Rafa Llorente atiende a Relevo desde San Luis, México, para repasar sus primeros meses jugando en el Atlético San Luis de la Primera División del país norteamericano. El exjugador del filial del Atlético de Madrid habla de su vida, sus estudios, Fernando Torres y muchos más temas.

Un veterano de 23 años

No es fácil encontrar a un futbolista tan joven con alma de veterano. Esa es la sensación que tiene uno tras hablar durante más de media hora con Rafa Llorente, un chico madrileño que ha vivido mucho en su carrera, pero que lo lleva con una tranquilidad pasmosa. Las Rozas, Real Madrid Castilla, Gimnástica Segoviana, Cádiz B, Linares, Alcorcón, Atlético Madrileño y Atlético San Luis. Con tan solo 23 años ha vivido situaciones buenas y otras complicadas, pero con la idea de que eso era lo que le tocaba.

Rafa nos atiende desde San Luis, donde hay ocho horas menos que en Madrid y tras el entrenamiento matutino del club. Bromea, intenta que la conexión sea lo mejor posible, tiene cercanía con su jefe de prensa y se dispone a charlar de todo, sin ningún tipo de inconveniente. Se nota que está suelto y no le incomoda hablar, algo que con algunos futbolistas cuesta un poco más. Y por eso sale una charla que se queda corta.

¿Qué tal ha sido la adaptación a la ciudad y a ser jugador de un equipo de Primera?

Esta pregunta me gusta porque la gente se espera que diga que ha sido difícil, que es un país muy distinto, una ciudad muy distinta. Para mí, no ha habido cambio, realmente. Desde el día uno ha sido muy fácil todo. El club te da todas las facilidades; la ciudad es muy cercana, pequeñita, muy segura, muy familiar y he sentido cada día que pasaba había tomado la decisión correcta. Estoy muy orgulloso de haber dado este gran paso en mi carrera, creo que era lo necesario y lo que tenía que hacer en el momento perfecto.

¿Has notado el cambio de jugar en un filial, en Primera RFEF, a una Primera División?

Sí que es muy distinto. Siempre lo he dicho y siempre lo diré: las categorías están por algo. Si hay Primera y Segunda División, significa que Primera tiene algo que Segunda no, y en este caso Primera RFEF no tiene muchísimas cosas que aquí sí hay. Se nota en el nivel de competitividad e intensidad en los entrenamientos. Ya ni te digo el día que debuté contra Cruz Azul, que encima había quedado campeón. Noté mucha diferencia, no te voy a mentir. Entre que aquí hay más altura que en Madrid, era mi debut, en casa, que había mucha gente en el estadio…

De hecho, creo que era el partido con más gente en la grada de los que yo había jugado. Lo gracioso es que cada partido se iba superando: fuimos a Tigres y se superó, luego a Rayados… Seguramente siga con el Azteca y demás. Cada fin de semana es como un nuevo sueño para mí. En esa jornada uno para mí era todo muy nuevo: Primera División, 500.000 cámaras… Yo estaba acostumbrado a calentar en el campo del Madrileño con cuatro personas en la grada, sin ninguna cámara, nada de estímulos, por así decirlo.

¿Cómo fue ese debut ante Cruz Azul?

Aquí en el calentamiento había unos cantando, pantallas LED… En mi cabeza me decía: ‘¿Dónde estoy?’, y no me podía concentrar. El partido me sorprendió mucho porque Cruz Azul me gustó mucho cómo jugaba. Se notaba que eran campeones, jugadores de mucha calidad y muy físicos. Pero no me achanté, sino que creo que si estás aquí es por algo; todos los que estamos en el San Luis nos merecemos estar aquí. Estaba convencido de que iba a hacer un buen partido.

No me achiqué, sino que dentro de mí había un orgullo y el ego que tenemos todos los futbolistas de decir ‘yo me merezco estar aquí y quiero demostrárselo a la gente’. Aunque el partido no se dio como esperábamos, porque dominamos mucho y merecimos ganar (íbamos 2-0 ganando en el minuto 70, si no recuerdo mal, incluso marqué gol y era el debut soñado). Y, de repente, es lo que tiene Primera División: te despistas un momento y pum, nos metieron tres.

Literalmente, al día siguiente, hablando con mi representante, le dije: ‘Esta es la bienvenida perfecta de Primera División: te da una de cal y una de arena; te da el sueño cumplido de debut y gol, y te lo quita en cinco minutos’. No te da tiempo a celebrar porque pasa y pasa, y cada fin de semana, para bien o para mal, da igual lo que hayas hecho el fin de semana anterior.

