Las reglas del tenis explicadas de forma clara. Puntuación, sets, tie-break, superficies y servicio. Guía completa del reglamento ITF 2026.

El reglamento ITF llega a 2026 con el super tie-break unificado en los cuatro Grand Slams y la jubilación masiva de los jueces de línea humanos en el circuito profesional.
La International Tennis Federation publica cada enero su Rules of Tennis, el documento que regula desde la altura de la red hasta la forma de servir el super tie-break. La edición 2026 mantiene la columna vertebral del reglamento, pero introduce ajustes operativos que afectan al circuito profesional y al juvenil.
El cambio más visible de los últimos años no está en el reglamento global, sino en su aplicación en los grandes torneos. Wimbledon abandonó a los jueces de línea humanos en 2025 tras 147 años. El tenis profesional terminó de digitalizar sus líneas en menos de cinco años.
Quien sigue el deporte desde el sofá rara vez piensa en el reglamento. Lo nota cuando un saque toca la red y se repite, o cuando un set llega al 6-6 y aparece un marcador que cuenta del cero al siete. Las reglas viven escondidas en esos detalles, y solo asoman cuando alguien las pisa.
Antes de entrar en cada bloque del reglamento, conviene fijar el esqueleto del juego con una lista de seis reglas que sostienen cualquier partido, sea individual o dobles, profesional o amateur:
La puntuación del tenis es una herencia medieval que el deporte conserva como seña de identidad: 15, 30, 40, juego. El recuento parece arbitrario pero ordena la partida en bloques que el aficionado lee de un vistazo.
El salto del 40 al juego responde a una convención francesa medieval con dos teorías compitiendo: el reloj de cuartos y el juego de palma. La ITF conserva esta numeración como rasgo identitario del deporte, pese a propuestas recurrentes de modernizar el marcador. Ningún Grand Slam ha tocado nunca esta convención.
Cuando ambos jugadores llegan a 40, la situación se llama iguales. Hay que ganar dos puntos consecutivos: el primero da ventaja al jugador, y el segundo cierra el juego. Si pierde el punto con ventaja, vuelve a iguales. Un juego puede prolongarse así durante varios minutos en partidos parejos.
El reglamento 2026 mantiene esta puntuación con ventajas en los cuadros principales, pero en los dobles del circuito ITF se aplica el no-ad scoring. El «no-ad» acorta los partidos pero borra el drama que el sistema clásico genera en cada empate prolongado.
Ganar puntos no basta: hay que apilar juegos hasta cerrar un set, y sets hasta cerrar el partido. Un set se gana al alcanzar seis juegos con dos de diferencia. Si se llega a 6-6, entra en escena el tie-break.
El número de sets cambia según el torneo. Los Grand Slams masculinos juegan al mejor de cinco, una excepción que el tenis preserva pese a la presión por acortar los partidos para televisión. El resto del circuito ATP, todos los torneos WTA y el cuadro femenino de los Grand Slams se disputan al mejor de tres.
El reglamento ITF 2026 fija un detalle operativo: a partir del tie-break, los oficiales deben cantar el marcador diciendo zero en lugar de love. Es un ajuste de armonización con el lenguaje del super tie-break, donde el cero ya se decía así.
El tie-break es el juego decisivo que se aplica cuando un set llega a 6-6. Se juega hasta los siete puntos con diferencia de dos. Tras el primer punto, los jugadores alternan el saque cada dos puntos y de lado cada seis. El cero, uno, dos sustituye al quince, treinta, cuarenta habitual del set.
James Van Alen lo inventó a finales de los años sesenta para evitar que los sets se eternizaran. El US Open lo adoptó en 1970 como primer Grand Slam, decisión que reordenó la economía televisiva del torneo. El tie-break introdujo previsibilidad en la duración y abrió el camino al tenis moderno como espectáculo de horario fijo.
Cada uno de los cuatro grandes lo aplicó a su ritmo. Australian Open desde el principio, Roland Garros desde los setenta para todos los sets salvo el quinto, Wimbledon desde 1971 para todos los sets salvo el último. El quinto set podía estirarse sin límite hasta 2019 en hierba y hasta 2022 en tierra.
El 22 de junio de 2010, John Isner y Nicolas Mahut empezaron a jugar en la pista 18 de Wimbledon un partido de primera ronda. Terminó tres días después con un 70-68 en el quinto set. Once horas y cinco minutos de tenis. Solo el quinto set duró ocho horas y once minutos.
183 juegos totales, 113 aces de Isner, 103 de Mahut. La pista 18, una cancha menor del All England Club, se llenó de cámaras y de gente parada en los pasillos. Mahut sirvió para no perder el partido más de sesenta veces. Cada saque era una sentencia que se aplazaba al siguiente.
