FÚTBOL FEMENINO

El infierno de Ana González en el Dépor: "Tenía miedo de salir a la calle"

La segunda entrenadora de Miguel Llorente, Ana González, rompe su silencio en Relevo para contar lo que vivió en el Dépor Abanca.

Ana González, segunda entrenadora del Dépor Abanca en la temporada 21/22, durante la entrevista con Relevo./RELEVO/MARTA CAPARRÓS
Ana González, segunda entrenadora del Dépor Abanca en la temporada 21/22, durante la entrevista con Relevo. RELEVO/MARTA CAPARRÓS
Marta Caparrós

Marta Caparrós

La protagonista de esta historia tenía 26 años cuando todo ocurrió. Hoy, con 28, ha conseguido reunir la "fuerza" para hablar. Ana González fue, durante la temporada 2021/2022, la segunda entrenadora de Miguel Llorente, el técnico que dirigió al Dépor Abanca y que provocó un terremoto en el club: un motín, una denuncia anónima, una investigación, una baja por ansiedad y una resolución exonerando al técnico.

Según testimonios a los que Relevo ha tenido acceso, el equipo femenino del club vivió durante esa temporada actitudes intimidatorias por parte de Llorente, que influyeron negativamente en el ambiente y provocaron que varias jugadoras manifestaran su deseo de abandonar el equipo. Su conducta también afectó a Ana, su segunda entrenadora, contratada "a media jornada", que acabó dejando su puesto de trabajo y su vinculación con el mundo del fútbol, tras meses de ayuda psicológica. Dos temporadas después, rompe su silencio en Relevo.

Nunca habías hablado públicamente, ¿por qué ahora?

No, nunca hablé públicamente. Creo que es el momento, creo que de alguna manera he renacido. Creo que se escuchó su historia, se escuchó lo que él quería decir, que es totalmente lícito, pero me toca a mí y me veo fuerte para hacerlo. Me toca. Tenía que hacerme fuerte para poder contar mi historia. Y a partir de aquí que la gente juzgue y conozca ambas versiones.

Vayamos al principio: ¿Cuándo empezaste a jugar al fútbol?

Empecé a jugar al fútbol con ocho años en un equipo de mi pueblo, en Redondela. Querían juntar a un grupo de chicas para un equipo femenino. Y así empezó todo. En mi pueblo. Primero de jugadora y acabé siendo portera. Iker Casillas era en el que más me fijaba. Tener referentes femeninos era imposible.

¿Y cómo llegas al fútbol profesional?

Me vine a estudiar a A Coruña. El primer año viajaba a Vigo con mi equipo, pero entrenaba a un equipo, el Orzán. En 2016, cuando se creó el Dépor Abanca, me llamaron para iniciar ese proyecto y fue donde me adentré de manera profesional. (...) Al tercer año, cuando el Dépor ascendió a Primera, yo era muy mayor. Tenía 23 años y no podía tener ficha del B. Entonces, me dijeron que tenía que decidir si acabar la carrera o marcharme fuera de Galicia y encontrar un equipo profesional. A mí me dolía todo, me dolía la muñeca, me dolía la espalda y decidí continuar por otro lado. El que era el segundo entrenador en el primer equipo, me dijo: "Oye, tengo un sitio para ti en el Orzán. Vente y enseña a las niñas, porque creo que vales". Y empecé a entrenar al equipo senior.

Ana González durante su etapa como portera en el Dépor Abanca.
Ana González durante su etapa como portera en el Dépor Abanca.

¿Cómo vuelves al Dépor y cuál fue tu primera impresión de Miguel Llorente?

Me llegó por sorpresa la destitución de Manu Sánchez y Pablo Pereiro y me llegó por sorpresa una oferta de trabajo del Dépor para, en principio, ocupar un puesto, y después para ser segunda.

La primera impresión no fue hasta que llegamos a Abegondo. Nos reunieron a todos, vino David Villasuso (director general del club) y nos dijo: "Este es el primer entrenador". Yo la única referencia que tenía de él es lo que había leído los días anteriores sobre su currículum, dónde había estado, qué había hecho. Y fue allí, en el primer día de entrenamiento, cuando lo conocí. Vino con la que ahora es su mujer y poco más, o sea, una persona que venía a trabajar y punto.

¿Cuándo empiezas a pensar que algo no va bien?

