España es campeona del mundo. Y, en una cita de este calibre, no podía faltar Letizia Ortiz, la reina. Acompañada por su hija Sofía, ambas han sido una más: cánticos, complicidad en la celebración, camiseta personalizada, fotos y muchos bailes. El gol de Olga Carmona ya es historia, igual que las lágrimas de Jenni, Athenea y el MVP de Aitana Bonmatí. Jorge Vilda lo adelantó en la arenga con su «la habéis liado muy gorda«. Y la celebración no ha dejado indiferente a nadie.

«¡Que bote la reina!» y «Sofía, Sofía…» han sido dos de los cánticos más repetidos cuando Letizia y su hija se han sumado a la celebración de la Selección española. Teñidas de rojo y con una camiseta personalizada, la emoción del momento les ha impedido mantener la neutralidad e inocencia propia de quienes entregan las medallas y el trofeo. En un primer momento, Letizia charlaba tranquila con Infantino y Luis Rubiales, uno de los más animados de la celebración. En el momento de entregar las medallas, Sofía, cubierta por una bandera de España ha saludado con cariño y emoción a todas las jugadoras. Muchas de ellas seguían llorando, otras saltaban, brincaban y jugaban junto a la mascota del Mundial.

Mientras Luis Rubiales abrazaba y besaba a Jenni Hermoso, la reina lo tenía claro: sonrisa de oreja a oreja, abrazos cálidos y a disfrutar. Ivana ha sido la última en pasar por los brazos de Letizia y la primera en levantar el trofeo. Fuegos artificiales, gritos, cánticos y mucha emoción.

Mientras la copa pasaba de mano en mano, Letizia y Sofía no perdían de vista la celebración. El staff técnico invadió el escenario, al igual que la reina y la infanta. Seguían siendo una más. Más bien, en ningún momento dejaron de serlo, aunque Infantino las separase de la celebración para continuar con el protocolo. Risas junto a Alexia, Misa y Rubiales, que se postulaba como el alma de la fiesta. Incluso llegaron a tocar y levantar la copa antes de emplazar la celebración al césped.

Por último, baño de masas con los aficionados españoles. Las futbolistas de la Selección sabían que la reina y la infanta tenían que estar ahí, y de ello se encargaron: bailes en el centro del corro, cánticos y un manteo que no llegó a producirse. Poco después, Letizia y Sofía chocaron las manos de los presentes en el estadio mientras aplaudían y agradecían el apoyo. Una celebración ‘real’ y para la historia.