Hasta el tercer juego del segundo set fue una final apoteósica, como las mejores que se han visto en el Real Club Tenis de Barcelona-1899, como aquella noche en la que Rafa Nadal le dio la vuelta al partido ante Tsitsipas aún con la pandemia de por medio (2021). Era un Rune (nº13) lanzado y un Alcaraz (nº2) combativo, ambos con un tenis excelso, especialmente el danés, capaz de adjudicarse el primer setpor 7-6 tras desaprovechar hasta cuatro bolas que levantó el murciano. Pero en ese momento, el psoas de Alcaraz dijo basta. Llamó al fisioterapeuta y al doctor Ángel Ruiz-Cotorro. Y todo se fue apagando. Finalmente, en una hora y 40 minutos, Rune alzó el Conde de Godó por 7-6 y 6-2.
Ahora, aún en caliente, habrá que ver el grado de la lesión de Alcaraz, que siguió jugando aunque no pudo correr igual, ni afrontar los puntos de la misma manera. Y acabó cabizbajo en la silla mirando al suelo tras 14 partidos seguidos ganando en la arcilla de Barcelona. «Estoy orgulloso de ganarle a un amigo, de este torneo, he rendido muy bien», dijo el campeón sobre la pista. Alzó su quinto título ATP y logra ganar por segunda vez a Alcaraz de profesional. «Tácticamente he estado perfecto, esperé mi momento», remató. Tras ganar Montecarlo y ser el mejor en Barcelona hasta la final, a mitad de la preparación para Roland Garros y a las puertas del Masters de Madrid, el español deberá ahora saber el tiempo de recuperación. La victoria de Zverev en Munich le hace caerse al puesto 3 de la ATP.
¡Tenemos nuevo campeón en Barcelona!
Así cerró 🇩🇰 @holgerrune2003 la final del #BCNOpenBS (v. Alcaraz 7-6[6], 6-2).@atptour | @ATPTour_ES pic.twitter.com/cSAuGYcHBd
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Un primer set sensacional con un Rune con mentalidad de acero
Fue un arranque vibrante, caballeroso, con momentos de gran tenis y con un nivel de juego elevado, de Grand Slam. Alcaraz ganó el sorteo, pero le regaló el saque a Rune en un acto de personalidad y autoconfianza, también de amistad entre dos jóvenes de 21 años que apenas se llevan seis días y que han credido juntos. Como rivales y compañeros. Y el danés no lo desaprovechó y empezó como un tiro (0-1). Una carta de presentación de lo que estaba por llegar: buen saque, golpes profundos y subidas a la red.
Alcaraz, que no había cedido un servicio ante Arthur Fils, siguió erre que erre y ganó en blanco el siguiente (1-1). «Bien sacado, Charly», le decían desde la grada del Godó, llena como de costumbre. Tras el 1-2 de Rune, de nuevo el murciano ganó su juego en blanco (2-2). Tan solo se llevaban 15 minutos de partido y Rune comenzaba a desperarse. Más aun cuando Alcaraz le rompió el saque agarrándose a su derecha (2-3), pero Rune a lo que se agarró fue al partido, demostrando qué algo ha cambiado en su manera de afrontar esos momentos clave de los duelos importantes (3-4). Nadie perdió ahí su saque, y eso que Rune tuvo dos bolas de set con 4-5 que levantó Alcaraz. El tie break fue inevitable.
Allí Rune ofreció su mejor versión. Servicios a más de 200km/h, subidas a la red, derechas, dejadas y una capacidad para no venirse abajo pese a que de nuevo Alcaraz levantó otras dos bolas de break. Rune aguantó, frío, nórdico, y se llevó el primer set. Todo parecía estar abocado a una final maratoniana.
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La caída de Alcaraz y el broche de Rune, que alza su primer Godó
El segundo set empezó con un Alcaraz más enchufado, que de nuevo ganó el primer juego en blanco (1-0) y tuvo una bola para ponerse 2-0. Pero Rune fue una roca desde el fondo de la pista y ganó el punto que parecía ya perdido. Con 2-1 a favor, se encendieron las alarmas. Alcaraz notó unas molestias en el psoas y llamó al fisioterapeuta y al doctor Ángel Ruiz-Cotorro, presente en el torneo. El partido se interrumpió unos minutos. Se tomó el murciano un jugo de pepinillos -que evita los calambres- y saltó a la pista. Pero Alcaraz no era el mismo. Pudo ponerse 3-3 pero Rune le dio la vuelta al juego (2-4). Ahí murió la final.
El tenista murciano tuvo que ser de nuevo atendido en el descanso del 2-3 e intentó acortar los puntos, con cara de pocos amigos por cómo se le había complicado el partido y por las molestias, todo ello metido en un cóctel en el que Rune era el elemento explosivo. El danés le supo jugar y resistió a nivel mental en los momentos complicados con la grada en contra y con un Alcaraz lanzado. Y se adjudicó el set por 6-2 con un juego en blanco. Fue su torneo, su año y da un paso más en su deseo, que es comer en la mesa de Sinner y Alcaraz.