MUNDIAL DE CATAR

Creció con Di María, fue vecino de Messi y grita el himno como un ecuatoriano más

Hernán Galíndez nació en Rosario, pero defiende la portería de La Tri tras una larga carrera en clubes modestos de Ecuador y un terremoto que le marcó de por vida.

Hernán Galíndez se abraza con Alexander Domínguez tras ganar a Catar./Reuters
Hernán Galíndez se abraza con Alexander Domínguez tras ganar a Catar. Reuters

Hernán Galíndez nació en Rosario, pero defiende la portería de La Tri tras una larga carrera en clubes modestos de Ecuador y un terremoto que le marcó de por vida.

Patxo De la Rica

Patxo De la Rica

Hernán Galíndez cantó ¡Salve, oh patria!, el himno de Ecuador, como un ecuatoriano más en el partido inaugural ante Catar. Se sabe la letra de arriba a abajo. La siente y la grita. Mano en el corazón. La disfruta de la misma forma que saborea la experiencia de defender la portería ecuatoriana en el Mundial de Catar, pese a haber nacido en Argentina. Una aventura que le ha llegado en el final de su carrera, después de muchos años luchando para obtener la nacionalidad ecuatoriana tras una larga trayectoria en clubes modestos del país sudamericano.

Hernán Galíndez canta el himno ecuatoriano en el partido inaugural del Mundial.

Su infancia en Rosario, su ciudad de nacimiento y donde compartía campo con Ángel Di María o Leo Messi, queda ya muy atrás. "Ecuador es mi país y voy a defenderlo con todo lo que tenga", dijo tras la primera victoria ante Catar. Así lo ha defendido en los últimos años, asentado en Quito como portero de garantías, primero en Universidad Católica y ahora en Aucas, reciente campeón del torneo nacional. Sin embargo, la razón para sentirse ecuatoriano es una de las mayores catástrofes que ha vivido el país en los últimos años.

El 16 de abril de 2016 un terremoto de 7,8 en la escala Richter asoló la costa ecuatoriana, costando la vida a más de 700 personas, decenas de desaparecidos y miles de heridos. Allí cambió todo. "Decidí quedarme a vivir en Ecuador y nacionalizarme en 2016 a raíz del terremoto. Cuando pasé por un supermercado para comprar alimentos y ayudar a los afectados por la catástrofe, vi que todo estaba vacío porque la gente envió todos los productos a la Costa. Me emocioné mucho y ese día dije 'quiero quedarme a vivir acá'", explicó en una entrevista en Diario Expreso.

Quién se lo iba a decir a aquel niño nacido y criado en Argentina. "Ser rosarino es una forma exagerada de ser argentino", dijo una vez Jorge Valdano. En el caso de Galíndez, así sucedió en su niñez, cuando vivía en un barrio vecino al de Leo Messi en el sur de la ciudad. "Nunca fuimos amigos, pero nos cruzábamos mucho adentro de la cancha. Tenemos la misma edad y vivíamos muy cerca. Messi siempre estaba en los equipos que salían campeones o peleaban por el título. Tengo esa anécdota de que me convirtió el primer gol que me hicieron en mi vida", contó en una entrevista con La Nación.

"Con Messi nos enfrentamos en todas finales, tengo algún DVD de haberle ganado un partido, pero casi siempre ganaba él"

Hernán Galíndez Portero de la selección de Ecuador

De quien sí es buen amigo es de Ángel di María. Hernán es un año mayor, pero compartieron equipo en las formativas de Rosario Central en los años previos al debut de ambos con el primer equipo. Desde entonces, sus carreras han sido completamente opuestas, pero recientemente se cruzaron en los cuartos de final de la Copa América 2021. Se abrazaron e intercambiaron sus camisetas y varios mensajes en redes sociales. Ahora, en Catar, podrían volver a enfrentarse, siempre que Ecuador y Argentina se clasifiquen hasta los cuartos de final y los resultados les coloquen en el mismo lado del cuadro.

Larga batalla por la nacionalización

En 2012, con 25 años, Galíndez llegó a Quito para jugar en Universidad Católica. Un club sin apenas afición y que entonces luchaba en la segunda categoría del fútbol ecuatoriano. Con él en la portería lograron el ascenso, se consolidaron en Serie A e incluso lograron alguna clasificación esporádica a competiciones continentales. Buen portero, pero sin mucho nombre por aquel entonces.

Más allá del césped, el portero se enamoró del país y de la forma de vida que tenía en Quito. Pero fue el temblor sucedido en la provincia costera de Manabí, a cientos de kilómetros de la capital, el que le terminó de convencer. Tras el terremoto de 2016, Galíndez comenzó una larga lucha por lograr la nacionalización, que finalmente consiguió en febrero de 2019. 

La falta de grandes especialistas en la portería de la selección, y con la nacionalización bajo el brazo, Gustavo Alfaro le convocó en octubre de 2020 en una de sus primeras listas al mando de La Tri. A priori, acudía para ser un complemento ya que Alexander Domínguez, Pedro Ortiz e incluso Moisés Ramírez parecían los favoritos. En junio, sin embargo, le llegó el premio y fue convocado a la Copa América 2021 en la que, ante todo pronóstico, debutó y se ganó el puesto de titular.

Su buen hacer con el combinado nacional le abrió puertas también a nivel de clubes. Tras una década defendiendo el arco de la Universidad Católica de Quito, cambió de país. Firmó por Universidad de Chile, donde vivió una etapa muy dura, siendo muy criticado. "No puede ir ni al supermercado, le dicen barbaridades en todos lados, agreden a su familia y recibe cataratas de insultos", contó Rodrigo Abadie, su agente.

Ecuador volvió a rescatarle. Aucas, un club histórico pero sin títulos en su palmarés hasta entonces, ha sido su nueva casa los últimos seis meses. El destino le tenía preparado otro gran premio: el 13 de noviembre se proclamó campeón de la Liga Pro de Ecuador parando un penalti decisivo ante Barcelona de Guayaquil, el club más laureado del país. Sin tiempo de celebrar, se subió a un avión y se sumó a la expedición de la selección ecuatoriana para vivir su primer Mundial. 

El estreno no pudo ser mejor, disfrutando del doblete de Enner Valencia con la tranquilidad de mantenener la portería a cero para sumar tres puntos claves ante Catar. "Es un sueño cumplido", dijo al finalizar el partido. El viernes, ante Países Bajos, volverá a poner su mano en el corazón, acariciará el escudo nacional y cantará el himno disfrutando como un ecuatoriano más.