Martín Landaluce: orígenes en Madrid, campeón del US Open júnior y la apuesta de la Rafa Nadal Academy por el siguiente referente del tenis español.

El Club de Tenis Chamartín lo vio crecer y Manacor lo reclamó pronto. La cantera del tenis español sigue produciendo proyectos de techo alto.
Flushing Meadows, 11 de septiembre de 2022. Martín Landaluce levantó el trofeo del US Open júnior tras una final a tres sets contra el belga Gilles-Arnaud Bailly: 7-6(3), 5-7, 6-2. Meses más tarde, ya en 2023, escalaría a lo más alto del ranking ITF júnior mundial (la RFET lo sitúa como número 1 el 27 de febrero de 2023).
El triunfo no apareció de la nada. Aquel verano, Landaluce ya había encadenado buenos resultados en el circuito ITF júnior, con el título de Roehampton sobre hierba entre lo más destacado. La secuencia demostraba polivalencia en superficies distintas y el US Open júnior fue el cierre lógico de la temporada.
La escena tiene un detalle que importa. Cuando le preguntaron por la final, Landaluce no habló de su servicio ni de su derecha. Habló del trabajo diario en Manacor y del refuerzo mental que recibe allí. La academia ya era parte de su identidad, no solo el lugar donde entrenaba.
Landaluce nació en Madrid el 8 de enero de 2006. Sus primeros golpes los dio en el Club de Tenis Chamartín, una de las canteras más prestigiosas de la capital. El ambiente familiar venía marcado por el deporte de élite: padre exjugador de voleibol y madre exnadadora de competición.
En septiembre de 2020, con 14 años, la familia tomó la decisión que define esta historia. Landaluce dejó Madrid y se instaló en la Rafa Nadal Academy by Movistar de Manacor. No fue un fichaje mediático ni una rueda de prensa. Fue una mudanza calculada hacia un entorno de trabajo profesional veinticuatro horas al día.
La academia funciona como ecosistema cerrado. Pista, gimnasio, residencia, colegio internacional, equipo médico, sparring de nivel. Es la oferta más completa del país para un júnior español con proyección. La cantera tradicional del tenis español —la que produjo a Bruguera, Corretja, Ferrero, Moyá, Nadal— pasaba por clubes diseminados. La de la próxima generación pasa, en buena parte, por Manacor.
Su día a día lo dirige el equipo técnico de la Rafa Nadal Academy. Una de las figuras vinculadas a su trayectoria es el argentino Gustavo Marcaccio, formador con experiencia previa junto a Guido Pella y Juan Mónaco. El trabajo dentro de la academia se lleva sin ruido externo.
El esquema de mentoría se completa con dos figuras de peso. Toni Nadal supervisa el progreso de los talentos destacados y aparece con frecuencia en entrenamientos. Rafael Nadal, cuando está en casa, ha entrenado con Landaluce en varias sesiones. El intercambio no es solo tenístico, es cultural: metodología y ética competitiva absorbidas en directo.
Landaluce ha contado en entrevistas que Nadal le repite una idea fija: intensidad en cada bola, sin desconexiones. Es el tipo de consejo que suena a tópico hasta que se ve aplicado partido a partido durante veinte años. Aprenderlo a los 18 vale más que mil clínicas internacionales.
Landaluce mide 1,91 metros, juega diestro y golpea el revés a dos manos. El servicio es su primera arma identificable, una herramienta que ya le permite cerrar puntos rápidos en los primeros golpes del peloteo. La derecha pesada, plana, es la segunda. Cuando ambas funcionan, el partido se acorta y el rival apenas tiene tiempo de leer la jugada.
El estilo recuerda a tenistas de envergadura con servicio dominante, perfil cercano al de Matteo Berrettini o el primer Juan Martín del Potro. El revés todavía está en construcción y la red sigue siendo un terreno donde tiene que ganar repeticiones. El segundo servicio y la gestión de momentos clave son la prioridad esta temporada.
El contraste con Alcaraz es inevitable y conviene plantearlo con honestidad. Alcaraz es un jugador total: variedad, dejada de campeonato, capacidad defensiva de jugador formado en tierra. Landaluce es un perfil distinto: un atacante de fondo de pista que castiga con el primer golpe. No es el nuevo Alcaraz. Es un proyecto diferente con un techo propio.
El paso al tenis profesional empezó como suele empezar para los júniors prometedores: con invitaciones. En octubre de 2022 debutó en el cuadro principal del Gijón Open contra Tommy Paul, entonces número 30 del mundo, y cayó por 6-3, 6-0. Fue su primer choque con la dureza del circuito grande, sin red de seguridad.
En abril de 2023 llegó la pista Manolo Santana del Mutua Madrid Open. Su debut en un Masters 1000, ante Richard Gasquet, terminó con un 6-2, 6-1 en contra. Su primera victoria en el circuito ATP, sin embargo, no llegó hasta el Masters 1000 de Miami en 2024, donde superó una ronda del cuadro principal. Fue su estreno triunfal en el gran circuito.
Desde entonces, la hoja de ruta ha sido la tradicional. Construir ranking en el circuito Challenger, sumar minutos cuando llega una invitación, dejar que la transición se haga a fuego lento. Su primer título Challenger llegó en Olbia, al que seguiría el de Orleans. Su gran salto llegó en 2026: en el Masters 1000 de Miami se convirtió en el jugador peor clasificado en alcanzar los octavos de un Masters 1000 desde 2009, e irrumpió en el top 100 del ATP, con su mejor clasificación en torno al puesto 58.
Hablar de Landaluce sin situarlo en su contexto sería injusto con el resto de la generación. La cantera del tenis español está produciendo una camada interesante que comparte ruta: Daniel Rincón, Alejandro Moro Cañas, Carlos Taberner. No es un proyecto solitario, es una promoción entera.
Lo que distingue a Landaluce en el grupo es el techo de sus armas físicas. Altura, servicio y derecha pesada le ofrecen una vía rápida al top 100 en pista dura y hierba. Su éxito no llegaría por el camino clásico de la tierra batida, sino por la diversificación que la escuela busca desde hace años.
El paralelismo sensato no es con Alcaraz sino con Zverev o Sinner: júniors brillantes que necesitaron dos o tres temporadas para asentarse en la élite. La historia del tenis tiene campeones júnior que se quedaron en el camino —Filip Peliwo, Axel Geller— y jugadores que tardaron más pero acabaron arriba. El éxito júnior es señal, no garantía.
| Categoría | Título / Resultado | Año |
|---|---|---|
| Grand Slam Júnior | Campeón US Open Júnior | 2022 |
| ITF Júnior J1 | Campeón Roehampton | 2022 |
| ITF Júnior JB1 | Semifinalista Offenbach | 2022 |
| ITF Júnior Sub-16 | Campeón Orange Bowl | 2021 |
| Ranking Júnior | Número 1 ITF Mundial | 2022 |
| ATP Challenger | Campeón Olbia (primer título Challenger) | 2024 |
| Primera victoria ATP | Masters 1000 de Miami | 2024 |
Landaluce no carga con la responsabilidad de heredar a Nadal ni de competir con Alcaraz. Lleva la suya propia, que es convertirse en el primer jugador grande formado en Manacor y devolverle a la academia el sello deportivo que la inspiró.