El primer duelo de Brasil en este parón dejó la clara muestra de que la diez de Brasil no es solo un añadido a la figura de Raphinha, que en los últimos meses está brillando dentro de un Barça impecable. Desde la posición de mediapunta, lo jugó todo ante Australia en su primer duelo portando la ’10’ de Pelé, entre muchos otros.

El ’10’ es más que un número

En algún programa de televisión, hace ya bastantes años, Diego Armando Maradona contaba que a sus compañeros tenía que decirles siempre que se la dieran al diez para buscar una jugada decisiva: «¡Dásela al diez, viejo, no se la des al cuatro!», decía con vehemencia.

No es cualquier cosa que uno de los dorsales diez más célebres de la historia, si no el que más, encontrara esa parte esencial de lo que significa ese vínculo entre juego, jugador y dorsal que se ha creado en torno al número diez. Un número que ahora, en la selección de Brasil, recaerá en el jugador del FC Barcelona.

El diez no solo parecía reflejar una conducta en el campo, también la capacidad para liderar, ser jerarca y cambiar partidos. Más allá de Argentina, Camerún, Italia o Japón, la figura del diez siempre ha trascendido países, continentes y épocas. Sigue siendo un atajo para encontrar al futbolista diferente.

El estreno de un dorsal muy especial

Ante Australia, Brasil volvió a sufrir más de la cuenta. No ha cambiado mucho su imagen desde una Copa del Mundo 2026 decepcionante. Esta vez, ya con la ’10’ a la espalda, el jugador del Barça intentó ser clave dentro del partido, ejerciendo como enganche por detrás del delantero y tratando de hacer funcionar una máquina demasiado compleja.

El gol de Nestory Irankunda a punto estuvo de hacer caer a Brasil en el primer amistoso de Ancelotti post-Mundial. Además, la pequeña revolución en la convocatoria de Ancelotti casi no tuvo reflejo en el once ni en los cambios, pues apenas se vieron caras nuevas y aún menos fueron los efectos deseados en el césped.

Al final, el ’10’ fue capaz de dar el pase de gol a un Rayan que logró igualar en el tiempo de descuento para evitar la derrota de Brasil. Una selección que respiró a través de un Raphinha activo, intenso, que lo jugó todo como líder dentro del campo y con un fútbol que, hoy por hoy, lo hace indiscutible en el contexto brasileño.

En el segundo partido, también ante Australia, ya se vio una versión más entonada de una Brasil que ganó por 2-4 al equipo de Oceanía, que apenas pudo sostener la vorágine ofensiva de un equipo más resuelto y cómodo en el campo. Sin embargo, Raphinha, más allá de marcar desde los once metros, se fue tocado.

En este caso, el capitán blaugrana hereda un dorsal que significa mucho también en Brasil, donde lo han portado algunos de los mejores futbolistas de la historia de ese bendito país donde la pelota es religión. Una nación que lleva demasiados años sin notar el efecto de saberse dueña del juego.

El largo viaje de Pelé hasta Raphinha

Heredar un dorsal que ha llevado el mejor jugador de la historia de un país tiene un peso específico. Una responsabilidad que no todos son capaces de asumir dentro de una selección pentacampeona del mundo. Brasil le ha dado ese privilegio a Raphinha en plena racha goleadora, y el del Barça ya ha sido capaz de estrenar esa camiseta que muchos otros llevaron en el pasado con más o menos éxito.

Uno de los primeros cracks que portó el número ’10’ en Brasil fue Jair, una de las estrellas de ese equipo que cayó en Maracaná ante Uruguay en el célebre y terrorífico Mundial de 1950 para los brasileños. Más tarde, reconciliando con la historia a selección y camiseta, llegaría Pelé.

Durante toda su etapa como estrella de Brasil, Pelé fue el gran portador de la ’10’, luciéndola con orgullo en los cuatro Mundiales que disputó, ganando tres de ellos (1958, 1962 y 1970). Su figura es esencial a la hora de entender el apego de Brasil al ’10’ de la ‘canarinha’ y, sobre todo, su trascendencia a través del mejor de todas las épocas en el país.

Tras él, el peso cayó en otro fenómeno, también campeón en 1970, como Rivelino. Un jugador capaz de volver locas a las defensas y que se rumorea que tiene el honor de haber inventado el famoso regate de la elástica, con el que tantos han deleitado al público. Probablemente, la mejor zurda de la historia de Brasil.

No cayó en malas manos, pues llegó a Zico en una etapa compleja en cuanto a títulos, donde Brasil decayó mucho en materia mundialista. Aun así, el astro del Flamengo fue clave dentro de la selección junto a Sócrates, especialmente en el Mundial de 1982 celebrado en España.

Después, decayó un poco la trascendencia de un dorsal que pasó por la espalda de Tita, Edu Marangon o Bismarck, antes de que otros como Raí, Juninho Paulista, Careca, Leonardo o incluso Denílson trataran de elevarlo de nuevo.

La relevancia volvió con ellos, pero también con los que empezarían a portarlo a finales de la década de los 90 y comienzo de siglo, con la llegada de figuras como Rivaldo, Alex, Ricardinho, Diego o Luís Fabiano, antes de que otros como Robinho, Ronaldinho o Kaká volvieran a darle lustre, ya con el Mundial de 2002 conquistado previamente como baluarte.

A posteriori, figuras como Paulo Henrique Ganso, Oscar o Neymar, el último dueño fijo de la ’10’ de Brasil, han sido portadores de un número que significa mucho en un país que sigue buscándose a nivel futbolístico tras estos años de recuperación del talento sin grandes títulos.

Hoy, Raphinha recibe el honor que ya había saboreado en la temporada 2023/24, pero ahora con un peso muchísimo mayor. En plena reconstrucción, esta Brasil venida a menos no puede tener los ojos más puestos en el jugador del Barça como una de las vías primordiales para la necesaria mejora de la pentacampeona mundial.