Hundido y a lágrima viva. Fue la imagen de la final de Washington el pasado mes de julio de 2025. Alex de Miñaur consolando a un Alejandro Davidovich que vio muy cerca la gloria. Hasta tres bolas de campeonato que se escaparon por milímetros. Quizá más superado aún, sabiendo que meses atrás había desperdiciado otra oportunidad para levantar su primer título en Delray Beach. El tenis se cebó con Davidovich, pero le tenía preparado un regalo maravilloso. «Es cuestión de tiempo», dijo de Miñaur sobre Davidovich. Y tenía razón.
El tenis le tenía un regalo preparado
El 2025 fue cruel para Davidovich, aunque firmase la mejor temporada de su carrera acabando dentro del top 15. Y digo cruel porque fueron cuatro finales perdidas. Además del lío de la Copa Davis donde no estuvo presente. «Él me dijo que si no entra en la primera lista, no contase con él», comentó David Ferrer. Unos meses difíciles para un Alex que decidió dar un cambio radical en su equipo.
Este era Alejandro Davidovich Fokina hace un año.
Llorando desconsolado tras desperdiciar tres puntos de campeonato y perder una nueva final.
Pensando seguramente si algún día podría ganar un título.
Hoy ya tiene tres. El tenis siempre da revancha. https://t.co/7dwjcoUKyi
— Tiempo De Tenis (@Tiempodetenis1) October 18, 2026
El malagueño finalizó su relación con Félix Mantilla. Una decisión que sorprendió a todo el mundo ya que junto a él había conseguido sacar su mejor tenis. Aunque Alex explicó meses después que no había sucedido nada, simplemente quería un entrenador que pudiera estar en todos los grandes, y Félix no podía. Por ello, se incorporó al equipo Mariano Puerta, finalista de Roland Garros.
El argentino había dejado hace unos meses de entrenar al estadounidense Brandon Nakashima y aceptó el reto de ‘Foki’. Hasta ahí parecía un proyecto ilusionante al tener al lado a todo un finalista de Grand Slam, con la experiencia suficiente para quizá ayudarle a gestionar mejor esos momentos de presión. Pero no fue así.
El desbloqueo gracias a Mariano Puerta
Sin grandes logros y marcado por las lesiones, llegaron turbulencias en la gira de tierra batida. Más si cabe en Roland Garros, cuando saltó todo por los aires. Mariano dio puerta a Alex y se fue de París sin decirle nada.
Todo ocurrió tras la victoria en el debut contra el bosnio Damir Dzumhur: «Me dijo que se iba al hotel y dos horas después recibí un mensaje suyo muy largo. Me dijo que se iba de forma definitiva y cogió un vuelo a Miami sin avisar al resto del equipo», desveló Davidovich en rueda de prensa. Incluso añadió que el técnico argentino les había bloqueado tanto a él como a su mujer Paloma Amatiste.
Una situación insólita: en el siguiente partido, contra el argentino Thiago Tirante, solo en el box a Pepo Clavet, quien se había incorporado un mes antes bajo un esquema en el que debía alternar semanas de acompañamiento con Puerta.
Y la verdad que la estampida del argentino fue el desbloqueo que necesitaba Davidovich. Se quedó solo al frente Pepo Clavet, con la ayuda de su hermano Pato, quien se incorporó al equipo semanas después, para guiar a un Alex imparable.
El efecto Clavet para ver a Davidovich campeón
Hay entrenadores que te cambian la vida y, sin duda, el caso de Alejandro Davidovich con los Clavet, Pepo y Pato, es uno de ellos. Qué manera de generar confianza en un jugador al que solo le faltaba un ‘click’ para levantar títulos. Y el primero llegó en la hierba de Mallorca.
Solo necesitaron dos meses para que el ‘efecto Clavet’ se manifestase y Davidovich dejase atrás los fantasmas del pasado. «Llevaba mucha rabia acumulada y estoy feliz de haber roto esta barrera«, dijo tras ganar en España. Además, valoró el equipo como clave para sentir la confianza: «El cambio que hicimos fue para mejor. Estoy muy contento con el equipo que tenemos».
La lesión en Wimbledon y el parón de dos meses y medio
Todo iba de maravilla. Hasta que una lesión en la espalda en Wimbledon le hizo parar. «Me hice una resonancia magnética y todas las pruebas, y tenía una protrusión, casi una hernia. Así que paré un poco. Después jugué en Umag y no le sentó bien a mi espalda. Tras eso decidimos parar para recuperar bien la espalda».
Fueron meses difíciles porque se perdió toda la gira norteamericana. Si se acuerdan, tenía que defender final en Washington, con la imagen de Alex de Miñaur consolándole. Se ausentó también del US Open. Incluso él mismo ha confesado que fue duro ver a sus rivales en pista y no poder estar ahí. Pero se armó de paciencia y volvió más fuerte.
El segundo llega en Chengdú
Todo el mundo estaba pendiente en Chengdú, en su regreso, para saber cómo iba a estar Alex de la espalda, pero parecía que no se había ido nunca. Y, sobre todo, sacó de manera espectacular y se movió demostrando que llegaba muy fuerte al último tramo de la temporada. Un nivel increíble que le llevó a levantar el segundo título de su carrera, tras ganar en la final al gigante polaco Hubert Hurkacz. Alex estaba disfrutando dentro de la pista. Algo que le faltaba volver a sentir.
