial decisivo. "Vamos, Carlitos", le decía su padre. Y lo salvó, porque no había nervios. Con 40-40, una dejada taquicárdica congeló la sangre de las gradas. Una derecha terminó salvando el primer juego en el precipicio. ¿Recuerdan los nervios de los que se hablaba antes de empezar el partido? ¡Qué nervios! En el siguiente saque de Djokovic, le dio la vuelta a la tortilla y fue el quien cogió rompió la igualdad del set.

La final estaba encaminada y solo queda no perderla. "¡Carlos, Carlos!"volvía a gritar a todo pulmón toda la grada a un Alcaraz que ganaba su saque en blanco para colocar el 3-1. Se sentía quién quería ganar el partido y quién llegaba con más energía. El 'zagal' de El Palmar no dejaba ni al aviso del árbitro para volver a su fondo.

Ojalá pudieran ver las caras de los aficionados de la Central Court cada vez que Alcaraz soltaba su brazo de leyenda. Ellos, huérfanos de estrellas en territorio inglés, alucinan con otro español que da pasos hacia lo más grandes del deporte de la raqueta. El partido estaba tan encarrilado que solo un extraterrestre como Djokovic, que ya hizo algo parecido contra Federer en 2017, o el propio Alcaraz y la inexperiencia de estos momentos podía cambiar su sino.

El momento de la verdad llegaba con 5-4 y saque para Alcaraz, que fue entonces cuando sacar lucir lo mejor que tenía dentro. Un globo, una dejada en la red y forzar el error de Djokovic para caer a la hierba como nuevo Rey de Wimbledon. El tenista español es el tercer jugador más joven de la historia en levantar el trofeo de oro inglés, solo por detrás de nombres para la historia como Boris Becker y Bjorn Borg (que lo lograron por partida doble).

Alcaraz se convierte en el quinto español en levantar un título individual en Wimbledon tras Manolo Santana, Rafa Nadal, Conchita Martínez y Garbiñe Muguruza, la última en ganar aquí en 2017. Al mismo tiempo, suma su segundo título de Grand Slam rompiendo la igualdad con Carlos Moyá, Albert Costa, Manolo Orantes, Andrés Gimeno y su entrenador Juan Carlos Ferrero. Pero, quizás lo más importante, da un golpe a la historia venciendo a una leyenda en su 'jardín' para dar un cambio de ciclo quasi definitivo al tenis.