El Belfius Hockey Arena de Wavre, la nueva sede belga que estrena Mundial

Bélgica organiza su primer Mundial de hockey en un estadio nuevo en Wavre, sede donde juegan las dos selecciones españolas.

Vista general de un estadio de hockey al atardecer, con la grada llena y los focos encendidos
Foto: Brieuc Verstreken / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0), recortada a 16:9.

Bélgica organizará por primera vez en su historia un Mundial de hockey hierba, y lo hará en una instalación que hasta hace nada no existía como recinto de hockey: el Belfius Hockey Arena de Wavre, la nueva casa permanente del hockey belga, levantada sobre un viejo campo de fútbol.

Allí, del 15 al 30 de agosto de 2026, se disputará la mitad de un torneo que Bélgica coorganiza con Países Bajos, y allí juegan íntegramente las dos selecciones españolas, la masculina y la femenina.

Un país que nunca había sido anfitrión

Que Bélgica no hubiera acogido nunca un Mundial de esta disciplina dice mucho del camino recorrido por un deporte que allí ha pasado de minoritario a fenómeno. El país compartirá la organización con Países Bajos, que suma su cuarta cita como sede, mientras los belgas debutan en ese papel.

El reparto de partidos es sencillo: el Wagener Stadium de Amstelveen, inaugurado en 1938, acoge una mitad, y el recinto de Wavre, la otra. Es apenas la tercera vez en la historia que los cuadros masculino y femenino conviven en las mismas sedes, tras Utrecht 1998 y La Haya 2014.

Del Justin Peeters a la Belfius Hockey Arena

El estadio no se ha construido de la nada, y conviene decirlo con precisión. Lo que hoy es la Belfius Hockey Arena era el estadio Justin Peeters, un campo de fútbol que desde 1988 albergó al Racing Jet de Wavre.

La reconversión, firmada por el estudio Cerau con la ingeniería de Sweco, sustituyó el césped por un tapiz azul de hockey y modernizó accesos, vestuarios, palcos y sala de prensa. La obra rondó los diez millones de euros, repartidos entre la Región valona, la provincia del Brabante valón, la ciudad y la federación belga.

La capacidad es la clave del diseño, porque debe servir para dos vidas distintas. El recinto cuenta con 4.000 plazas fijas, una tribuna principal de 2.800 y otra enfrentada de 1.200, pero durante el Mundial se ampliará hasta 10.000 con dos gradas provisionales, que se desmontarán al acabar.

La ciudad de Wavre conserva la propiedad y la federación explota la instalación con un alquiler de 25 años. Queda un legado deportivo permanente, no un decorado para 15 días de fiesta.

La apuesta de una generación dorada

El calendario de la inauguración no es casual. Bélgica llega a su Mundial en casa convertida en una de las grandes potencias del hockey masculino: campeona del mundo en 2018, oro olímpico en Tokio 2020 y subcampeona en el último Mundial, el de la India en 2023.

Que el estadio se estrene justo ahora refuerza la lectura de ciclo cerrado con broche. El recinto corona años de dominio deportivo con una sede por fin a la altura de sus resultados.

El impulso, además, es reciente y medible. En junio de 2026, los Red Lions se proclamaron campeones de la FIH Pro League 2025-26, su segundo título en esa competición, y con él firmaron el primer billete masculino para los Juegos de Los Ángeles 2028.

La selección belga encabeza también el ranking mundial de la federación internacional desde hace años. Todo empuja hacia un mismo objetivo: recuperar el trono mundial en su propio patio y ante su gente.

La baza española se juega en Wavre

Aquí es donde el torneo mira de reojo a España, aunque sea de forma indirecta. El sorteo del 17 de marzo de 2026, celebrado en Amsterdam, dejó a las dos selecciones españolas encuadradas en grupos que se disputan en Bélgica, es decir, en Wavre y no en suelo neerlandés.

Toda la fase de grupos española pasa por allí, lo que convierte al estadio belga en parada obligatoria para quien siga a los nuestros.

Los rivales ya están definidos y no son precisamente sencillos. El equipo masculino comparte el Grupo C con Australia, Irlanda y Sudáfrica, mientras que el femenino cayó en un Grupo C con la anfitriona Bélgica, Nueva Zelanda e Irlanda.

Para el aficionado español, esa coincidencia convierte a la Belfius Hockey Arena en una sede casi propia durante la primera semana. Wavre será el cuartel general español mientras dure la ronda inicial del campeonato.

Cómo será el Mundial y cómo llegar

El formato de esta edición estrena novedades que conviene tener claras. Desaparecen los cuartos de final: habrá dos fases de grupos antes de las semifinales, y solo los dos primeros de cada grupo avanzan a la ronda de campeones que reparte las medallas.

Wavre acogerá una semifinal masculina y una femenina, además de la final masculina del 30 de agosto; la femenina se jugará en Amstelveen el día anterior. El nuevo esquema premia la regularidad por encima del pleno a una sola carta.

Llegar hasta la sede belga, por lo demás, es cómodo. Wavre está a unos 35 minutos en tren desde Bruselas, con la ciudad volcada en un acontecimiento que ella misma califica de histórico y que aspira a atraer, según la organización, a cientos de miles de seguidores de todo el mundo.

El recinto acogerá además las finales del primer Mundial de Para Hockey que se disputa en la historia, del 21 al 25 de agosto; la fase de grupos se jugará en el Louvain-la-Neuve HC. La sede aspira a sobrevivir al torneo, con la Pro League fijada en Wavre cada verano a partir de este.

Queda por resolver la incógnita más atractiva, que es la puramente deportiva. En agosto se verá si la apuesta de ladrillo y cemento se traduce en resultados, si Bélgica confirma su favoritismo en casa y si España encuentra en este estadio un escenario amable para sus dos selecciones. El escenario ya está preparado; solo falta que ruede la bola sobre el tapiz azul.