No lo vi directamente hacia mí. Lo vi a través de mis compañeras y de las jugadoras. Con nosotros al principio era un tiento, pero lo veía con las jugadoras. Tenía actitudes que a mí no me gustaban. (...) Hacía referencia de forma despectiva a la discapacidad de Eva, que tiene un problema auditivo, y él siempre decía que cuando él hablaba, ella no le entendía porque era sorda, que estaba muy mimada… Alguna vez se metía con el peso de las jugadoras. A veces se lo decía directamente: "Estáis comiendo muchas veces fuera, que lo veo en redes sociales".

¿En qué cambió tu vida por trabajar con Llorente?

Hubo dos fases. Una primera fase donde me callaba todo, donde pensaba: "El trabajo es el trabajo y te encuentras a gente buena y a gente mala". Y una segunda fase donde llegó un momento que lo cogí a un lado y le dije: "Oye, esto no me parece normal, esto no es normal". Me di cuenta de que la situación laboral en la que estaba no era óptima, no era correcta. Me afectó en que, por ejemplo, veo mucho menos fútbol. Evito mirar fútbol, evito mirar redes sociales de cosas relacionadas con fútbol. He cortado lazos con el fútbol. No he vuelto a ningún otro campo. Notaba que no solo yo era segunda y él entrenador, yo era como un becario que tenía que adorarlo. Me cambió mi vida. Dejé de ir al gimnasio, dejé de quedar con gente, mi vida era casa y trabajo. Poco veía a la familia. Te metía miedo, miedo por todo. Estábamos finalizando la pandemia y me decía: "Es que te vas a contagiar, es que ten cuidado, es que deberías estar trabajando, deberías estar atenta del móvil". Es que yo el móvil creo que nunca lo tuve sin batería y si lo tenía sin batería era una ansiedad. Igual iba a tomar un café y yo llevaba mi portátil, mi tablet y el móvil por si acaso él necesitaba algo. Perdí todo.

¿Qué pasaba si tú no respondías al teléfono?

Pues alguna vez me lo recriminó. Más de una vez. Que tenía que estar atenta, que era mi trabajo y que tenía que estar disponible. Yo sentía que lo que tenía que hacer era normal. Decía: "Esto es trabajo. Esto es fútbol". Pero llegó un momento en el que me afectó a la salud. Dormía pocas horas, casi no comía o comía rápido… Yo le decía: "No sé ser segunda entrenadora, dime qué tengo que hacer". Yo estaba dispuesta a aprender, a todo.

Yo pensé que el problema era mío y pedí ayuda psicológica para que mejorara mi relación laboral. En la primera sesión dije: "Quiero mejorar mi relación laboral porque la culpa es mía, si yo no estoy cómoda, algo malo estaré haciendo yo".

Recuerdo que una vez terminé un vídeo a las doce de la noche y le pedí disculpas. Le dije: "Llorente, lo siento, te envío esto a estas horas de la noche porque acabo de terminar". Creo que ese día, me tomé el privilegio de salir a dar un paseo con mi pareja. Y me arrepentí. Es que tú tomabas una decisión y después te arrepentías porque sabías que había consecuencias. Me dijo que no era normal que le enviara cosas a esas horas, que él no tenía por qué estar disponible, que él tenía más vida. Al día siguiente, en el vestuario, me echó una bronca delante de todos mis compañeros, que eso no se hace, que él tuvo que ver el vídeo en un momento, que nosotros tenemos que dar una calidad perfecta, estar siempre ahí, al mínimo detalle. Si yo le enviaba un vídeo y él me contestaba a las dos de la madrugada porque estaba dando un paseo, yo en esas horas al principio me iba a dar una vuelta, pero después no me iba a dar una vuelta. Me quedaba en casa esperando a que él me dijera si el vídeo estaba bien, si estaba mal.

¿Se metía en tu vida privada?

Muchas veces. Por ejemplo, me encantaba ir al gimnasio. Entonces, él me decía que si iba al gimnasio con FFP2, que tuviera mucho cuidado, que no vaya a ser que cogiera el covid y tuviera que estar de baja, que cuándo le iba a devolver esos días a la empresa. Eso era una constante. Si quedaba con alguien, me decía que tenía que quedar fuera, en una terraza, por si acaso cogía el covid y que cómo le devolvía los días a la empresa. Si en navidades iba a comer con mi familia… Que tuviera mucho cuidado, que no cogiera el covid porque cuándo le devolvía esos días a la empresa. Y se metía en mi vida privada, en lo que hacía y lo que dejaba de hacer.

Ana González durante su etapa como segunda entrenadora del Dépor Abanca.
Ana González durante su etapa como segunda entrenadora del Dépor Abanca.

