Lamine Yamal lleva meses engañando
El mejor verano de nuestras vidas siempre es el que ya ha pasado. El que no volverá. No por improbable, sino porque los veranos que se suceden, los que ya no están, toman un color distinto justo al acabarse para convertirse en míticos. Así, uno termina endiosando pachangas en la playa y tardes de piscina remolonas, como eternas bajo un sol de justicia. Pocos superan el de los 16, ese lapso de tiempo donde uno se ve mayor como el que más, pero todavía sin las responsabilidades de la vida adulta. Eternidad al cuadrado.