OPINIÓN

La cámara lenta

Sergio Sánchez

Sergio Sánchez

Álvaro Moreno Aragón, el árbitro del Granada - Albacete, muestra la cartulina roja a Boyomo. /LaLiga
Álvaro Moreno Aragón, el árbitro del Granada - Albacete, muestra la cartulina roja a Boyomo. LaLiga

Vamos a hacer un experimento. Cojan sus teléfonos y graben cualquier acto cotidiano. Puede ser desde lavarse los dientes a freír un huevo, pasando por jugar al fútbol. ¿Les parece insulso (no hace falta que prueben el huevo)?

Pues repitámoslo, pero ahora elijan la opción cámara lenta. Ya verán cómo les gusta más. El movimiento de las cerdas del cepillo, la puntillita saltona o esa gota de sudor cayendo por la frente, son otra cosa. Incluso propongo que intenten ese vídeo absurdo que muchos hemos hecho en la piscina de enganchar un disparo tipo Oliver y Benji, entre salpicaduras que saltan juguetonas hacia la cámara. O mejor, como ahora hace frío, en el césped de cualquier parque probemos a disfrutar de un remate de volea a lo Zidane. A cámara lenta, te puede salir, os lo aseguro.

Ese es uno de los componentes principales del llamado slow motion, su atractivo estético. Y como consecuencia de él, su poder transformador. Es entonces cuando surge el problema al aplicarlo al fútbol. ¿Lo que nos enseña es real? Sí, pero no con ojos de directo.

Esto supone que mezclamos dos conceptos diferentes que llevan a un resultado erróneo: la realidad paralela. Se valoran situaciones instantáneas mediante movimientos pausados adelante y atrás, a los que añadimos un matiz decisivo: no se tiene en cuenta que la intensidad es muy diferente cuando una imagen avanza en play o en review. Para ponerle números a la teoría, el famoso frame del que tanto se habla, son las 24 partes, pueden ser más, en las que se divide la imagen. Por sí solas no son apreciables al ojo humano, sí su sucesión. Esos 24 frames dan lugar a un segundo, ¡solo un segundo!

La tecnología nos permite apreciar cada una de esas partes, pero juzgarlas a cámara lenta hace perder la referencia temporal y espacial real. A otra velocidad, más lenta, nuestro ojo nos proporciona una información que la mente interpreta de forma errónea, pues no tenemos el botón que nos permita diferenciar la intensidad en tiempo real y a cámara lenta.

En el caso del VAR, ahora que empieza el Mundial, hubiera sido de gran ayuda para descubrir el codazo de Tassotti a Luis Enrique porque enseña lo oculto y la sangre, guste o no, proporciona información adicional para valorar la intensidad. Sin embargo, mientras Catar se activa, la Segunda sigue en marcha con los mismos problemas en el VAR que desde el inicio evidencia la Liga española. El partido entre el Granada y el Albacete quedó marcado por la polémica y la cámara lenta. Más allá de casos puntuales, juzgar una acción futbolística como un elemento aislado a cámara lenta o en foto fija, es como creer que aquella volea grabada en el móvil fue un golazo.