También hacía lo mismo con las jugadoras. Se metía en las redes sociales para controlar con quién estaban y por dónde estaban y lo que hacían. Y muchas veces hacía capturas de pantalla de las redes sociales de las jugadoras y las enviaba al chat del cuerpo técnico y hacía comentarios de "igual estas dos están juntas" o "ésta engordó muchísimo". Y hacía comentarios sobre las parejas de alguna de las jugadoras, que "estaban muy buenas", que si "qué tetas más grandes tiene", "yo le daba"… Hacía referencias hacia el cuerpo de las jugadoras y hacia mi propio cuerpo. Él muchas veces entraba en el vestuario. Ellas tenían un carrito con toda la ropa. Entonces, él veía la ropa interior. Y él entraba y decía: "¡Eh! Estos tangas, no sé qué... Este tanga debe de ser de...". También hacía comentarios sobre una jugadora que era de Nigeria, comentarios racistas sobre su cultura, su personalidad, su forma de ser. Muchas veces tenía conductas agresivas hacia las jugadoras y parte del cuerpo técnico, me incluyo, muchas veces.

"Llorente entraba en el vestuario, veía la ropa interior y decía: "¡Eh! Este tanga debe de ser de..."

ANA GONZÁLEZ Segunda entrenadora del Dépor femenino en la temporada 21/22

También hacía comentarios sobre mi dislexia. Yo a la hora de expresarme soy un poco errática y cuando daba el análisis del equipo rival igual escribía unas letras y estaban cambiadas. Me cuesta medir bien las distancias, entonces si yo colocaba unos conos, él venía y los cambiaba. Y era como: "Joder, tienes que estar atenta. Te dije que eran cinco metros". Yo le decía: "Lo siento, es que no soy capaz de medir cinco metros". Hay palabras que las pronuncio mal, entonces las evitaba. Porque él soltaba una carcajada y yo me sentía mal porque sufrí mucho en el colegio por culpa de la dislexia. Yo le decía: "Mira, Llorente, yo tengo dislexia, esto es lo que ocurre. No es algo que pueda controlar". Él me respondía que él no sabía lo que era eso.

¿Cómo te afectó emocionalmente?

Yo tenía ataques de ansiedad porque no dormía, no descansaba. Yo estaba hasta las 04:00 trabajando, dormía y dejaba el ordenador encendido con una alarma para despertarme. Era una ansiedad constante por estar disponible, por estar 24 horas.

¿Cuándo te diste cuenta de que no era solo tu responsabilidad?

Hablé con una compañera del club que me dijo: "A mí también me está pasando". Se me encendió la luz. Empecé a contactar con el coordinador, con el que tenía buena relación, con el entrenador del B, que había sido mi entrenador, y empezamos a unir todos los lazos: "Oye, a mí me pasó esto con él", "a mí me pasó esto"... Te empieza a llegar información y dices: "No es culpa mía. Es este señor". Y las jugadoras empezaban a hablar entre ellas, pasabas por ahí y lo veías, muchas veces lloraban después de los partidos. El ambiente no era el que tenía que ser.

¿Cómo definirías ese ambiente?

Tenso. Constantemente, había tensión en el ambiente. Era una tensión constante por no cometer un error, no decir una palabra que estuviera mal dicha y sobre todo, el estar ahí permanentemente.

¿Era habitual que las jugadoras lloraran?

Empezó a ser habitual a partir de enero o febrero. Es verdad que los resultados no acompañaban. Pero no era porque tuviéramos malas jugadoras. Teníamos un perfil muy bueno, que competían muy bien. Pero necesitan una base, un entorno que les ayude a competir bien.

La actitud de él era de superioridad, de alguna manera, intentaba que el grupo de jugadoras no se rebelase. Entonces, te hacía sentir inferior con sus comentarios. Un pequeño comentario: "Oye, no comas tanto". Con pequeños comentarios y pequeñas actitudes te hacía sentir cada vez peor, que no valías para estar allí, que mejor que te dedicases a otra cosa.

¿Te contactaron alguna vez para explicarte su situación y decirte que querían dejar el fútbol?

Sí, hubo en concreto dos jugadoras. Ale Serrano y la portera Ana Vallés, que lo dejó justo el año que finalizó el contrato.

¿Forzaba a jugadoras que no estaban bien físicamente a jugar?

Sí, a muchas, muchas. Por ejemplo, en un encuentro ante el Racing, que fue mi último partido, hubo varias jugadoras vendadas en la zona del muslo porque tenían microroturas musculares o rotura muscular y tenían que forzar porque él no confiaba en otra gente que no fueran ellas.

"Fue el año más duro para mí. Por un momento, dejé de ser persona".

