¿Hasta dónde puede ir el VAR hacia atrás para anular un gol?

El VAR solo revisa la fase de posesión de ataque: si la falta o el fuera de juego están dentro, el gol se anula; si son anteriores, el gol vale.

Heath Chesters - Relevo.com - Redactor
1 de octubre de 2026 · 4 min de lectura
El árbitro Alejandro Hernández Hernández, de azul celeste, consulta el monitor del VAR junto a la banda
El árbitro español Alejandro Hernández Hernández durante una revisión del VAR en el Países Bajos-Alemania de la Nations League, en el Johan Cruyff Arena de Ámsterdam. IMAGO / Anke Waelischmiller
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El VAR no puede rebobinar un partido hasta donde quiera. El límite se llama fase de posesión de ataque: si la infracción ocurrió dentro de esa fase, el gol se anula; si ocurrió antes, el gol vale aunque la falta fuera evidente.

La respuesta corta: la fase de posesión de ataque

El protocolo del VAR llama a ese tramo APP, por sus siglas en inglés (attacking possession phase). Es la secuencia ofensiva que termina en el gol, y marca el punto de partida de lo que se puede revisar: todo lo que pasó dentro de ella entra, todo lo anterior queda fuera.

Lo decisivo no es el tiempo transcurrido, sino la continuidad de la posesión. Un ataque puede durar diez segundos o 45; mientras el equipo que acaba marcando no haya perdido el control del balón, sigue siendo la misma fase.

De ahí viene la sensación, cada fin de semana, de que el VAR ha ido a buscar «una falta de hace un minuto». No ha ido más atrás de lo que puede: ha ido hasta el principio de esa jugada.

Cuándo empieza y cuándo se corta la fase

La fase arranca cuando el equipo que marca toma el control del balón e inicia el ataque. Y se corta, sobre todo, cuando el rival recupera de forma clara: a partir de ahí, cualquier infracción anterior deja de ser revisable para ese gol.

Corta la fase: que el equipo defensor recupere el balón y tenga control real sobre él, no un simple rechace o un despeje a la desesperada.
Corta la fase: que el balón salga del terreno de juego y el juego se reanude con un saque.
No corta la fase: que el ataque vaya y venga de banda a banda, o que el equipo retrase el balón hasta su portero, mientras la posesión no cambie de dueño.

El matiz del rechace es el que más discusión genera. Un defensa que toca el balón sin dominarlo no ha recuperado nada a efectos del protocolo, así que la fase sigue viva y la falta del principio sigue contando.

Qué infracciones anulan el gol

Dentro de esa fase, el VAR revisa cuatro cosas concretas que invalidan el tanto. Son las mismas que recoge el protocolo general del VAR para la revisión de goles.

Fuera de juego: la posición ilegal del atacante en el momento del pase, hoy medida por el sistema semiautomático en las grandes competiciones.
Falta previa del atacante: una infracción del equipo que marca en cualquier punto de la fase.
Mano del atacante: incluida la involuntaria en la jugada del gol, con un criterio más estricto que el de la mano que se castiga con penalti.
Balón fuera: que el balón hubiera salido por línea de fondo o de banda antes del gol.

Lo que el VAR no puede deshacer

Fuera de esa lista, el gol se queda. Una entrada dura en el centro del campo tres jugadas antes no anula nada, por mucho que la repetición la haga evidente: si el balón cambió de dueño por el medio, la fase de ataque empezó después.

Tampoco vale para reclamar un córner o un saque de banda mal señalado que dio origen a la jugada, salvo en las competiciones que hayan activado esa revisión concreta. El origen remoto de un ataque no es revisable; lo es el ataque.

Y hay un límite que no depende de la fase sino del estándar: la infracción tiene que ser un error claro y manifiesto. Si la imagen es ambigua, el protocolo obliga a mantener lo que decidió el árbitro en el campo.

Quién anula el gol

La frase «el VAR anuló el gol» es cómoda y es falsa. El VAR avisa y recomienda; el que anula es el árbitro principal, que decide desde la cabina o después de ver la jugada en el monitor de banda.

Esa distinción importa para leer una polémica. Cuando la decisión se cambia sin visita al monitor es porque la infracción es objetiva y medible, como un fuera de juego; cuando el árbitro va a la pantalla es porque hay que valorar una acción, y ahí la última palabra vuelve al campo.