¿Te acuerdas cómo fue la primera vez que te hablaron de la posibilidad de jugar en Atlético San Luis?

La primera toma de contacto fue con mi agente, pero la mía personalmente fue con Iñigo (Regueiro), el director deportivo de aquí de San Luis, que vino personalmente a España a conocerme. Ahí fue la primera vez que supe la idea. Mi agente me dijo que iban a venir a hablar con nosotros del club Atlético de San Luis, de Primera mexicana, para vernos y comentarme la idea que tenían conmigo.

Yo sabía que formaba parte del grupo Atlético de Madrid. Iñigo fue muy claro conmigo, y a día de hoy se lo agradezco: primero, que se tomara las molestias de venir hasta España para conocerme personalmente; y segundo, ser tan claro. Me dijo: ‘Te quiero, quiero que vengas aquí, este es el proyecto que tenemos, te ofrecemos esto’, con un proyecto deportivo muy bueno para mí.

Me transmitió tanta seguridad y cercanía desde el primer día que, para mí, eso es clave, no solo en el fútbol sino en la vida. Fue muy cercano desde el día uno y lo sigue siendo a día de hoy. En cuanto se planteó la oportunidad, vi que era un salto muy grande para mí y no lo dudé ni medio segundo. Mucha gente de mi entorno no tan cercano me decía que cómo me iba a ir a México, pero yo lo tenía bien claro; sabía que era el momento perfecto para hacerlo y seguramente iba a pesar más el ‘y si me hubiese ido’ dentro de cinco años que el venir aquí. Si a lo mejor sale mal, será aprendizaje.

¿Pudiste charlar con Severiano García? (Severiano fue director deportivo de Atlético San Luis antes de recalar en el Atlético de Madrid, donde trabaja actualmente)

Con Seve tengo muy buena relación. Cuando estuve en el Atleti, él ya estaba allí en Madrid, y cuando se iba acercando la posibilidad de venir aquí le preguntaba mucho acerca de la ciudad y del club. Me ayudó mucho porque me transmitió mucha cercanía; de hecho, me ayudó a conseguir aquí un piso y me planteó muchas facilidades para venir. Todos me decían que me tenía que ir, no solo Seve, sino excompañeros que han jugado en México como el propio Leo Franco.

Me decían: ‘Igual aquí no somos conscientes de lo que es la liga mexicana, pero una vez vayas allí te vas a dar cuenta’. Y así fue: les hice caso, confié en ellos, confié en Seve, en Iñigo, en Leo e incluso en Fernando Torres, que fue el primero que me dijo que me tenía que ir. El día que llegas y ves la magnitud de todo dices: ‘Uf’. Se me pone la piel de gallina ahora y todo; esto es algo mucho más grande de lo que realmente pensamos allí.

Suelo hablar con jugadores o gente del fútbol que los filiales son una burbuja, algo distinto. ¿Tenías la sensación de que debías salir para demostrar de verdad que estabas preparado para el fútbol profesional?

La verdad es que sí. Me gusta imaginarme un filial visualmente como un jardín donde están todos los chicos y tienes todo: todas las facilidades, barbacoa, hamaca, todo. Hay una reja que te permite ver lo que hay, pero no quieres salir porque sabes que aquí se está muy bien. Yo justamente quería lo contrario. Sabía que estaba muy bien, en el Atlético de Madrid tienes todo: instalaciones increíbles, te tratan muy bien y por eso no es casualidad el rendimiento que dimos el año pasado.

Pero, primero por la edad, sabía que tenía que buscar una salida del Atlético de Madrid y, por mi propia experiencia vital, necesitaba saltar la reja. Tenía que explorar lo que había en el jardín, que igual no es tan bueno como a lo mejor en el Atlético de Madrid, pero merece la pena explorarlo. Mucha gente antes de ir al Atleti me decía: ‘¿Cómo te vas a ir a un filial siendo mayor?’. Mira a Arnau. A Arnau le ha cambiado la vida estar en un filial: es jugador de Primera División del Atlético de Madrid, que es el sueño de todo niño del mundo, diría yo. Todo el mundo cuando Arnau decidió ir al Atlético de Madrid B el año pasado, decía que estaba loco, pero la gente no sabe toda la historia.

Cuando fui yo, la gente no sabía que Fernando (Torres) me quería en ese momento ni cómo quería a Arnau. Sabíamos que íbamos a ser piezas importantes y que estar con él nos iba a dar cosas increíbles. Más cosas vividas que él, muy poca gente en el mundo del fútbol. Que tu entrenador haya sido una leyenda, te aporta muchísimas cosas. A mí personalmente me motivaba que me entrenara él; aprendes mucho de entrenadores y en este caso de él he aprendido millones de cosas. No solo yo: si te pones a analizar la plantilla del año pasado del Madrileño, ¿dónde están ahora? Prácticamente todos en Primera o en Segunda División.