ANA GONZÁLEZ

¿Cómo recuerdas ese año?

El año más duro emocionalmente para mí. Por un momento, dejé de ser persona. Dejé de pensar en mí, en lo que yo sentía, para centrarme en eso. Es como una relación tóxica que todo tu alrededor te dice que no está bien y tú dices: "No, bueno, ya cambiará, ya irá a mejor". Y te das cuenta de que no, que tú cada vez estás peor por dentro y lo de fuera tampoco mejora. Empecé con mucha ilusión. Era el trabajo de mi vida. Lo seguiré diciendo, y quien tenga amor por algo, sabe que es un amor incondicional. Y eso es lo que yo siento por el fútbol, un amor incondicional que por mucho daño que te haga, siempre lo vas a seguir queriendo. Ese era el trabajo de mi vida, el sueño de mi vida y se me jodió, se me jodió (se emociona). Dije: "Si esto es vivir del fútbol como entrenadora, no lo quiero. Si yo no puedo proteger a las jugadoras, si yo no puedo cambiar el deporte o cómo tratan a las jugadoras, yo no quiero estar ahí. Porque es una mierda, es una mierda cómo se trata a las jugadoras. El número que llevas detrás es el que te representa. El resto les da igual si estudias o no estudias, si te va bien, o te va mal. Tenía claro que si en algún momento llegaba a adquirir el rol dentro de un staff, estaba segura de que lo que me habían hecho a mí no les iba a pasar a ellas. Y pasó.

¿Cómo viviste el darte cuenta de que cambiar eso estaba por encima de ti?

Yo ya lo sabía. Cuando entré, dije: "Yo aquí voy a tener que pelear para hacerme un sitio, no sólo para cambiar la estructura, sino para que una mujer esté dentro. Yo aquí voy a tener que pelear mucho para hacer ver mi validez como segunda entrenadora". Yo ya lo sabía desde un inicio. Mi experiencia era poca, mi currículum era bueno, pero yo sabía que tenía que darlo todo. Lo que no sabía era que darlo todo suponía quedarme igual que como estaba.

¿Llorente te hacía comentarios sobre tu preparación?

Sí, con que yo tenía menos nivel de entrenador que él. Y yo le decía todo el rato: "Yo tengo el mismo nivel que tú. Tú tienes un nivel académico y yo tengo un nivel académico, tenemos el mismo nivel". Y ese comentario se repetía muchas veces. "Ah no, tú tienes un nivel dos". "No, yo tengo un nivel tres, aparte de que tengo una carrera, aparte de que tengo un posgrado, aparte de que voy a querer seguir estudiando". Yo pensaba: "O lo haces aposta o no quieres que yo a nivel curricular sea mejor que tú". No lo entendía. (...) El otro día recordé algo que mi mente había evitado. Y fue cuando Miguel Llorente me gritó delante de las jugadoras, que se quedaron pálidas. Me gritó de una forma desmedida. Creo que yo hacía los cambios de peto y creo que en ese momento no lo hice bien y me gritó de una forma que ellas se quedaron pálidas, pálidas. Acabó el entrenamiento y le dije que eso no se hacía, que si tenía algo que decirme lo hiciera en privado, que no me volviera a hacer eso. Me costó la vida entera, pero se lo dije. Pensé: "O le paras los pies o te agarra el brazo". No me pidió disculpas. Me dijo: "Bueno, mujer, tenemos que darle lo mejor a las jugadoras. A veces te tengo que apretar un poquito".

¿Cómo fueron los días previos a tomar la decisión de marcharte?

Me armé de todo. Recuerdo que me puse enferma, fui con fiebre a trabajar, estaba con amigdalitis. Fui a trabajar, vi que mi salud mental y física estaban empeorando y dije: "Hasta aquí hemos llegado. Mi cuerpo me está dando señales de que pare ya". Y así fue. Hablé con el coordinador y le dije: "Aitor, que me voy". Qué feliz me sentía. Me había sacado kilos de encima, había adelgazado. Sabía la que me venía encima. Había tomado la decisión, pero yo misma quise controlar cómo me iba a ir. Lo tenía muy decidido. Y antes de irme voy a hacer las cosas bien, lo mejor posible para que cuando me vaya nadie tenga nada que decirme. Y así fue. Desde el principio yo tenía claro que el primero que tenía que saber que yo me iba era Llorente. Le dije que me iba porque nuestra relación era mala, porque su actitud hacia mí no era la correcta y a mí no me estaba gustando. Le fui muy clara. Me pidió que me quedara. El siguiente paso era hablar con el club. Mi intención era decirle por qué me iba. Contacté con Villasuso (director general) por correo y me dijo que no podía. Me encontré a Rocío Candal (directora deportiva), hablé con ella, le conté la situación, que yo sé que ella lo sabía previamente. Ya estaba avisada de cómo era Llorente. Entre una cosa y la otra, hasta el martes no tuvimos la reunión. Les conté todo lo que había sucedido, todo lo que me pasaba a mí y cuál era el motivo de que yo me fuera. Les dije: "Esto es lo que hay, haced lo que vosotros creáis. Pero ojo cuidado, lo que tenéis aquí". Se abrió una investigación, no por esa reunión, sino por un correo que llega al canal ético. [El club inició el protocolo para esclarecer lo sucedido tras la llegada, esa misma noche, de un correo anónimo al Canal Ético, la herramienta habilitada por el Dépor para denunciar este tipo de situaciones].

