Este largo espacio sin fútbol de clubes ha dejado con las selecciones nacionales detalles clave para entender cómo están ahora mismo competitivamente algunas de las mayores potencias internacionales, que siguen buscando la forma de arrebatar el cetro futbolístico a una España que sigue intratable.

Alemania cambia, pero no convence

Las luces y sombras de Alemania en esta Nations League han destacado especialmente por las esperanzas que estaban puestas en la idea de Klopp para potenciar el juego de los teutones, aunque su diseño de esta nueva ‘Mannschaft’ parece más complejo que cambiar de elementos clave en la convocatoria.

Una convocatoria, por cierto, que Klopp llevó al extremo, con dos propuestas para los cuatro duelos con las que intercambió a muchos de los jugadores para intentar llegar a ver más de lo que se podría ver en un parón como el acontecido en octubre. No ha sido clave para encontrar piezas esenciales, pero sí para ver un fondo de armario menos brillante de lo esperado.

La necesidad suprema de Alemania parece estar en encajar la medular y mejorar la defensa, sabiendo que la elaboración de juego depende directamente de jugadores clave que, como Joshua Kimmich, puedan dar su mejor versión.

La mecánica más esperanzadora de las vividas, no obstante, se ha dado con la recuperación de Florian Wirtz como un jugador esencial para la creencia de Alemania en las virtudes del genio. Más allá de cifras, lo esencial es ver qué nivel de libertad tiene el del Liverpool para conseguir hacerse patente en el conglomerado ofensivo de Alemania.

Quedando mucho camino para este equipo en manos de Klopp, ha de ser fiel a la intención de potenciar sus virtudes y esconder su inestabilidad, que de momento parece muy patente, con desconexiones evidentes y, sobre todo, con la sensación de que muchas piezas del equipo no son tan de élite como se esperaba.

Portugal mejora mientras Ronaldo pega la espantada

Otra de las selecciones que quiere medrar es Portugal, esta vez en las manos de un viejo conocido de los banquillos del fútbol luso como Jorge Jesus. En medio del análisis, parece clave que João Félix quiere madurar en torno a un equipo portugués que necesita líderes, no solo de brazalete, sino también de juego.

Parece que ahora el jugador de Al-Nassr no le tiene miedo a potenciar su juego con la elástica lusa, sabiendo que su rol es esencial a nivel creativo en esos últimos metros. «Quiero dar la asistencia del gol mil a Cristiano Ronaldo», decía João Félix. Quizá su peso sea mayor que ese para entrar en la historia si toma las riendas de esta Portugal.

Junto a él, Gonçalo Ramos, que demuestra en cada ocasión que tiene hambre. Un hambre voraz cultivada durante años en un PSG que apenas le «daba de comer» en la élite y en el que no pudo vivir algunos de sus mejores años como futbolista. Todo ello pese a ser parte de un equipo brutalmente ganador y competitivo.

Desde su salida al Milan, Ramos tiene el objetivo de convencer, no solo con esa hambre que demuestra con sus ganas, sino con mordiscos palpables como los dados en estos partidos con Portugal. En ellos, su figura ha sido ensalzada tras la crisis de Ronaldo, y ha tenido un rendimiento más que óptimo aportando goles.

Y es que la espantada de Cristiano Ronaldo podría haber opacado el buen rendimiento de Portugal, pero no lo ha hecho. Sí ha sido un ruido difícil de aplacar, pero que hubiera tenido más efecto en caso de que la selección lusa no hubiera carburado. Su salida en avión privado, la «pelea» con Jorge Jesus y el sonrojante comunicado posterior dejan claro que esto no ha acabado.

Zidane pone las bases de la nueva Francia

Parece que Zidane tiene muy claro el camino y el cambio necesario dentro de esta Francia heredada de su viejo compañero Didier Deschamps. Mucha más creatividad y más control de los partidos. Un elemento clave para entender la dirección de juego de una Francia que tiene que ir descubriendo nuevas piezas en la medular.

Más allá de Mbappé, sin el que Francia sigue funcionando, encontrar las mejores dinámicas de juego llevará a Zidane a seguir ganando, sabiendo que el viaje no será sencillo si lo que quiere es convencer a todos de que es vital encontrar un plan, protegerlo y luchar por él. Corriendo, acertando y potenciando las mejores virtudes de cada cual.

En esta Nations League, con momentos de visión precisa de lo que busca Zidane, Francia empieza a parecer eso que no fue, minimizando el azar de las grandes estrellas y talentos y potenciando la creatividad de jugadores que sabemos referentes para poder encontrar vías para jugar, ganar e, incluso, enamorar con su juego.

Inglaterra va muy en serio

Tuchel quiere hacer borrón y cuenta nueva con una Inglaterra que se sabe muy por encima de lo que fue capaz de mostrar en el Mundial 2026, con una convocatoria muy comentada y criticada, pero que no fue el punto clave de la caída de los ingleses en la cita mundialista.

Con Jude Bellingham al mando de una generación que parece haber entendido por fin su trascendencia, esta Inglaterra sí tiene capacidad para brillar y para luchar como lo ha hecho en este parón en Nations League, e incluso parece haber entendido que, para ganar, necesitará claramente de esas dos cuestiones para poder encontrar el camino.

En ese camino, Harry Kane sigue siendo esencial. Es un jugador con una claridad brutal y un talento enorme para poder animar la fase ofensiva de una selección que, cuando necesita una luz al final del túnel, casi siempre se encuentra con la suya, aunque la de Bellingham parece cada día más brillante.

Messi dice adiós a Argentina

Todas las miradas en Sudamérica estaban en Argentina o, mejor dicho, en Leo Messi. Aunque Brasil estaba luchando por plantear un nuevo camino y vertebrar una nueva posición para la Copa América, todo lo que ocupaba era la cuenta atrás para el adiós a un mito como Messi, que solo vio manchada su despedida por los entresijos de la AFA para la organización del partido en cuestión.

Más allá de esa cuestionable realidad, Messi ha dicho adiós a una nación que tuvo que aprender a quererlo para encontrar el mejor equilibrio de cara a que el genio de Rosario pudiera llevarlos en volandas a otro Mundial, dos Copas América y una Finalíssima. Ante Benín, Messi se despidió no solo de Argentina, sino de todos los aficionados que algún día, con la albiceleste, se emocionaron viendo jugar a ‘La Pulga’.