¿Cómo fue la primera llamada con Fernando Torres para ir al Madrileño?

La primera fue el verano pasado. Yo personalmente no contacté con él por mensaje, sino que fue a través de mi representante, que me dijo: ‘Fernando quiere conocerte, quiere tomarse un café contigo y plantearte un poco el proyecto deportivo que tiene en ese momento’. Me preguntaron si lo hacíamos y dije que sí. Me dicen que Fernando Torres se quiere tomar un café conmigo y pregunto: ‘¿Dónde y cuándo? ¡Vámonos!’.

Nos conocimos, estuvimos hablando como tres horas en la reunión y salí diciéndole a mi agente: ‘Yo quiero ir, me da igual, quiero ir’. Vi un interés en él hacia mí y unas ganas de hacerme mejorar que era lo que necesitaba escuchar en ese momento. No se dio la operación en verano, tuve que esperar hasta el mercado de invierno, y cuando se dio, no cambió nada. Lo que me había dicho antes para convencerme era lo que me transmitía día a día, no solo a mí sino a todo el grupo. Por eso es un entrenador muy cercano, tiene muy buen trato con el jugador porque entiende cómo funciona un futbolista; él ha sido jugador y entiende que cada jugador es distinto.

El ejemplo perfecto de que entiende al jugador fue cuando yo me iba a ir. Me escribió y me dijo: ‘Antes de que tomes cualquier decisión, te tomas un café conmigo’. Le llamé, le dije de vernos y le conté: ‘Mira, tengo esto, esto es lo que hay, tengo esta opción’. Me dijo: ‘Mira, vuela’. Creo que él también se sentía orgulloso del trabajo que había hecho no solo conmigo, sino con todos. Es su trabajo formar a jugadores para el fútbol profesional, y en este caso se me había dado la oportunidad gracias a él también.

Me dijo: ‘Rafa, es el momento de volar y de demostrar al mundo que estás hecho para esto y mucho más’. Nos dimos la mano, nos dimos un abrazo, le dije que tenía un amigo para lo que quisiera, él me dijo lo mismo y a día de hoy nos seguimos escribiendo de vez en cuando. Me dio la enhorabuena por mi debut y por la victoria del segundo partido de liga. Tengo una relación muy especial con él.

¿Quién fue el jugador que más te sorprendió cuando llegaste al Madrileño?

Lo primero que me sorprendió fue que el grupo era muy bueno. Estábamos todos en el mismo barco. Eso en un filial no es normal porque hay mucho ego. Los chavales tienen 18 o 19 años y están un poco con la película de jugar en un filial del Atlético de Madrid. Esto era todo lo contrario: mucha humildad por parte de todos, mucho trabajo y la cultura del esfuerzo muy inculcada en la sangre de todos.

Cuando llegué me acogieron muy bien; sabían que venía a aportar, no a quitar el puesto a nadie ni a ser mejor que nadie, sino a aportar ese granito para intentar conseguir el objetivo que todo el mundo quería. Obviamente había jugadores que les veías y decías: ‘Es lógico que el año que viene no vas a estar aquí’.

Todo el mundo te va a decir Arnau, todo el mundo te va a decir Boñar, y obviamente lo son, son jugadores increíbles. Pero hay un jugador que para mí es increíble, que es Dani Martínez. También es una persona increíble, pero me atrevería a decir que es el mejor central con el que he jugado en mi vida, y he jugado con gente muy buena. Está en el primer equipo, espero que le den la oportunidad, pero era otra cosa. No sé si tenía debilidad por su manera de jugar, pero lo hacía todo bien.

¿En el primer equipo pudiste entrenar alguna vez?

No, porque yo sabía que no era mi camino. Yo no llegué al Atlético de Madrid; llegué al Atlético Madrileño y lo tenía muy claro. No me decepcionaba si no me llamaban; sabía muy bien a dónde iba y estaba muy agradecido por la oportunidad que me habían dado. No podía pensar en más porque para mí la oportunidad que me había dado Fernando ya era un sueño.

¿Cómo quedó el vestuario tras la decepción de la fallida fase de ascenso a Segunda?