¿Crees que el club actuó debidamente?

Yo era igual que una jugadora con un número a la espalda y había que apagar ese fuego, así lo sentí. Sentí que estaba obligada por mí y por las jugadoras a decirles lo que estaba pasando, pero sabía que pocas decisiones iban a tomar. Creo que el club no actuó de la forma que debía por la gravedad del asunto, que se vio obligado a actuar, no porque yo me iba, sino por la carta que llegó al canal ético. Pienso que lo que hizo el club fue protegerse a sí mismo y hacer como que allí no había pasado nada. Pero es verdad que al llegar la carta al canal ético tuvieron que intervenir. Pero estoy segurísima de que si no hubiera llegado la carta no se hubieran tomado medidas.

¿Cómo recibiste el resultado de la investigación?

Yo fui a la reunión sabiendo que quizás lo que decía no llegaba a puerto. Es decir, yo iba a leer lo mío y yo sólo me quería marchar y contar mi historia, contar lo que había sucedido y lo que había pasado. Ya sabía qué iba a pasar. Yo decía: "Podemos tener todas las pruebas del mundo que esto no va a llegar a buen puerto". A mí me iba llegando información de cómo se estaban haciendo las reuniones, a quién se reunía, con quién se hablaba y a mí no me daba buena sensación. Yo ya sabía que aquello no iba a llegar a buen puerto y cuando salió la resolución, que me llegó por el comunicado del club vía redes sociales, nadie me dijo nada. Me reí. Porque el comunicado decía: "No pasa nada, todo está bien, pero te llamo la atención".

¿Crees que Miguel Llorente representaba los valores del club?

Miguel Llorente desconocía los valores del club. El Dépor es muy grande. El Dépor es grande y suena a tópico porque se escucha mucho, pero el club es grande por los aficionados que tiene, por todo lo que le rodea, por su historia. No es un club cualquiera y los que están dentro, muchos de ellos, lo tratan como un club cualquiera y no lo es. Mueve mucha gente. La pasión por el fútbol que a mí me hace llorar es esa pasión que siente la gente por el club, que les hace llorar. Y lo están jodiendo. Lo están perjudicando.

¿Cómo fueron los días posteriores? 

Por miedo, por ansiedad, por angustia, me encerré en mi casa durante dos meses. Estuve dos meses en casa, tenía ataques de ansiedad varias veces al día. Mi día era dormir, levantarme y ponerme la tele. Tenía que tener todas las persianas bajadas hasta abajo del todo para que la gente no me viera desde la calle. No podía coger el coche, no podía ir al supermercado. Tenía miedo de salir de casa. Si salía, tenía que salir con alguien. Tenía miedo de que él viniera y me recriminara todo lo que estaba sucediendo. Sobre todo, que me recriminara que le había jodido la vida. Esa fue la sensación, la sensación de que nadie se había creído mi historia, que simplemente era una niña, que había tenido una oportunidad y que tenía que quedarme con eso, que mucha suerte había tenido de estar allí. Y esa fue la sensación.

¿Alguna vez, después de aquella reunión, hablaste con el club? 

Después de la reunión recibí varias llamadas de David Villasuso. Alguna en la que me recriminaba el motín de las jugadoras, que yo lo había provocado, que eso no era en lo que habíamos quedado, que no le dejé actuar, que no le había dado tiempo, que si sabía algo de la carta, que si había sido yo. Esas fueron las llamadas. La última fue para ir a testificar a la ciudad deportiva, pero me negué. Evidentemente, para mí yo era la víctima y aquel era mi agresor. Yo no quería ir donde él estaba. A partir de ahí no recibí más respuesta del club, ni una llamada, ni una carta.

¿Hasta hoy? 

Hasta hoy.