BALONCESTO SILLA DE RUEDAS

Carta de una deportista afgana recién llegada a España

Farahnaz Bahaduri, miembro de la selección nacional de baloncesto en silla de ruedas de Afganistán: "Ya no había ninguna sonrisa en las mujeres"

Farahnaz Bahaduri./ Relevo
Farahnaz Bahaduri. Relevo

Farahnaz Bahaduri, miembro de la selección nacional de baloncesto en silla de ruedas de Afganistán: "Ya no había ninguna sonrisa en las mujeres"

Farahnaz Bahaduri

Farahnaz Bahaduri

"Como de costumbre, el día comenzó de nuevo y todo el mundo estaba ocupado con las tareas domésticas. Mi padre y mi hermano estaban en la tienda y mi hermana tramitaba sus documentos en el Ministerio de defensa para conseguir un nuevo trabajo. Yo estaba sentada en mi escritorio leyendo un libro. Estaba muy emocionada por el anuncio de los resultados de la prueba de acceso por la que tanto había trabajado día tras día. Era el sábado 15 de agosto, el día oscuro que no ha vuelto a brillar.

"Era sábado 15 de agosto, el día oscuro que no ha vuelto a brillar"

Farahnaz Bahaduri Jugadora de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas

Era como si hubiera perdido toda esperanza en el futuro. Mi padre nos avisó de la llegada de los talibanes. Había visto a los soldados llorando y con caras tan cansadas y pálidas como si sus armas fueran tan pesadas que ya no pudieran cargarlas. Mi padre llegó a casa a toda prisa diciendo que los talibanes se habían apoderado de la ciudad de Kabul, lo que me resultaba increíble. Cuando miré de cerca la cara de decepción de mi padre me di cuenta de que no estaba bromeando. Me sentí como una niña que ha perdido el abrazo de su madre y no le queda nada.

Mi miedo a los talibanes puede provenir de las historias que mi madre contaba sobre el anterior gobierno de los talibanes o quizás del hecho de que yo era una mujer. Tal vez se deba al día en que llegaron y nos golpearon a todos y esposaron a mi padre sin razón alguna. Tenía miedo por ser una Hazara (una minoría étnica en Afganistán y Pakistán que huye del autodenominado Estado Islámico, del Talibán, al Qaeda y otros movimientos radicales sunitas), una mujer y una deportista o por el hecho de no poder continuar con mi educación o practicar deporte.

A medida que pasaban los días, no estaba segura de si podía tener esperanzas en el futuro o debía olvidarme de ellas. Era como si no tuviera destino porque ya no había educación ni trabajo ni deportes para mí. La única opción para las mujeres era quedarse en casa y hacer las tareas domésticas.

"A medida que pasaban los días no estaba segura de si podía tener esperanzas o debía olvidarme de ellas"

Jugadora de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas

Ya no había ninguna sonrisa en los labios de las mujeres. Todo el mundo intentaba salir de Afganistán y los dos días que pasé en el aeropuerto sin comida ni agua fueron los peores de mi vida. Son días a los que no puedo ni poner nombre. Sí, los talibanes han cambiado, como dicen algunos, y se han convertido en personas más violentas aún para quienes el nombre de las mujeres es una vergüenza. Han acabado con todo lo relacionado con las mujeres, como la educación, el trabajo y el deporte, sólo por su género. Si le añades nuestra condición religiosa de hazaras, la cosa empeora. Las deportistas, periodistas y otras activistas ya no están a salvo, es como si ya estuvieran encarceladas. No se les permite decidir, viajar, trabajar…

"Ya no había ninguna sonrisa en los labios de las mujeres. Todo el mundo intentaba salir de Afganistán"

Jugadora de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas

Al igual que todas las demás mujeres, yo también estaba desesperada por la vida en Afganistán e intenté abandonar el país porque ya no quedaba nada de la vida, de la libertad, de ser mujer y de ser deportista.

Me pasaba todo el día en las redes sociales esperando escuchar una buena noticia. Me alegré mucho cuando me enteré de que la entrenadora del equipo nacional de baloncesto en silla de ruedas, Nilofar Bayat, había conseguido instalarse en España. Me sentí libre de nuevo y le envié un mensaje desde la desesperación para preguntarle si había alguna forma de que nos ayudara para poder volver a jugar al baloncesto, a continuar nuestros estudios y a ser libres. Más tarde, me agregaron a un grupo de WhatsApp en el que un amigo del entrenador estaba tratando de encontrar la manera de ayudarnos a reubicarnos.