Muy mal. Muy mal por lo que te he dicho antes: por la unión que había. Yo no he llorado tanto en mi vida, te lo juro, como el día de la Ponferradina a la vuelta. En el minuto 94, habían añadido seis y yo estaba jugando y llorando a la vez. No sabía por qué, no lo entendía, y luego ya me paré a pensarlo en frío: era porque sabía que ese grupo de personas nunca se iba a volver a juntar.

Si ascendíamos, había una posibilidad de que todos nos quedásemos en Segunda División. La idea de pensar que iba a estar otro año con la misma gente en Segunda División era un sueño, y pensar que ese sueño se iba a acabar a mí me destruía. El vestuario quedó muy mal, en el sentido de muy dolidos. Al día siguiente tuvimos la despedida cuando fuimos a recoger las cosas y todo el mundo estaba llorando.

No fue un drama porque creo que aprendimos mucho de la derrota, pero todo el mundo estaba convencido de que íbamos a ascender. Le preguntas a cualquier jugador del año pasado y ninguno te dice que había dudas. Lo dábamos por hecho: éramos tan buenos y teníamos tanta confianza en nosotros que asumíamos que íbamos a ascender, y por eso el golpe fue mucho más duro.

Pasaste por muchos equipos, muchas categorías… ¿Hubo algún momento en el que pensaste que te ibas a dedicar a otra cosa porque no veías lo del fútbol? (Rafa se graduó en Administración y Dirección de Empresas mientras jugaba en España)

Entiendo la pregunta. Creo que lo bonito de mi historia es una frase que dije un día aquí y se quedó grabada: ‘Sin buscar nada, encontré todo’. Define un poco mi carrera porque nunca he tenido un padre que me haya querido llevar a pruebas de equipos ni un padre pesado con que su hijo fuera futbolista. Yo nunca he sido un niño de pedir que me llevaran a pruebas porque siempre he jugado y jugaré por diversión. El día en que no disfrute el fútbol, como si es en un año, no quiero seguir. Este es mi trabajo, pero no me lo tomo como tal: para mí es mi pasión y mi vida.

El día que lo considere solo trabajo significará que no me hace feliz, y no quiero dedicarme a algo que no me hace feliz. Esa es un poco la filosofía que he seguido desde que empecé a jugar en Las Rozas al salir del colegio con amigos de donde yo vivía, siendo un poco inconsciente de saber que podía llegar a algo más.

Se me fue dando: debuté en Segunda B siendo juvenil y para mí era algo normal, no era consciente. Debuté en Copa del Rey contra el Eibar, que estaba en Primera División en aquel momento, con Pedro León, Bryan Gil y futbolistas que ahora conozco, pero en el momento era un partido más. Salía a jugar con el descaro y la ignorancia de un niño; creo que a veces la ignorancia es un privilegio, y en ese momento yo tenía mucha ignorancia por el fútbol. Eso es lo que me ha movido un poco. Luego llega el Real Madrid y te das cuenta de que esto va en serio, de que es un contrato de verdad y puedes vivir de lo que te gusta. Ahí empiezas a asentar un poco la cabeza y dices: ‘Vale, igual sí es una realidad que puedo vivir de mi sueño’.

Obviamente, la ignorancia se te va, empiezas a trabajar de verdad, vas al gimnasio, comes mejor y te dedicas al cien por cien a tu profesión. Se van dando las cosas: vas avanzando de categoría, ves que tienes nivel para ser un buen jugador, te dicen que puedes ser un buen jugador, tú mismo te lo vas creyendo… Mi carrera ha sido así: no he debutado con 15 años ni con 17, no me he saltado ningún paso. Creo que ha sido como una hormiguita, poco a poco pero cumpliendo y asentando cada paso. Es lo que me gusta de mi carrera. Si tuviera que dar un consejo a los niños que ahora mismo están en algún filial o donde sea, es que lo de Lamine Yamal no es lo normal, lo de Mbappé no es lo normal. Lo normal es estar en Tercera RFEF o Segunda RFEF, ascender a Primera RFEF, estar en Segunda División o a lo mejor ni siquiera pisar Primera, porque muy pocos privilegiados tienen esa oportunidad.

Cada uno tiene su camino, eso lo tiene que tener claro todo el mundo. Yo tengo el mío y estoy muy agradecido de ello porque me ha enseñado muchísimas cosas. No envidio el camino de ningún otro porque sé que no es mío. Es la filosofía que quiero seguir en el futuro: jugar por disfrutar, no pensar en querer estar en dos años en Europa. Estoy aquí en México: ¿qué quiero hacer hoy? Quiero ser feliz. No pensar más allá, que a veces las expectativas te pueden comer, y sobre todo disfrutar del día a día, de la gente, de las personas. Para mí, la clave de la vida es ser feliz con lo que tengas.