Davidovich dejó atrás el primer torneo en China y puso rumbo a Tokio. No fue del todo bien. Todavía con la resaca de Chengdú, perdió en el debut contra el italiano Matteo Berrettini, cuartofinalista este año en Roland Garros y quien llegó a una final de Wimbledon en 2021.
El malagueño volvió a China con unos días de descanso para afrontar el penúltimo Masters 1000 de la temporada. Además, no era precisamente un lugar que se le hubiese dado precisamente bien. En sus tres participaciones anteriores, tenía más derrotas que victorias: 2-3. Sin embargo, Davidovich llegaba muy fuerte y lo demostró.
El camino hacia el primer Masters 1000
Fueron partidos no aptos para personas que sufren del corazón. Y es que en el de tercera ronda contra Frances Tiafoe, quien se está jugando estar en Turín, salvó una bola de partido en contra. Un encuentro de mucha tensión que terminó con el semifinalista del US Open destrozando la raqueta tras perder en el tiebreak del tercer set. Y ahí, Pepo fue clave. Supo guiar a un Davidovich que necesitaba soluciones en una pista y unas bolas que no entendía.
«Si te viene con efecto, bota más; si viene plana, desliza». Una frase que se llegó a escuchar durante la victoria, de nuevo en el tiebreak de la última manga, contra Hurkacz, a quien había ganado unas semanas atrás en la final en Chengdú.
Ya estaba en cuartos de final y se tuvo que enfrentar a la sensación del torneo, Arthur Gea. Aunque el francés llegó tocado tras todo el esfuerzo y tuvo que retirarse en el 4-1 del primer set. Alex ya estaba en la semifinal.
Enfrente, el jugador que más en forma está en la temporada, quien saltó a la pista sabiendo que ya es número uno del mundo. Sin embargo, Davidovich ganó a Alexander Zverev y volvió a una final de un Masters 1000, algo que no hacía desde Montecarlo 2022, donde perdió contra Stéfanos Tsitsipás.
Rafa Jódar hizo también los deberes para disfrutar de dos españoles en la final de un Masters 1000. Una situación que no ocurría desde Rafa Nadal contra Albert Ramos-Viñolas en Montecarlo 2017.
Una final con España con el corazón dividido
El madrileño empezó fuerte ganando el primer set en 27 minutos. Todo lo estaba haciendo bien. La derecha a más de 130 km/h, un alto porcentaje de primeros ganados y restando a la línea dejando sin capacidad de reacción al malagueño. Vamos, que Rafa terminó la primera manga con solo tres errores no forzados dejando a Davidovich sin winners en su golpe estrella, como es la derecha. Incluso los rallys largos se decantaban todos a favor de Rafa, siete de siete por encima de nueve intercambios.
«Está la bola lenta», decía Pepo Clavet. Es decir, Alex tenía que acelerar la bola y ser más agresivo. No paraba de darle soluciones y de animar a su pupilo.
Sufrió, y mucho, eso sí. Sobre todo, en el último tramo del segundo set. En el 4-4 y sacando Davidovich, Rafa tuvo dos bolas de break. El primero, Alex lo salvó con un ace a la línea; y el siguiente, con un gran primero al que Jódar ni pudo meter el resto dentro. En el 5-5 volvió a notar la presión, tuvo que levantar un 15/40, pero volvió a salvarlo con grandes servicios.
En el tiebreak, Rafa estuvo a dos puntos de la victoria. Pero en el 5-5 llegó el primer minibreak para Davidovich tras un error no forzado de derecha de Rafa. Se le notó la tensión al joven de 20 años al ver el triunfo tan cerca. Una ventaja que no desperdició Alex, ya que cerró el set con un gran primer saque.
Una situación llena de confianza, y no tanto para Rafa, que aprovechó en el comienzo del último asalto. Estuvo, sobre todo, más entero físicamente. Rafa pinchó, incluso solicitó en el último tramo del set al fisio para descargar hasta en dos ocasiones la sobrecarga que tenía en los cuádriceps.
Finalmente, Davidovich ganó su primer Masters 1000, siendo el primer español en lograrlo en Shanghái. Lo intentaron Rafa Nadal, David Ferrer y Roberto Bautista, pero quien aparece grabado con letras de oro es Alejandro Davidovich Fokina.
The first Spanish Shanghai champion ☝️🇪🇸
Davidovich Fokina makes history as he lifts his first Masters 1000 title!
@alexdavidovich1 #RolexShanghaiMasters https://t.co/Dcvh26idE3
— Tennis TV (@TennisTV) October 18, 2026
Quién se lo iba a decir hace un año y tres meses, en aquel banco abatido y consolado por Alex de Miñaur, que el tenis le estaba preparando algo muy grande: campeón en las tres finales de 2026. Y es que solo faltaba dar con la ‘Clavet’ para ver a Davidovich campeón: «Estoy muy agradecido por todo lo que han hecho, porque creyeron en mí».
Ahora queda un próximo objetivo: estar en la Copa Davis. Y eso ya no está de su mano, sino en el tejado de David Ferrer.