Sabastian Sawe cruzó la meta del Maratón de Londres el 26 de abril de 2026 en 1:59:30, pero su récord del mundo no fue oficial ese día. Tuvo que esperar casi tres meses a que World Athletics revisara la carrera, el recorrido y los controles. Un récord no existe hasta que se ratifica.
El proceso es largo porque el atletismo en ruta tiene más variables que la pista. No hay una calle medida al milímetro ni un estadio homologado de antemano, así que la federación internacional necesita comprobar que la marca se hizo en condiciones legales antes de ponerle su sello.
El día que cayó la barrera de las dos horas
La carrera de Londres fue histórica por más de un nombre. Sawe se escapó a falta de una milla y ganó en 1:59:30, 65 segundos por debajo del anterior récord, el 2:00:35 que el fallecido Kelvin Kiptum había firmado en Chicago en octubre de 2023. Fue el primer maratón oficial por debajo de dos horas.
No estuvo solo. El etíope Yomif Kejelcha terminó segundo en 1:59:41 en su debut en la distancia, y el ugandés Jacob Kiplimo fue tercero en 2:00:28. Por primera vez, los tres primeros de un maratón bajaron de la anterior plusmarca mundial.
World Athletics lo publicó como récord pendiente de ratificación, con un asterisco. La confirmación llegó en julio, en un paquete de siete récords del mundo absolutos y uno sub-20 logrados en los cinco primeros meses del año, entre ellos el de Tigst Assefa en la carrera solo femenina de Londres, con 2:15:41.
Por qué el 1:59:40 de Kipchoge no cuenta
Antes de Sawe ya se había corrido un maratón por debajo de dos horas. Eliud Kipchoge lo hizo en Viena en 2019, con 1:59:40, pero aquella carrera era una exhibición preparada para el intento, con liebres que entraban y salían por turnos y un coche que marcaba el ritmo con un láser en el suelo.
Ese montaje la dejaba fuera del reglamento. Las liebres de un récord deben tomar la salida con el resto de corredores, no incorporarse a mitad de carrera, y la competición tiene que estar abierta y ser una prueba oficial del calendario. Viena fue una hazaña deportiva, pero nunca pudo ser un récord.
El recorrido, lo primero que se revisa
El primer requisito es el trazado. Un maratón de récord debe medir 42,195 kilómetros según el método de la bicicleta calibrada, que es el estándar internacional, y la medición la firma un medidor acreditado por World Athletics. El certificado debe estar vigente.
El reglamento también limita la ayuda del terreno. El desnivel entre salida y meta no puede superar un metro por cada kilómetro, y la distancia en línea recta entre ambos puntos no puede ser mayor que la mitad del recorrido. Son dos normas pensadas para evitar las bajadas y el viento a favor.
Esas reglas explican por qué maratones famosos por sus marcas no sirven para récords. Boston, por ejemplo, tiene salida y meta demasiado separadas y un desnivel descendente, así que sus tiempos nunca pueden homologarse como plusmarca mundial, por rápidos que sean.
Además, el recorrido tiene que comprobarse en fechas cercanas a la carrera. Un circuito puede cambiar por obras o por un desvío de última hora, y la federación necesita saber que la distancia corrida fue la medida, no una ligeramente más corta.
El control antidopaje
El segundo filtro es el antidopaje. El atleta que firma un récord debe pasar un control tras la carrera, analizado en un laboratorio acreditado, y el resultado tiene que ser negativo. Sin control, no hay ratificación posible, por mucho que la marca esté en el cronómetro.
En las carreras de nivel más alto, como las de etiqueta Platinum que organiza el circuito de las grandes maratones, los controles se multiplican y alcanzan también a los días previos. Es un seguimiento que protege la credibilidad de las marcas en una disciplina donde el dopaje ha dejado muchas sombras.
El papeleo que cierra el proceso
La última parte es administrativa. El organizador y la federación nacional deben enviar a World Athletics la documentación de la carrera: la hoja de resultados, el cronometraje oficial, el certificado de medición y el informe del control antidopaje. Todo tiene que cuadrar.
La federación internacional revisa el expediente y, si todo está en orden, publica la ratificación. No suele hacerlo récord a récord, sino en bloques periódicos que agrupan varias marcas, y por eso pasan semanas o meses entre la carrera y el reconocimiento oficial.
Hasta que llega ese momento, las estadísticas publican la marca con un asterisco. Es el mismo asterisco que acompañó al 1:59:30 de Sawe desde abril hasta julio, cuando la barrera de las dos horas pasó a estar oficialmente rota.
Récords mixtos y solo femeninos
El atletismo en ruta distingue dos récords en el maratón femenino. Uno es el de las carreras mixtas, en las que las mujeres pueden correr junto a hombres que les marcan el ritmo. El otro es el de las carreras solo femeninas, sin liebres masculinas en el grupo.
La diferencia de tiempo entre ambos es notable, porque correr protegida por hombres ayuda a sostener el ritmo. El 2:15:41 de Assefa en Londres es la mejor marca en una carrera solo femenina, y por eso World Athletics lo ratificó en su propia categoría.
Lo que queda después
La ratificación convierte una marca en la referencia de todo lo que viene después. Cada maratón rápido de otoño se mide ya contra el 1:59:30, y las carreras con fama de récord, como Berlín, Chicago o Valencia, organizan sus liebres en función de esa cifra.
También cambia la conversación sobre el límite humano. Durante años se discutió si las dos horas se podían bajar en una carrera normal, y Londres respondió con tres hombres por debajo del anterior récord en la misma mañana. La pregunta ahora es cuánto más se puede rebajar.
El proceso de ratificación es la garantía de que esa pregunta se contesta con marcas limpias y bien medidas. Sin él, cada récord sería discutible. Con él, el 1:59:30 de Sawe queda como un punto de partida indiscutible para la próxima generación de maratonianos.