El partido obligó al club a reconsiderar el formato del quinto set. La conversación se prolongó otros ocho años. Las semifinales de Wimbledon 2018 dieron el empujón definitivo: Kevin Anderson eliminó a John Isner por 26-24, y al día siguiente Djokovic y Nadal jugaron una semifinal interrumpida por la noche.
El All England Club anunció en octubre de 2018 que a partir de 2019 se jugaría tie-break al 12-12 en el quinto set. Wimbledon cedía por fin a la presión del reloj. La medida sobreviviría apenas tres temporadas antes del cambio unificado de 2022.
El 16 de marzo de 2022, la Grand Slam Board anunció en una nota conjunta el formato unificado. A partir de Roland Garros 2022, cuando un set decisivo llegara a 6-6, se jugaría un super tie-break a diez puntos con diferencia de dos. Los cuatro Grand Slams compartían por primera vez un mismo final.
El cambio cerró un mapa fragmentado. US Open ya tenía tie-break al 6-6 desde 1970. Australian Open aplicaba el super tie-break a diez puntos desde 2019. Wimbledon usaba tie-break a siete al llegar al 12-12. Roland Garros seguía con el set decisivo abierto. Cada torneo había escrito su propia respuesta al problema.
La decisión respondía a una doble presión. Las cadenas necesitaban predecibilidad para programar finales. Los jugadores reclamaban un cierre menos extenuante en partidos a cinco sets. Diez puntos para condensar todo lo que un set decisivo podía resolver.
El tenis profesional rota entre tres superficies a lo largo del año, y cada una reescribe el partido. La velocidad de la pelota, la altura del bote y la fricción con el suelo modifican qué jugador llega más fresco a las últimas rondas. Ningún otro deporte cambia tanto según el material del suelo.
La especialización por superficie ha marcado carreras enteras. Rafael Nadal en Roland Garros, Roger Federer en hierba, Novak Djokovic con su rendimiento equilibrado en las cuatro. La rotación obliga a adaptaciones técnicas que el aficionado nota: el revés cortado funciona mejor en hierba y las recuperaciones largas dominan en tierra.
El saque abre cada punto y lo gobierna el sacador con dos intentos. La pelota debe botar en el cuadro diagonal del rival. Si los dos servicios fallan, doble falta y punto para el restador. Las dobles faltas miden la tensión mental mejor que cualquier estadística agregada.
El reglamento ITF describe tres situaciones específicas que el aficionado debe distinguir:
El sacador alterna entre el lado de iguales y el lado de ventaja cada punto. Después de cada juego cambia el saque al rival. El saque es la única jugada sin presión exterior: nada de lo que ocurre depende del rival hasta que la pelota sale de la raqueta.
La pista mide 23,77 metros de largo, una medida que no varía entre individual y dobles. Lo que cambia es el ancho: 8,23 metros en individual y 10,97 en dobles. Los pasillos laterales de 1,37 metros solo se usan en dobles. La red tiene 0,914 metros en el centro y se eleva a 1,07 en los postes.
La caja de saque mide 6,40 por 4,11 metros y se divide en dos rectángulos por la línea central. La uniformidad de medidas es lo que permite el circuito: un jugador entra en Tokio, Roma o Indian Wells y encuentra la misma geometría que en el club de su barrio.
El reglamento del tenis no es estático. La llegada de la electronic line calling a Wimbledon en 2025 cerró un proceso que el US Open inició en 2020 durante la pandemia. La mayoría de torneos ATP de primer nivel migraron hacia sistemas de ELC durante ese periodo, y solo Roland Garros mantiene jueces de línea humanos entre los Grand Slams.
El sistema del ojo de halcón en tiempo real (Hawk-Eye Live) usa unas 12 cámaras que capturan la pelota a 340 fotogramas por segundo. La voz in/out se emite por altavoz unas décimas de segundo después del bote, sin posibilidad de revisión humana. El error humano queda fuera del partido casi por completo.
El propio Wimbledon 2025 tuvo un incidente sonado: en el partido de Anastasia Pavlyuchenkova, el sistema se desactivó por error en parte del lado del sacador durante un juego, y tres calls no fueron detectados. La organización mantiene unos 70 árbitros como respaldo, ahora llamados match assistants.
El otro debate vivo es el calendario. La ATP unificó en 2025 los Masters 1000 a un formato de 12 días con cuadro de 96 jugadores, excepto Monte-Carlo y París. La duración del calendario sigue siendo el conflicto sin resolver entre organizadores, jugadores y televisiones.
Las reglas del tenis están en la actualidad más unificadas que nunca en los grandes torneos. La tecnología arbitra casi todas las líneas y el super tie-break cierra los partidos decisivos evitando que se alarguen sin límite. Cada decisión de la ITF reabre la conversación sobre qué hace al tenis reconocible y qué puede cambiar sin perder su esencia como deporte.