No teníamos pasaportes y teníamos que ir a otro país, lo que no era posible en ese momento. Cada día parecía tan largo como un año entero y estaba perdiendo la esperanza. Los talibanes establecieron nuevas limitaciones y dibujaron nuevos círculos alrededor de las mujeres. Quería ser libre como un pájaro y salir volando.

Después de 8 meses y de muchos esfuerzos y dolor, de ser golpeada por los soldados talibanes, por fin conseguí mi pasaporte. Un periodista de buen corazón, Antonio, de España, a quien nos presentó nuestro entrenador de baloncesto, se puso a trabajar para ayudarnos a salir del país. Quería darnos una sensación de esperanza y de vida en la que no hubiera miedo a los talibanes. Ser un ser humano libre. Tal vez era nuestro ángel de la guarda que quería que volviéramos a jugar al baloncesto y a sostener la pluma.

"Tal vez era nuestro ángel de la guarda que quería que volviéramos a jugar al baloncesto y a sostener la pluma".

Jugadora de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas

Para llegar a España, tuvimos que viajar a un segundo país. Después de conseguir mi pasaporte, intenté conseguir el visado de Pakistán, pero no lo conseguí después de seis intentos y no sabía qué me deparaba el futuro. Entonces solicité el visado de Irán y finalmente lo conseguí. Tuve que ir allí en avión porque no me era posible viajar por tierra. Seguía teniendo miedo porque no tenía suficiente dinero y por el hecho de que los talibanes no permitían que las mujeres viajaran solas sin saber que las mujeres son más valientes que los hombres. 

Finalmente, llegó el momento de viajar. Era un martes que nunca olvidaré porque era el día en el que tenía que despedirme de mi familia, de mis amigos y, sobre todo, de mi patria, pero ya sabía que no había futuro para mí en Afganistán. Cuando llegó el momento de irme, lloré mucho por mi país, por mi educación y por todos los esfuerzos que hice para ser admitida en la universidad. Sin embargo, partí hacia el aeropuerto desde donde íbamos a viajar a Mashhad, Irán. Yo seguía teniendo miedo porque mi padre no tenía pasaporte para acompañarnos, pero él seguía estando a nuestro lado en la medida de lo posible.

Para mí era el único apoyo seguro. En ese momento, estaba llorando porque sabía que no iba a poder volver a verme en mucho tiempo y no sabía el futuro que nos esperaba a mí y a mi madre. Despedirme fue muy duro, pero tuve que salir para liberarme de la prisión en la que nos habían metido.

"Despedirme fue muy duro pero tuve que salir para liberarme de la prisión en la que nos habían metido"

Jugadora de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas

En Mashhad, Irán, está el santuario de nuestro octavo imán, al que fui y me sentí un poco relajada, pero sentía nostalgia y no podía olvidarme de mi familia. Luego partimos hacia Teherán (Irán), donde me quedé unos seis meses en los que pasé muchas dificultades por estar lejos de mi familia, por no tener hogar, por la incertidumbre sobre mi caso de inmigración y por mi patria y su gente.

Finalmente, mi viaje comenzó y, a pesar de todos los retos, tenía la esperanza de un futuro mejor en el que pudiera ser conocida como alguien que sabe hacer deporte. Mis tres compañeras de baloncesto y yo partimos hacia el aeropuerto sin saber lo que nos esperaba en un nuevo país con una cultura diferente y una nueva condición. Primero viajamos a Catar, donde estuvimos 12 horas, y luego pudimos volar a España.

Aquí, en España, hemos sido acogidas calurosamente por la gente de buen corazón, lo que me ha dado una sensación de libertad, humanidad y seguridad. No obstante, me preocupan los recientes atentados y ataques suicidas en Afganistán porque mi hermano va a la escuela y mi familia está expuesta. Además, todavía no estoy muy segura de poder jugar al baloncesto, sostener un bolígrafo, continuar mis estudios universitarios o volver a visitar a mi familia. ¿Será posible que pueda coger la mano de mi padre o un balón de baloncesto y volver a reunirme y reírme con los miembros de mi familia?

"¿Será posible que pueda coger la mano de mi padre o un balón de baloncesto y volver a reunirme y reírme con los miembros de mi familia?"

Jugadora de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas

 

Espero que todos mis sueños se hagan realidad con el apoyo del gobierno español y de personas de buen corazón. Deseo poder ayudar a mi familia".