Antes te preguntaba sobre la dificultad de mantener los pies sobre la tierra siendo jugador de un filial tan importante. ¿Se te acercó mucha gente en esos momentos en el Castilla?

No, fue muy fácil porque gracias a Dios me han educado muy bien. Estoy muy orgulloso de la educación que me han dado mis padres. Todo mi entorno familiar y de amigos tiene los pies sobre la tierra y saben que yo los tengo. El día que firmé el contrato con el Madrid me cambiaba la vida por completo porque era entrar en un mundo profesional y dedicarte al 100%, pero la normalidad es lo único que existía en ese momento. Yo seguía viviendo con mis padres y seguía haciendo lo mismo que el día anterior de firmarlo. No cambió nada en mi vida.

No soy una persona a la que le guste el lujo ni las cosas materiales; me gusta comer bien con mi familia y hacer planes con ellos. No cambió nada y no ha cambiado nada a día de hoy que estoy en Primera División. Podría hacer cosas que hacen futbolistas que no comparto, aunque lo respeto perfectamente porque son sus vidas, pero yo no me siento identificado con ello. Fue un cambio muy radical a nivel profesional, pero a nivel rutina no cambió nada: seguía siendo la misma persona, hacía los mismos planes y seguía yendo a comer las ofertas del Burger King, para que me entiendas. No había cambiado nada.

Has pasado por muchos equipos, muchas ciudades… y solo con 23 años. ¿Te sientes un veterano a pesar de la edad?

No me gustaría ser yo quien lo diga, pero el hecho de irte fuera y tener estas experiencias te hace madurar por obligación. Sí me considero una persona madura para mi edad.

¿Eres mandón en el campo?

No, porque depende. No me considero vinagre, como se dice en España. Odio perder, me enfada mucho perder, pero creo que una cosa buena que tengo es que entiendo muy bien al compañero y me gusta ponerme en su situación. Entiendo perfectamente al compañero que viene de una lesión, al que viene de una suplencia y está nervioso porque vuelve a jugar, o al que acaba de fallar una ocasión y le vuelven a dar el balón.

Me gusta ponerme en su situación porque me gustaría que cuando yo pasara por esos momentos actuaran así conmigo. Tengo la inteligencia emocional para hacer eso. No soy un líder que vaya a dar una charla increíble en el vestuario, pero me gusta ser líder a mi manera: con el ejemplo en el campo, sin malas palabras y con mensajes positivos. Creo que eso me lo ha enseñado también tragar mucha mierda, que es una realidad.

Tengo dos descensos con 23 años, que es una puta mierda, con perdón, pero es lo duro del fútbol: prácticamente vives más cosas malas que buenas, pero el día que vives una buena compensa todo. Me ha tocado vivir situaciones difíciles: estuve en Linares y descendimos, estuve en Cádiz que no fue muy bien tampoco, descendí con Las Rozas… Vestuarios complicados donde cuando van mal las cosas hay tensión y gente mayor; lo que hemos dicho antes de que el capitán te coge del pecho porque se está jugando el pan de sus hijos.

Son situaciones complicadas que al momento dices que no quieres, pero ahora lo piensas con más perspectiva y te das cuenta de que es lo que me ha hecho ser lo que soy a día de hoy y llegar a donde estoy. Por eso, creo que todo lo malo y lo bueno que te pasa en la vida es necesario.

¿Tenías alguna referencia cuando eras más pequeño?

Por ejemplo, admiro mucho y admiraba mucho a David Villa. Me parecía un jugador muy polivalente. Yo me considero un jugador muy polivalente: puedo jugar en cualquier posición de ataque. Cuando veía jugar a Villa me gustaba mucho porque todo el mundo decía que el mejor de España era Iniesta o Xavi, lo típico de fijarse en ellos. A mí me gustaba fijarme en la gente que a lo mejor no destaca tanto, pero luego realmente Villa nos dio el Mundial, es una realidad. Veía ese trabajo en la sombra suyo y la manera en que jugaba me gustaba mucho. Me siento identificado con la persona que es: humilde y tranquilo.

Por poco no lo has conocido… (Ahora Villa forma parte del organigrama directivo del Atlético de Madrid)

Claro, claro. Y luego, el hecho de haber coincidido con Fernando. Te fijas más, me miraba muchos vídeos suyos de cuando estaba en la Premier y siempre intentas guardarte cositas suyas. No tengo un jugador como referencia de querer ser como él, sino que vas cogiendo pequeñas cosas de cada uno y haciéndolas tuyas.